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Opinión | Ética empresarial y personal
Miércoles, 27 de Mayo de 2015
José Pomares

¿Quiere ganar una apuesta?

Pregunte a cualquiera que no engrose las listas del paro cuál es su trabajo. Y apueste con él, antes de su respuesta, a que antes de 5 minutos cambiará de opinión.


Lo más normal es que le responda, de carrerilla, sus tareas y funciones dentro de la empresa a la que pertenece. Muy bien.


Vayamos para una mejor explicación al mundo del fútbol, conocido por casi todos. Y pregunte ¿Cuál es el trabajo de un equipo de futbol? No dude que le responderán  “ganar el partido”. Correcto. Y ahora inquiera a su interlocutor ¿y el trabajo de un portero de fútbol? Con certeza le dirá “parar los balones que le tiren”.


Aquí comenzará a ganar su apuesta. Ponga a su interlocutor en el siguiente escenario… final de la copa, último minuto, su equipo va perdiendo 1-0 y hay un córner a su favor. Usted es el entrenador… ¿qué le ordena a su portero? Claro, que suba a rematar el saque de esquina. Se imagina que el portero le responda “lo siento, señor entrenador, ese no es mi trabajo. Mi labor es para balones”. Vaya por Dios, ya la hemos liado.


El único trabajo que existe es ayudar a que mi empresa salga adelante, contribuir al éxito de la organización en la que trabajamos y colaborar a que cumpla su objetivo. Las tareas serán el medio para conseguir el fin último. Lo que ocurre es que eso requiere  compromiso, no cumplimiento.


¿Debemos entonces abroncar al portero? No, antes está la labor de educar al entrenador. Volvamos al mundo empresarial.


Un trabajo, cualquiera que sea, está compuesto de un 10% de cumplimiento y 90% de compromiso. Pocas empresas fracasan porque sus trabajadores no cumplan. Pero en  ningún contrato laboral hay una clausula donde figure el entusiasmo, la alegría y la pasión que se va a poner en el mismo.


La entrega no se exige, se regala. Y eso es misión del entrenador y el equipo directivo. En caso contrario, tendrá un equipo basado en la  OBEDIENCIA (en el Pensar) viviendo  la vida como una OBLIGACIÓN (en el Sentir) y quedándose  en el CUMPLI-MIENTO (en el Actuar).


Y harán  sólo lo correcto y lo que se debe hacer, cumpliendo en función de no tener problemas. No hay protagonismo, hay PASIVIDAD. Son personas reemplazables. El cumplimiento siempre es al otro, no a uno mismo.


Cada vez hay más directivos que apuestan por otra forma de llegar a los resultados que es anteponiendo el valor y la educación de las personas y su libertad. Una cosa es educar la libertad, enseñando normas, y otra cosa es enseñar la libertad contagiando valores.


Si la libertad no está en función de la unidad, caemos en el INDIVIDUALISMO (el veneno de la conciencia colectiva). Si la libertad no está en función de la generosidad, caemos en el EGOISMO (el veneno de la conciencia personal).


Los valores que buscamos en nuestro equipo para desarrollar un alto desempeño solo lo podremos obtener si lo dejamos florecer del interior de cada persona. El amor y el entusiasmo con que las personas hacen su trabajo no se puede comprar.


El pensamiento más elevado es siempre aquel que encierra Entusiasmo. Las palabras más claras son aquellas que encierran Verdad. El sentimiento más grandioso es el llamado Amor.


Entusiasmo, Verdad, Amor. Los tres son intercambiables, y cada uno lleva siempre a los otros. No importa en qué orden se encuentren


No hay éxito sin excelencia. Cuando sólo hay éxito, hay excesos. Y no hay excelencia sin CONSISTENCIA PERSONAL. Esa es la que de verdad hay que trabajar en las personas que están a nuestro cargo (me da igual el entorno familiar que empresarial) Los miedos son a la vida lo que el viento es al fuego. Si el fuego es consistente lo aviva y hace crecer. Si es débil, el viento lo apaga. El problema no está en el viento sino en la consistencia del fuego.


El hombre invierte dinero por hacer robots con sentimientos y emociones. El ser humano cada vez tiene menos sentimientos y emociones. ¿Absurdo verdad? ¿Pero cuándo trabajamos las emociones?


La labor de un maestro no es enseñar, es ayudar a que el alumno aprenda. La vida no cuenta los pasos que has dado, sino las huellas que has dejado en tu camino.


Nada de esto es aplicable si dice a sus trabajadores “no te pago para pensar”. El perfume de una vida plena es la humildad. Hay gente que encandila pero no mira a nadie porque solo quiere brillar ella. Otra gente tiene luz interior y la contagia con su actitud y atrae a los demás. El magnetismo de una persona se basa en su humildad. De nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.

 

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