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Opinión |
Viernes, 10 de Julio de 2015

El Grexit frente al poder de la convergencia

 

Si hay algo que el mundo asociativo lleva en su ADN es que la unión hace fuerza. Entorno en el que si no se trabaja en red estás perdido y donde son palpables las ventajas e inconvenientes de la globalización bastante más intensamente que el resto de los mortales. Es fácil encontrar microasociaciones de tres personas (mínimo legal requerido) o poco más de diez fundamentadas en el más profundo conformismo y egocentrismo de sus integrantes. Para evitar este problema en el ámbito estudiantil, con muy buen criterio, surgió el decreto 2248/2968 en el que aumentaba el requisito mínimo de socios a cincuenta personas pero con los años su ejecución real se ha diluido bastante.

 

Son entonces, en sintonía como en las pymes, las asociaciones grandes y fuertes las que se federan y confederan con sus respectivos organismos regionales, nacionales o internacionales. Estas aguantan mejor las

 

crisis en un contexto de grandes procesos de globalización. Y se crea una cadena de estados o niveles que hacen posible un sistema sostenible y escalado.

 

Un símil bastante interesante lo encontramos en el auge de las franquicias. En España siempre hemos sido potencia mundial en bares y ensaladillas, pero este gracioso record se encuentra en amenaza por algo tan sencillo como la economía colaborativa. Cinco bares en la misma calle pagan más impuestos por separado que juntos. Si con mentalidad clásica se ponen de acuerdo para poner todas las cañitas a un Euro y no molestarse, una buena franquicia puede dar más calidad y mejor precio. Si, el fantasma de los ochenta sobre grandes corporaciones ya está aquí, y no es tan malo como lo pintaban. De hecho es momento de recuperar la bandera de la Glocalización como equilibro entre ser ciudadano del mundo y de tu barrio.

 

Aplicable a cualquier organización gritemos un basta ya del binomio “dentro - fuera de” como está pasando con casos como el de Grecia. Si en esta vida todo es una escala de grises, deben existir en cualquier entidad, empresa, organización o país diferentes tipos de membresía y estados. Democráticamente es factible mientras todos los miembros estemos de acuerdo, y es difícil no estar de acuerdo en que todos los individuos debemos ser iguales en derechos y obligaciones, pero no así las unidades que conformamos entre nosotros ya que tienen diferentes tamaños y necesidades.

 

Por mucho euroescepticismo que exista, hasta los menos europeístas y unionistas no pueden negar que los países más distantes a entrar a la Unión Europea llevan desde el año 1995 sumándose al espacio de Schengen. Algunos aún no están ni en el Euro y nadie habla de ellos, pero a muchos les va a tocar colaborar de una vez, aunque no les quede más remedio ya que nadie se la va a jugar a que tu vecino lo haga mejor. Los “Estados Unidos de Europa” están llegando, y todo lo que hagamos para dividir en vez de sumar es un atraso que acabarán pagando las siguientes generaciones.

 

Cabe resaltar, que si lo macro no es más que la suma de lo micro, la unión hace la fuerza y es el último tren para muchos que no lo han querido entender estos años.

 

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