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Opinión | El arca
Martes, 21 de Abril de 2015
ALBERTO CASTILLO

De mítines y otras cosas

El 17 de febrero de 1894, en el Teatro Apolo de Madrid, se estrenó con un rotundo éxito de crítica y público ‘La Verbena de la Paloma’, una obra escrita por Ricardo de la Vega y con música del maestro Tomas Bretón. Nada más iniciarse la obra, y tras el preludio del primer cuadro, aparecen en escena los personajes de Don Hilarión y Don Sebastián quienes comentan, sentados en sendas sillas de enea a la puerta de la botica en la calurosa noche madrileña del 14 de agosto cuando se desarrolla la trama, los avances de las ciencias en general y de la medicina en particular… De ahí viene esa expresión tan conocida de ‘Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad’.

 

Don Hilarión– El aceite de ricino,
Ya no es malo de tomar


Don Sebastián– ¡Pues cómo!
Don Hilarión– Se administra en pildoritas,
y el efecto es siempre igual, igual, igual


Don Sebastián– Hoy las ciencias adelantan,
que es una barbaridad


Don Hilarión– ¡Es una brutalidad!


Don Sebastián– ¡Es una bestialidad!
¡Es una bestialidad!

 

Pues bien, si les parece, háganse a la idea que soy don Hilarión y que les comento la brutalidad del adelanto de las ‘ciencias’ para entrar en materia a continuación en el tema de los mítines y actos electorales ahora, precisamente, que estamos en campaña. O pre-campaña si ustedes prefieren llamarlo así. En este caso concreto, las ciencias, han avanzado una barbaridad.

 

Atrás han quedado los tiempos de los grandes actos electorales y mítines de campaña. Ya no tienen sentido desde luego. Recuerdo, tras haber vivido todas las citas con las urnas desde la muerte de Franco, como los partidos políticos pugnaban por alquilar los grandes espacios urbanos para celebrar sus mítines en ellos. Plazas [Img #34463]de toros, polideportivos hasta, incluso, campos de futbol. Hoy, llegado el caso, no llenan ni un “cine de barrio” si es que estos existieran desde luego.

 

Aquellas campañas que, para muchos, quedan en el recuerdo con la Plaza de Toros de Murcia a reventar incluso con gente fuera que no podía acceder y la visita electoral de Felipe González o José María Aznar. A ambos asistí y doy fe de los históricos llenazos. Siempre, los dos grandes partidos, escogían el centenario coso de la Condomina para sus mítines centrales de campaña. Izquierda Unida, por otro lado, escogía el Auditorio Parque Fofó donde, sus fieles seguidores, llenaban también aquel espacio más pequeño pero en consonancia con sus miles de seguidores.

 

En plena Transición, lo recuerdo hoy con cierta nostalgia, vinieron a esta ciudad  todos los partidos políticos a celebrar sus mítines y todos, sin excepción, llenaban con gentes de todo tipo e ideología que teníamos ‘sed’ por conocer propuestas y líderes. No me perdí ni uno solo en aquella época de estudiante. Fui incluso al que diera Blas Piñar en el viejo Teatro Circo donde, por cierto, por mis pelos largos y barba a juego las pasé mal junto a los amigos que me acompañaban en el momento del canto del Cara al Sol ya que al no levantar el brazo, y dado nuestro aspecto, fuimos incluso acusados y amenazados como ‘rojos infiltrados’. Fue una odisea, no exenta de emociones, escapar de aquel recinto teatral sanos y salvos. Quiero decir con todo esto que, en mi juventud, la gente tenía, teníamos, ganas de participar, de asistir, de escuchar y analizar lo que se nos proponía en los referidos mítines. Después teníamos la costumbre de tomar un café o una cerveza, según la hora, y debatir las propuestas y programas que habíamos escuchado de los oradores candidatos.

 

Hoy, los partidos políticos ya no llenan los grandes espacios. Ni siquiera los medianos. Ni en sus mejores sueños. Los últimos grandes mítines de pasados comicios tanto socialistas como populares citaron a los suyos en el Príncipe de Asturias donde Zapatero por un lado y Rajoy por el otro pidieron el voto incondicional de sus seguidores. Apenas cuatro mil personas, asistentes, siendo generoso. La semana pasada, los populares, se recluyeron en el Cagigal, donde la capacidad incluso es muy inferior. Poco a poco, los propios partidos, van dejando atrás estos actos masivos pues, hoy, priman otras vías para llevar el mensaje.

 

Las redes sociales se han convertido en el vehículo más directo para la participación. Por medio de ellas los militantes ‘retuitean’ o ‘comparten’ las acciones de sus candidatos. Se publican, incluso, fotos del evento, asistentes, candidatos o detalles que, habitualmente, se escaparían del ojo humano. Cualquiera se convierte en un informador en potencia de lo que allí ocurre. También sirven para expresar opiniones acerca de una u otra propuesta y, por supuesto, son el vehículo apropiado para los ‘hooligans’ de unos y otros para salir al paso y anular e incluso insultar a los que no piensan como ellos. Vamos, los reventadores de mítines en esta época moderna. Recientemente, también, lo hemos vivido en Murcia gracias al gran debate electoral, histórico debate, organizado por Ucomur. Gracias Juan Antonio Pedreño, presidente de la  Unión de Cooperativas de Trabajo Asociado, por conseguirlo y llevarlo a la práctica y que llegó a todos gracias también al diario la Verdad que lo retransmitió en directo en su página web. Por cierto enhorabuena al compañero y amigo Chimo García Cruz, subdirector del diario decano, por su buen hacer frente a los seis candidatos a presidir la Comunidad Autónoma.

 

En ese debate, donde por cierto el candidato popular Pedro Antonio Sánchez se enfrentó a cinco contrincantes a la vez y estuvo solo ante el peligro, quedó demostrado que las redes sociales jugaron un papel importantísimo. Me cuentan que fue difícil por el equipo asesor que Pedro Antonio Sánchez hiciera realidad su presencia, pues los asesores de campaña pensaban en un verdadero suicidio que Sánchez, se enfrentara a cinco, pero el candidato popular no puso objeción alguna. Pidió que confiaran en él y aceptó de buen grado sentarse frente a ellos sabedor, por supuesto, de que el resto de aspirantes a la presidencia irían todos contra él en esa confrontación de ideas. Por eso, análisis de mensajes y promesas aparte, para mí fue el gran triunfador de la tarde pues salió indemne del difícil combate y en ningún momento le afectó la soledad en aquel estrado del Hotel Nelva convertido en foro electoral por unas horas.

 

Más volvamos, si me permiten, al tema que nos ocupa. Todo cuanto allí se decía, en tiempo real, era reflejado en estas modernas autopistas de la comunicación e inmediatamente llegaban las reacciones. Unos aplaudían, otros mostraban su escepticismo ante la propuesta y otros, que de todo hay en la viña del Señor, insultaban a los que tuiteaban algo que no gustaba de lo que estaban escuchando. El debate se convirtió, en cuestión de minutos, en “Trending Topic” nacional. Dicho en lenguaje cervantino, lo más seguido del momento y la tendencia más de actualidad en la red. Vamos que miles y miles de personas estaban, estábamos, utilizando las redes sociales especialmente Twitter para comentar todo lo que allí ocurría. Y me permito recordarles que coincidió con la detención del señor Rato y lo que ello suponía para la política nacional. Sin embargo, el debate murciano, la moderna cita electoral con las nuevas tecnologías arrasó en las redes sociales y dejó en un segundo plano la otra noticia quizá la más importante de los últimos meses  en España.

 

Seguro que los mensajes allí lanzados llegaron a más personas que si se hubiera celebrado un mitin de cualquier líder en la vieja Plaza de toros de la Ronda de Garay.

 

“Las ciencias adelantan que es una barbaridad” me permito decir yo como don Hilarión viendo como aquellos mítines en los grandes espacios urbanos se han quedado viejos y obsoletos y hoy, la confrontación política, se ha trasladado a un pequeño artilugio que todos llevamos en el bolsillo al que unos llaman ‘teléfono móvil’ y otros, los más modernos y tecnológicos, llaman ‘Smartphone’.

 

Bienvenidos sean los tiempos modernos.

 

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