Ciudadano optimista
No hay mal que por bien no venga. Y vienen elecciones. Ante este hecho puede resultar conveniente plantear la reflexión acerca de la actitud con la que los ciudadanos de a pie afrontamos la cita electoral.
El avance de la ciencia ha servido para mucho, sin duda alguna. En ocasiones, nos ha servido para hacer grandes descubrimientos que han servido, entre otras cosas, para erradicar enfermedades, mejorar y hacer más fácil nuestras vidas y para tomar conciencia de determinados comportamientos o hábitos adecuados para alargar
nuestra estancia en este mundo con ciertos niveles de bienestar. Por el contrario, en otras ocasiones los gigantescos avances científicos han permitido que el hombre, en ocasiones, avalado por su capacidad de razonamiento, se crea capaz hasta de suplantar a Dios. Son los vicios de nuestra pequeñez.
Tal avance científico ha dado, incluso, para investigar acerca de lo que diferencia a la gente que tiene éxito en la vida de los que están abocados al fracaso. Se llega a hablar incluso de un coeficiente de optimismo. Y dándole credibilidad a la existencia de un coeficiente de optimismo que permita medir las posibilidades de éxito individual en los proyectos vitales que cada uno emprende entonces cabría preguntarnos: ¿sería correcto distinguir un coeficiente de optimismo ciudadano, diferenciado del individual? Porqué no es lo mismo lo que yo haga y dependa de mi, que lo que yo me encuentre cuando voy por la calle o cuando, por ejemplo, nos cae un vecino en el piso de arriba de esos de los que no nos gustan a nadie.
Si medimos el coeficiente de optimismo respecto a la próxima cita electoral, es de esperar que esté bajo mínimos, que es el modo en que los expertos dicen que hay mucho pesimismo. Independientemente de la existencia e irrupción de nuevos partidos políticos, que todos sabemos que son como la espuma y que más pronto que tarde se quedarán sin fuelle porque no tienen ideas claras, la sensación ciudadana es que después de las elecciones nada va a cambiar. Parece que los políticos seguirán a lo suyo, nuestros problemas seguirán enquistados y el horizonte de esperanza que debemos situar como objetivo en nuestras vidas seguirá siendo torpedeado por la irrupción de la administración pública en nuestras vidas.
Pero ¿Qué pasaría si hiciéramos el ejercicio contrario? ¿Y si suponemos, de manera optimista, que todas nuestras preocupaciones ciudadanas van a ser resueltas? Si somos optimistas deberíamos pensar que a partir de las elecciones el gobierno va a tomar las decisiones adecuadas para que salgamos definitivamente de la crisis. ¿Qué tiene que pasar para que esto suceda? Siendo optimistas, deberíamos pensar que para salir de la crisis tendrán que procurar que las empresas generen empleo, por lo que no es ninguna locura poder afirmar que para que creen empleo debe el gobierno bajar los impuestos, a las empresas, y también a los ciudadanos, porque salir de la crisis significa tener posibilidades (económicas) de vivir, convivir y sobrevivir de manera adecuada, aunque haya que pagar impuestos.
Y claro está, siendo optimistas sería fácil pensar que el dinero de nuestros impuestos no se va a desperdiciar, que va a servir para mejorar nuestro sistema educativo, y para mejorar la sanidad, y para ayudar a los más desfavorecidos en vez de que sea utilizado por los corruptos de turno que aparecen allá donde hay posibilidades de hincar el diente. La corrupción asquea. Siendo optimista, a partir de las elecciones, la corrupción ya no va a ser lo que defina a la clase política. La clase política estará formada por excelentes profesionales, cada uno experto en una rama de actividad privada (o pública) pero que no necesita la política para vivir. Una clase política renovada, con nuevas caras y nuevas formas de gobernar, orientada al ciudadano y poniendo en primer término de la actividad de gobierno a las personas y no a otra cosa.
Ahora bien, siendo optimista, con un voto optimista, ¿existe algún candidato en la Región de Murcia que permita aproximar nuestro pensamiento a lo deseado por el ciudadano (votante) optimista? Claro está que solamente uno de los candidatos está siendo capaz durante esta campaña electoral de comprometerse de forma clara, transparente, concisa y concreta con Murcia y con los murcianos. Solamente con Pedro Antonio podemos ser optimistas. Porque no podemos permitir que se pierda ni una idea buena.





















