El fracaso de Europa
Estos días asistimos perplejos al pulso entre Grecia y Europa que, tras varios tiras y aflojas, han terminado ganando las 'instituciones'. Este fracaso aparente de Tsipras y sus ideas tan revolucionarias como utópicas que algunos se han apresurado a comparar con las de Podemos en España de cara a las próximas elecciones generales esconde, no obstante, un fracaso de Europa como organismo de control.
Y es que, recordemos, estamos hablando del tercer rescate, todos ellos supervisados por la troika y concedidos después de que los sucesivos gobiernos helenos aplicaran las medidas que les impusieron. ¿De qué han servido las medidas del primer rescate? Para provocar el segundo. ¿Para qué sirvieron las medidas del segundo rescate? Para provocar el tercero.
Paralelismos entre España y Grecia
La situación que hemos vivido estos días en Grecia recuerda, y mucho, a lo que pasó en España hace cinco años, cuando nuestro país vivió los peores momentos de la crisis. ¿Recuerdan? Casualmente, las instituciones europeas impusieron las mismas durísimas medidas a Zapatero primero y a Rajoy después. Recuérdenlo cuando vuelvan a oir eso de que en España no hubo rescate.
Hagamos recuento: a los griegos les han impuesto congelar las pensiones (lo hizo Zapatero en la primavera de 2010), prolongar la edad de jubilación (también le tocó a Zapatero), abaratar el despido (lo hizo Rajoy en cuanto llegó al poder) o subir el IVA (también lo hizo el Gobierno 'popular'). Además, la troika también ha exigido a Tsipras que se comprometa a dar prioridad al pago de la deuda antes que a cualquier otra cosa. Eso también lo hicieron juntos y de la mano Zapatero y Rajoy una noche de verano, de manera casi clandestina, en forma de enmienda de la Constitución. Algunos dicen que se trata de uno de los más tristes pasajes de la historia de la democracia española.
El estrepitoso fracaso de De Guindos
El ministro podría haberse presentado a la votación para la presidencia del Eurogrupo, haberla perdido y no haber pasado nada. Pero lo que lo convierte en un estrepitoso fracaso es que el Gobierno español llevaba meses dando por descontado y vendiendo a los medios que Luis de Guindos tenía el cargo en el bolsillo. De hecho se publicó que lo pactaron Rajoy y Merkel en la visita de ésta a Santiago de Compostela el verano pasado (no les costará encontrarlo en Google). Hasta tal punto que Jeroen Dijsselbloem, el que entonces ostentaba el puesto y que ahora ha sido reelegido por delante de nuestro ministro de Economía, tuvo que salir a los medios a decir “eh, que yo estoy aquí”.
A algunos miembros del PP les ha faltado tiempo para achacar el fracaso de De Guindos a Pedro Sánchez y el PSOE, que no han dejado de criticar la gestión económica del Gobierno en estos meses. ¿Pero en qué quedamos? ¿No decían que Sánchez era un personaje intrascendente? Pues sí que tiene influencia el intrascendente, que logra cambiar la voluntad de ministros a lo largo de toda Europa. Por otra parte, resulta curioso que digan eso los que no sólo no pusieron el bozal a Aznar durante los últimos meses del último gobierno socialista, en los que recorrió el mundo bilipendiando sus políticas, sino que jalearon sus críticas sin pensar si eso perjudicaba o beneficiaba a la imagen del gobierno y del país.
Más bien, lo que parece intrascendente es el peso de la política exterior española de Rajoy y de (¿cómo se llamaba?, ah, sí) Morenés. Además de asistir impertérritos a la inminente 'estadounidización' de Cuba sin mover ni un dedo, reveladora es esta foto que tomó el otro día el fotógrafo de EFE Oliver Hoslet en la que se ve a Merkel, Hollande y Tsipras charlando de forma amistosa mientras Rajoy permanece solo, sin hablar con nadie, sentado en la mesa.
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No me digan que no les recuerda a esta otra, tan parecida, de ZP sentado en otra mesa en soledad mientras el resto de líderes hacían un corrillo. Aquella foto provocó oleadas de mofas por parte de la oposición ante el poco peso de nuestro gobierno.
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Parece que donde las dan, las toman.




















