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Opinión | El arca
Martes, 16 de Junio de 2015
ALBERTO CASTILLO

Celdrán, adiós a un hombre bueno

No es lo mismo decir es un ‘buen hombre’ que decir es un ‘hombre bueno’. La primera calificación se le suele otorgar a mucha gente, a veces sin merecerlo, pero que la sabiduría popular los quiere saludar de esa manera y justo es aceptarlo. Cuando se dice que “fulanito es un buen hombre” alguien pudiera pensar, incluso, que el referido pasa por la vida sin pena ni gloria. Que no se mete en líos, que va a lo suyo y que a veces, muchas, por no complicarse la vida mira hacia otro lado. Ahora la cosa cambia, de manera radical, si dices de esa persona que es un ‘hombre bueno’ Ahí sí que no caben componendas de ningún tipo y al referirnos a esa persona es que le estamos reconociendo por todas la virtudes que le adornan y que le convierten en espejo donde mirarse los demás. Un claro ejemplo a seguir.

 

La novena legislatura en nuestra Asamblea Regional se ha puesto en marcha con la constitución de la mesa que estará presidida por una mujer, por primera vez en su historia, y que es una luchadora nata desde sus primeros [Img #35947]pasos en política. La socialista Rosa Peñalver, a quien conozco de muchos años, respeto y valoro, ha accedido a tan alto cargo tras años en los que ha desempeñado diversos puestos en el organigrama político. Es una mujer curtida en mil batallas.

 

Ha dejado el puesto Francisco Celdrán Vidal, Paco Celdrán como todos le conocemos, que ha venido desempeñando el cargo desde hace veinte años cuando precisamente, el Partido Socialista, perdió la mayoría parlamentaria frente al Partido Popular y Celdrán sustituyó a otro viejo socialista José Plana.

 

Paco se marcha del Paseo de Alfonso XIII y lo hace como llegó al moderno edificio: callado, silencioso, sin estridencias y sin fotografías o reportajes. Este ingeniero agrónomo, licenciado también en farmacia y profesor de la Politécnica de Cartagena, llegó al cargo tras un periplo político nada fácil donde demostró su talante dialogante y conciliador. Su hombría de bien y sus dotes de persuasión para buscar siempre el consenso y el entendimiento. Sus buenas formas y maneras.

 

Fue concejal en el ayuntamiento de Cartagena cuatro años desde 1983 a 1987. Diputado del Grupo Parlamentario Popular y secretario segundo de la Mesa de la Asamblea Regional de Murcia en la III Legislatura entre 1991 y 1993, y diputado en las Cortes generales por Murcia durante dos años. Así mismo, como cargo orgánico, también es presidente del Partido Popular de Cartagena desde 1990. Miembro del Comité Ejecutivo Regional y de la Junta Directiva Nacional de este partido. Pero estos cargos, no menores, me importan menos pues son de “puertas para adentro” aunque no es menos cierto que, a veces, son más difíciles de desempeñar que los que se realizan en los sillones públicos. Y más en estos tiempos cuando uno no gana para sobresaltos.

 

Pero como presidente de la Asamblea, Paco Celdrán, ha sido un hombre dialogante, conciliador. Algunos incluso hacían chistes con su forma hierática de estar en los Plenos pues ninguna mueca en su rostro dejaba traslucir sus pensamientos. Parecía de piedra. Piedra dura pero con un corazón de oro derretido. Un hombre sensato. Culto. Preparado. Huyendo siempre de las malas formas y la confrontación. He estado, por motivos profesionales, muchas veces por aquellos pasillos del palacio del Paseo Alfonso XIII y jamás, jamás, he escuchado de sus labios un reproche, una salida de tono, un mal gesto o mucho menos aprovechar su poder en la presidencia para hacer callar a los diputados que no eran de su grupo. Nunca. Rara vez ha perdido la paciencia, muy pocas, y en ninguna las formas. No le he visto abroncar a nadie. Poner mala cara o incluso llamar al orden a los diputados. Y no digamos con los periodistas. A todos nos atendía sin problemas. Con una educación exquisita y siempre con la respuesta apropiada. Le entrevisté muchas veces a lo largo de estos veinte años y siempre me quedó un buen sabor de boca tras haber estado hablando con él. En el estudio o en su despacho. El lugar era lo de menos para una persona que te recibía siempre con los brazos abiertos.

 

Educado, intelectual, correctísimo, conciliador, dialogante, demócrata en toda la extensión de la palabra y tolerante hasta el grado de no utilizar jamás su poder en la Comunidad para imponer nada. Al contrario para consensuarlo todo. Un hombre con una formación y un humanismo, pese a ser de carreras de ciencias, digno de todos los elogios. Una persona, quizá, fuera del tiempo que le ha tocado vivir pues encaja más, como yo le veo, en aquella etapa del Renacimiento rodeado de poetas, pintores, escritores y músicos que rodeado, como ha estado, de cuarenta y cuatro diputados, cada uno de su padre y su madre si me permiten la expresión, durante veinte largos años.

 

Paco Celdrán, siendo presidente, perdió a su mujer pero su dolor lo vivió de puertas para adentro. Tuvo el apoyo y reconocimiento de toda Murcia pero él y solo él sabe lo que sintió aquel corazón que había perdido parte de lo que más quería. Siguió con su labor en la presidencia del hemiciclo y nadie notó nada. Inmutable. Inalterable. Llorando en el alma pero con la sonrisa en el rostro. Esa cara, mitad minera mitad marinera, de cuidadas barbas blancas que yo por lo menos echaré de menos cuando vaya por aquella casa donde reside el poder del pueblo. Ha sido el presidente de un parlamento que más tiempo ha estado en ese cargo en la historia de la moderna democracia. Ha visto pasar a muchos por todos los de España e incluso por las Cortes generales pero Paco Celdrán, por su carácter, sus méritos propios y su talante conciliador ha presidido el de Murcia durante veinte largos años que, seguro, a él se le han hecho eternos.

 

Su salida no ha sido por el revés de las urnas, en estos pasados comicios, pues ya tenía tomada la decisión y así lo sabían en su partido. No quería repetir. No estaba dispuesto a hacerlo. Se ha visto ya fuera de aquel lugar incluso antes de acabar la legislatura y así lo hizo saber mucho tiempo atrás. Me voy, dijo, ya está bien después de tantos años. Mi etapa ha terminado.

 

Se va un hombre bueno, aparte que sea también un buen hombre.  Se va Paco Celdrán Vidal y con su marcha cierra veinte años de historia de la Asamblea Regional donde el dialogo y el talante conciliador han sido la constante en una persona que ha ejercido la presidencia de la cámara legislativa sin estridencias, sin protagonismos, de puntillas si quieren y dejando que las buenas maneras, la educación con mayúsculas, fuera el vehículo en el que se movieran todos los diputados que durante estos años han estado sentados en aquellos escaños.

 

Liberado de la carga y la responsabilidad seguro que su blanca barba y su curtida piel, marinera y minera, agradecerán de nuevo el lebeche acariciando su rostro cuando se asome a ese inmenso Mediterráneo que baña Cartagena. Una ciudad con tres mil años de historia.

 

 

 

 

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