El Corpus y la política
Se hunden las raíces de mi árbol genealógico en las fértiles huertas de Archena desde tiempos inmemoriales. Hijo, nieto, biznieto y tataranieto de gentes de aquellas hermosas tierras murcianas no he podido encontrar, por mucho que lo he intentado, el inicio de nuestro apellido y su vinculación primitiva con este paraíso murciano. Mi imaginación de niño creció y se desarrolló, a lomos de la fantasía, entre las leyendas del Ope y ese ‘palomar’ conocido como Castillo de don Mario donde príncipes, princesas y dragones pugnaban, dentro de mí, en feroces combates en las noches navideñas junto al fuego de la chimenea. Interminables y largas jornadas de verano bañándome con los primos en el brazal, donde los chaches nos ponían tablas a modo de tablacho para que la corriente de aquellas aguas frescas y cristalinas, no nos causaran ningún daño a los niños que nos sumergíamos en ellas y que bajaban directamente, del cauce del cercano Segura que fertilizaba la huerta de mis tíos. Archena
son mis raíces. Mi infancia, mi adolescencia, mi juventud y mi madurez. Archena, hoy, es el refugio para aliviar mis agobios y para buscar, en el silencio y soledad de sus huertas, la paz tan necesaria.
Mi vida estaba siempre a caballo entre la ciudad, esta Murcia donde nací, y Archena donde junto a mis padres iba casi todas las semanas y de una forma, más obligada, llegados los días grandes de la Navidad y el Corpus. Hoy, las viejas y ancestrales costumbres y tradiciones, van cayendo en el olvido y en el obligado cambio generacional. Pero yo, fiel a mis raíces, sigo diciendo muy orgulloso que soy ‘Pereto’ pues así, con ese apodo, se conoció siempre a mi familia en Archena. Los apodos van desapareciendo pero ‘los peretos’ han sido parte muy importante en la historia de la vieja población. Artesanos, funcionarios, albañiles, herreros, huertanos, constructores, maestros de escuela de todo ha habido en una familia tan larga como la nuestra y siempre, siempre, trabajando por Archena. Fue precisamente mi abuela paterna la que al casar con un murciano del barrio del Carmen abandonó su pueblo y se trasladó a la capital. El resto de una larguísima saga familiar ha vivido y sigue viviendo en esas hermosas tierras huertanas. Allí, hoy, permanecen numerosos miembros de mi larga familia.
He hecho esta larga introducción, querido y desconocido lector, para dejar claro mi amor a ese pueblo, que es mi pueblo, y para que vean que esta partitura no la ‘toco de oído’ Sino todo lo contrario. Que aun nacido en Murcia me siento y considero de allí, que por mis venas corre imparable la sangre archenera y que mis genes, siempre se ha dicho en mi familia, son más de aquel pueblo que de la capital donde vi la luz primera.
Tiene, Archena el alto honor de disfrutar de unas fiestas en honor del Santísimo Corpus Christi y la Virgen de la Salud, su patrona, desde los albores del siglo XVI cuando la devoción a la Eucaristía y su culto público se extendió por todo el Mediterráneo desde Barcelona, donde comenzaron, para ser parte fundamental del calendario festivo católico en la segunda mitad del mil quinientos, si bien su máximo esplendor fue a partir del XVIII. Esta población murciana es, junto a Granada, Toledo y Sevilla, la única de Murcia que lo sigue celebrando como es tradición en jueves. Recuerde el lector aquel viejo refrán castellano que hoy ya no tiene razón de ser por la desaparición de estas festividades y que decía aquello de “Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”. Archena es de las cuatro o cinco ciudades en España donde, ese jueves, el Corpus sigue reluciendo más que el sol. Y con un importantísimo añadido: las únicas fiestas en España que tienen bula pontificia para celebrar la procesión eucarística al caer el sol. Sería largo de explicar aquí y ahora, no hay razón para ello, pero las de Archena son las únicas que tienen permiso del Papa para dar culto público a la Eucaristía después de la puesta del sol. Lo que las hace, desde luego, mucho más especiales y significativas todavía y únicas, además, en todo el orbe católico.
Pero este año peligran. Sí. Por muy duro que parezca. Esta futura edición de las fiestas patronales, en las cercanas calendas de junio, están en la cuerda floja por arte y gracia -que no tiene ninguna, desde luego- de unos vecinos de Archena que cansados de ruidos en el recinto del Cine de Verano, donde se desarrollan las verbenas, decidieron denunciar al Ayuntamiento directamente en Fiscalía. No, no es que sean todas las noches, ni mucho menos. Son únicamente el sábado anterior y posterior al jueves de Corpus. Solo esos dos días. Además, me consta, terminan antes de las tres de la madrugada, en torno a las dos y poco, pero a ellos les molestan y lejos de buscar dialogo, consenso, hablar con la alcaldesa o dirigirse al Consistorio por los cauces más normales para todo ciudadano, estos señores, se vienen a Murcia y plantan una denuncia ante el Fiscal Jefe.
De momento, Fiscalía, no ha dicho nada al respecto pero en cualquier momento puede saltar la sorpresa aunque, quiero pensar, que en este alto escalón de la Justicia habrá a día de hoy muchos temas más perentorios y prioritarios que hacerse eco de la denuncia de una pareja a la que le molestan los decibelios de los conciertos en las noches primaverales de las fiestas patronales. Claro que mi sorpresa ha sido mucho mayor todavía cuando compruebo, con cierto estupor, que la denuncia viene formulada por una pareja con claras vinculaciones políticas. La señora es la número dos de la lista municipal de uno de esos grupúsculos asamblearios, nacidos al amparo de Podemos, y que se presentan bajo la bandera de la regeneración política, el ataque sistemático al sistema y sobre todo al gobierno municipal que rige hoy los destinos de la vieja Archena. Les importan un pimiento las fiestas patronales, ya lo dijeron incluso en Sevilla que se “cargarían la Semana Santa”. Las raíces, las tradiciones o la cultura popular enraizada secularmente en el alma de los pueblos. Ellos quieren “tocar poder” como sea y al precio que sea.
Como su oposición en Archena es nula, han optado por andar por el tortuoso camino de la Justicia acudiendo a Fiscalía a pedir ‘amparo’ porque les molestan los decibelios de los grupos que actúan en las fiestas patronales dos sábados, dos únicamente, de todos los del año. En lugar del diálogo, el entendimiento, la denuncia, si quieren, a nivel municipal acuden al Palacio de Justicia de la Ronda de Garay buscando amparo en el Fiscal para que, llegado el caso, ‘recomiende’ al juez de turno que paralice las fiestas mientras no se aclaran estos extremos denunciados.
¿Se podrá ver Archena privada de sus fiestas patronales? ¿No habrá este año ciclo festivo cuando desde el XVIII se vienen celebrando con enorme esplendor? ¿Tendrá el Ayuntamiento que dejar de programarlas por una orden judicial nacida del interés político de dos personas? ¿Podrán dos personas paralizar un pueblo? Como verá, querido y desconocido lector, hay muchas interrogantes a un mes escaso del inicio de las Fiestas. Faltan pocos días para que nuestra Señora de la Salud, esa hermosa talla de la Virgen realizada por Salvador Paramo por encargo de los Vizcondes de Rías en el siglo XIX, llegue a Archena desde su ermita en el Balneario. Una romería preciosa que nadie debería perderse y que, con la llegada de la Sagrada imagen, den comienzo de forma oficial las Fiestas del Santísimo Corpus Christi.
Esperemos que impere la cordura, la sensatez y que la Justicia actúe en consecuencia llegado el caso. Todo menos privar a mi pueblo, a mi Archena del alma, de unas fiestas que son únicas en toda la cristiandad ya que, como dije antes, tienen en su haber una bula pontificia que las hace distintas y diferentes en todo el orbe católico.
Hagan política donde proceda y convenga. Busquen votos con otros discursos. Peleen por conseguir en las urnas lo que no tienen. Hagan campaña o mítines desde lo alto del Ope o en las riberas del Segura. Prometan lo que no van a dar y utilicen, si les place, el discurso demagogo de su grupo asambleario. Pero dejen en paz la cultura, las tradiciones, las raíces, los sentimientos y el amor de un pueblo que se manifiesta desde hace siglos en derredor de la Eucaristía.





















