El liderazgo en el mapa político actual
Claves para entender la situación política actual de España desde una perspectiva psicológica
Para comprender el escenario político español actual, y porque ciertos líderes han perdido tantos consensos, mientras otros han sido capaces de crecer exponencialmente desde la nada, quizás haya que ir más allá de la mera especulación ética y económica, y ver las cosas desde otro prisma, desde una perspectiva más bien psicológica y sociológica.
Un dato fundamental es que desde las últimas elecciones autonómicas y municipales a las actuales, se ha incorporado al voto la generación nacida entre el 1993 y el 1997.
A las puertas de cumplir los cuarenta, reconozco pertenecer, como uno de últimos exponentes, a la generación analógica. Nací en el 1976. Crecí con la televisión encendida en casa y con 9 canales (viví en Italia hasta el año 2000). Tuve mi primer móvil con 24 años, en el año 2000. Mi primera cuenta de e-mail en internet la tuve en el 1998 y la hice porque me iba de Erasmus. No tuve internet en casa hasta el 1999, cuando volví del Eramus y me preparaba para venir a vivir a España (que casualidad!).
Soy de los últimos que nacieron en una casa donde los padres no tenían móvil y donde no había internet,
educado en una escuela donde el profesor era la máxima autoridad y todo lo que decía era verdad absoluta, aunque no supiera conectar emocionalmente con los alumnos. No teníamos en aquel entonces google para contrastar ni youtube para aprender más rápidamente, viendo y escuchando antes que leyendo. Estudiábamos ante la escasez de información, y a la hora de hacer un trabajo, la enciclopedia o la biblioteca del barrio era nuestra máxima referencia, la más respetable. Además, para terminar pronto, con lo que costaba recabar información, dábamos por bueno lo primero que encontrábamos.
Pero la generación nacida a caballo de la mitad de los años noventa, la que se incorporó al voto en estas elecciones, fue la primera en nacer en un hogar donde los padres ya tenían teléfono móvil y donde iniciaba a haber internet. Se ha formado sin enciclopedias, con google como puerta de acceso a un conocimiento infinito. Es una generación crecida y educada (al contrario de la mía) con exceso de información, contrastante, y antitética en muchas ocasiones. Ha hecho de la convivencia con esa incertidumbre algo natural. Por esta razón tuvo que desarrollar como primer recurso, más que la confianza en una sola fuente, la desconfianza de partida como criterio de criba de información. Esta generación no cree en lo primero que ve o escucha: necesita demostraciones y pruebas. De primera desconfía y es muy selectiva con lo que se le comunica. Ha tenido que desarrollar este recurso para no verse avasallada de la sobrecarga cognitiva por exceso de información. Aprendió a comunicarse por SMS, sin muchos rodeos, yendo al grano: si se le habla de forma compleja, rechaza directamente. La unidad de información máxima a la que dedica tiempo de atención tiene la longitud de un tweet, 140 caracteres incluido los espacios en blanco.
Otro dato muy importante es que en 1995, justo a caballo de esos años, inició la revolución de las emociones. Daniel Goleman publicó ese mismo año el libro ‘La inteligencia emocional’, provocando una revolución profunda en los sistemas educativos y en la manera de entender las relaciones humanas, la pedagogía y la psicología del trabajo. Las emociones, hasta entonces casi reprimidas en los entornos educativos y laborales, o muy poco consideradas, iniciaron a ser la piedra angular de los nuevos métodos de enseñanza y educación. Los profesores ya no eran las máximas autoridades en un colegio: la distancia (física y emocional) de las figuras de referencia se redujo, se le perdió el respeto que inspiraban anteriormente; los bancos y los servicios públicos abandonaron las peceras, iniciaron a haber profesiones en las que se podría ejercer sin corbata, sin ser mal vistos.
Por otro lado, la revolución tecnológica de las TIC’s trajo información de sobra para probar o desmentir casi cualquier teoría, incluso a los discursos de los maestros en un colegio o su metodología pedagógica. Dentro de esa generación se dispararon los diagnósticos de trastornos de déficit de atención, sobre todo en los casos en los que se seguía tratando de aplicar modelos de liderazgo educativo tradicionales: ya no bastaba con transmitir información a los alumnos y exigir atención en clase, inició a ser necesario entretener, involucrar, implicar, comprometer a los alumnos. Y esto solo se pudo hacer apelando a sus emociones, y buscando una conexión comunicativa que fuera más allá del mero contenido. El mensaje en las empresas y centros educativos se fue progresivamente transformando: si no emocionas no generas confianza en esta generación, y si no lo consigues, no te harán caso, no te mostrarán interés.
En pleno auge de las TIC’s, a mayor digitalización de los medios, y mayor comunicación masiva, la comunicación emocional se convirtió en el vehículo fundamental para llegar a las personas y generar confianza.
Los resultados de una investigación realizada por la Universidad de Harvard dicen que las habilidades y conocimientos de una persona contribuyen solo en un 15% en su progreso social y laboral, mientras que el 85% de las causas se encuentran en su forma de comunicar su actitud y motivación.
Según una investigación realizada por Harold Smith (profesor de la Universidad de Brigham Young) que se trasladó a los principales directivos de empresas de la Academia de Directivos de Empresas de EE UU en las que se pedía que realizasen un censo de las principales habilidades que tenía que poseer, según ellos, un gerente o manager de empresa, las primeras 10 estaban todas relacionadas con la comunicación.
En un mundo con exceso de información, cribar y seleccionar para comunicar adecuadamente se vuelve imprescindible. Y para ello el cerebro humano necesita reducir al máximo su carga cognitiva. No es posible fijarse en analizar los mensajes en sus contenidos, es preciso cribar con antelación para manejar adecuadamente la carga de información. Según el Profesor Albert Moravian, de la Universidad de California, el contenido de un mensaje solo cuenta un 7% en la credibilidad que nos otorgará el interlocutor; el aspecto auditivo será tenido en cuenta en un 38%; el aspecto visual es el que capta más atención y a lo que el interlocutor otorga más credibilidad (55%).
La generación nacida entre el 1993 y 1997 está muy bien entrenada en apreciar todo esto. Si además le añadimos que no entiende el concepto de autoridad en el sentido tradicional sino que lo percibe en la medida en que esté acompañado de la calidez emocional, no les despertará interés alguno el discurso de un político desaliñado que se quita la corbata para parecer más cercano porque así le dijeron sus asesores de imagen (que suelen provenir del marketing y no son psicólogos) pero que a la vez usa una forma de comunicación no verbal en tono de voz elevado, enfadado, acompasado de movimientos del brazo en vertical, ascendentes y descendentes, como si estuviera dando con un martillo a la mesa y enseñando los dientes en una mueca que lejos dista de una sonrisa compasiva. No hay congruencia entre su imagen, que pretende ser cercana, y su tono y gesticulación, que más bien espantan y alejan. Un estilo de comunicación que si bien en el contenido del mensaje puede variar mucho, en su esencia no verbal no difiere del estilo que marcaron personajes como Hitler, Mussolini o Castro. Se percibe como agresivo y el contenido solo tendrá importancia en un 7%. Quedará la agresividad y la fatídica desconfianza que genera la falta de congruencia entre los niveles visuales de su imagen cercana, y sus gestos que echan para atrás.
¿Quién confiaría para gobernar en una persona que cuando comunica lo hace sin congruencia?
A todo esto podemos integrar la componente de actitud que hace que la generación nacida a partir de la mitad de los años noventa entienda el liderazgo desde un Nuevo Código muy distinto del tradicional: la generación nacida y educada en entornos donde el maestro y el padre (o la madre) son las máximas autoridades, en una cadena de mando vertical de arriba a abajo, todavía puede admitir a líderes políticos que marquen la distancia del pueblo en su forma distanciada de hablar y en su forma privilegiada de administrar el poder.
Pero la generación nacida a partir de los años noventa no entiende eso. La proximidad emocional es la clave para obtener el liderazgo entre este colectivo y generar confianza. El modelo de pirámide jerárquica se invierte, y el líder no es aquel que sepa esgrimir mejor los indicadores sociales de prestigio y poder a través de privilegios, sino aquel que sea capaz de escucharles, entenderles, interesarse por ellos, hacerles partícipes y protagonistas de ese poder. El líder político para este colectivo no es aquel que piense en “gobernar” a un pueblo, sino aquel esté al servicio de ese pueblo, que sepa crear las condiciones para que ese pueblo participe y decida, tenga voz y se sienta escuchado.
Además, estas nuevas generaciones están más bien acostumbradas a ver antes de creer. Necesitan demostración y pruebas primero, para luego confiar. Y las necesitan rápidamente porque conviven con exceso de oferta y de información, y porque suelen esperar como mucho la duración de click para obtener lo que buscan. Llegar tarde con ellos, puede convertirse en no llegar nunca: nadie ya espera a que google cargue la segunda página de búsquedas: o mejor dicho, nadie busca nada en la segunda página de google; nadie aguanta una publicidad o un programa de televisión que no le entretenga: hay más de cien canales en la televisión actual, lo cual es muy distinto de cuando habían solo tres.
Esto no es ni bueno ni malo. Es una evidencia, y quien no cuente con ella y se esmere a resistirse al cambio (en su forma de hablar y de ejercer el liderazgo político), solo hará que su choque contra ello resulte más contundente. Así lo han pagado las viejas glorias de algunos partidos políticos que han salido tan mal paradas de estas últimas elecciones.
El cambio no es una opción: o se cambia desde dentro para adecuar el liderazgo a lo que viene, o ese mismo cambio nos cambiará desde fuera. Lo cual será peor porque entonces será un cambio no elegido, sufrido, y sin posibilidad de control. Y esto puede ocurrir muy pronto ya que en caso de no realizar dichos cambios, ciertos partidos se encontrarán dentro de cuatro años que este colectivo de votantes se habrá multiplicado por dos, incoporando la generación del millenium bug (1997-2001).
Los partidos políticos (más bien los nuevos) han sabido entender y captar todo esto, en parte porque están siendo dirigidos por personas jóvenes más próximas a esas generaciones.
Pero en el medio de todo este panorama, hubieron políticos pertenecientes a partidos tradicionales que evitaron la desastrosa dinámica de los no supieron adaptarse a todo esto y, pese a la debacle de su grupo a nivel nacional, supieron con su liderazgo personal “salvar la campaña” en su región. Es merecedor de análisis el caso de Murcia y de Pedro Antonio Sánchez. Su pertenencia al colectivo político que más votos perdió a nivel nacional, no le impidió cosechar sin embargo uno de los mejores resultados individuales dentro de su partido. Analizando su campaña y su discurso se puede observar cómo fue capaz de modular su forma, aplicando el modelo de pirámide invertida: su comunicación tuvo un tono más amigable, sosegado, y compasivo. Habló ante los medios y los colectivos con congruencia, desde el corazón: así fue como supo apelar a las emociones y realizó una campaña buscando la proximidad, el contacto físico con las personas, la escucha y la pregunta por encima de la afirmación. Se esmeró por poner en valor su propuesta, por encima de descalificar a las demás. Todo esto le permitió generar confianza casi como para obtener la mayoría absoluta, siendo la prueba más clara de que el progreso no reside necesariamente en los cambios de partidos al poder, sino en el cambio de la forma de comunicarse y de ejercer el liderazgo político. Lo tiempos dirán si será capaz de mantener este enfoque que de momento se está proponiendo como el más adecuado.





















