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Opinión | Demos, Kratós et Participatio
Miércoles, 06 de Mayo de 2015
Miguel Á. Rodríguez

Democracia participativa de calidad

Basándonos en la progresión creciente de su implantación en los cinco continentes, podemos sin ningún tipo de tibieza catalogar a la democracia participativa como una expresión amplia que se suele referir a formas de democracia en las que los ciudadanos tienen una mayor participación en la toma de decisiones políticas que la que les otorga tradicionalmente la democracia representativa, que es justamente la forma de gobierno más extendida en el mundo. Podríamos pues situar a la democracia participativa como una forma intermedia entre democracia representativa y democracia directa, que se rige por sus propias reglas y encuentra en la interacción permanente entre ciudadanos y demandas de actuaciones su eje de gravedad, siendo su principal característica diferenciadora respecto de la democracia tradicional la constante “devolución” a los agentes implicados –la ciudadanía-, de los resultados de cada uno de los procesos participativos.


Si pretendemos mayor precisión la debemos entender como un modelo político que facilita a los ciudadanos su capacidad de asociarse y organizarse de tal modo que puedan ejercer una influencia directa en las decisiones públicas. La fortaleza de la democracia participativa va a depender de factores como la independencia de los poderes políticos –garantizada por la normativa reguladora del proceso participativo-, la implicación ciudadana directa y presencial, las sinergias de los movimientos asociativos y participativos “transversales” como las asociaciones de vecinos y “sectoriales” como asociaciones de discapacitados, deportistas, mujeres, atención social, jóvenes, culturales y otras, así como consejos de participación como los de salud, bienestar social, educación, mayores, etc., además de los procesos que las TIC,s facilitan a través de internet y las redes sociales. Pero, siendo esto fundamental, no bastará para garantizar la existencia y mantenimiento en el tiempo de movimientos participativos: será preciso igualmente que la información que se genere y desprenda de las distintas etapas de los procesos participativos, de los resultados de las deliberaciones, de la toma de decisiones que necesariamente ha de pasar por la priorización de unos temas sobre otros y finalmente de que la ejecución de lo acordado le llegue a la ciudadanía y pueda ser percibida como relación de causalidad, como resultado del proceso de participación y sobre todo como una mejora cualitativa en sus expectativas personales y sociales.


Tomando, pues, lo señalado anteriormente como la base fundamental de lo que podríamos definir como procesos de democracia participativa de calidad, no debemos minimizar en absoluto la importancia que la extraordinaria proliferación de procesos participativos en todo el mundo tiene, aunque pudiera darse una desigual gradación respecto del comparativo con lo explicitado más arriba. Sin embargo preciso es, constatar que el diferencial histórico respecto del desarrollo y la cultura democrática entre distintas zonas del mundo y hemisferios, e incluso dentro de los mismos continentes, nos debe llevar a valorar muy positivamente el esfuerzo que en la implantación de procesos de democracia participativa se están llevando a cabo en diversos países africanos, en Asia y en el centro y sur de América. El empoderamiento surgido de los procesos participativos de sus sociedades les está impulsando hacia la consecución de desarrollos socioeconómicos que actúan como retroalimentación positiva en su evolución y expansión.

 

En Europa, la vieja democracia surgida de Atenas, afectada de diversos avatares que han ido conformando su ADN político, entre los que no es ajena la pereza en el sentido de la escasa exigencia de calidad democrática que ha prevalecido en algunos países a lo largo del S. XX, la desafección ciudadana detectada por los organismos europeos ya en el año 2001 ha ido conformando una toma de conciencia al respecto que ha dado lugar a una respuesta desigual no sólo entre los distintos países sino también diferente en las distintas provincias, condados, landers, autonomías o municipios de cada uno de ellos.


Una de las expresiones comunes han sido la incorporación en muchos lugares de los presupuestos participativos, los cuales suponen la iniciación e inmersión de los ciudadanos en la toma de decisiones en torno al gasto e ingreso públicos, lo cual es una forma singular de hacer presente la participación ciudadana que no deja de ser una forma, una concreción y visualización de ésta, ya que la democracia participativa va más lejos que lo que son los presupuestos participativos y exige una vocación de perseverancia y de fijación de nuevos objetivos implicativos, en consonancia con las demandas ciudadanas actuales de transparencia y gobierno abierto.

 

@MAngelrtorres

 

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