Lo llaman democracia y sí lo es
El ex presidente francés Nicolás Sarkozy se quitaba el carísimo reloj de oro y brillantes de su muñeca, regalo de Carla Bruni, y se lo guardaba en un bolsillo antes de estrechar las manos de la multitud en las calles. Por si el peluco volaba. Hay quien vio en esto un gesto de gran político: todo para el Pueblo, pero sin confianzas. Quien tiene la más alta opinión del Pueblo, le evita tomar una decisión entre si roba un reloj valorado en varios millones de las antiguas pesetas o se limita a ser ungido por la mano del líder. Hay decisiones que no corresponden al pueblo, por si acaso. Entre nosotros, José Bono directamente se ponía relojes falsos en sus baños de multitudes viendo que al Rey Juan Carlos el fervor monárquico le había descuidado un ‘Rolex’ al ir a saludar en Palma. Y el entonces presidente de Gobierno José María Aznar salía como podía de los achuchones de la multitud ordenándole a su chófer: “por favor, la colonia”. Higienizarse tras los sudores de la masa no tenía por qué estar sometido a plebiscito popular, que no era quién para decidir si el entonces presidente de Gobierno español debía guardar el olor de la muchedumbre en la mano para siempre, como recuerdo. Aznar se lavaba y punto.
Es fama, seguramente exagerada por sus enemigos o por él mismo, que el leído ex alcalde socialista de Murcia José Méndez se negaba a amartelarse con pedáneos por si se le pegaba algo, o por si el intelectual se lo pegaba a ellos. El buen Pueblo debe participar en la política, pero no limpiarse con las cortinas y que la cosa termine
como la cena de mendigos en “Viridiana”. Ahora bien, si toda la política española de los tres últimos años resulta que se ha basado, íntegra, en proclamar que el pueblo debe por fin sentarse en los coches oficiales junto a sus políticos y cobrar lo mismo que ellos, no se puede ahora negar consultas al Pueblo que sí son fundamentales, bajo cualquier régimen no despótico, para que éste gobierne sus destinos. No se puede.
Por ejemplo, la consulta en Murcia sobre el cambio de la Ley Electoral, que cambia por completo la forma en que la voluntad popular se traslada a sus representantes. Es necesaria una consulta regional, como propone lógicamente el PP, esos supuestos enemigos de la democracia fina. Por contra, los que más hablaban de meterse al Pueblo en vena en cuanto llegaran al poder, que es que iban a someter a mano alzada hasta el precio de los garbanzos, ahora ponen gesto de oler a mierda cuando se les habla de consultar a la ciudadanía algo que sí le compete a ésta, directa y gravemente: nada menos que cómo van a ser elegidos sus representantes. Tras la hipotética decisión de si queremos ser monarquía o república, es la segunda pregunta más importante que se puede hacer a un Pueblo.
Un cambio de Ley Electoral es algo más importante que un bando municipal sobre si los mendigos pueden o no dormir en los cajeros. A algunos partidos y partidillos rampantes, sobre todo aquellos que venían a traer la democracia auténtica, les conviene, por intereses que nada tienen que ver con el pueblo sino que de hecho se oponen a él, no contar con los ciudadanos para algo en lo que los ciudadanos no pueden ausentarse. No vale la excusa de que los que tienen que decidir eso son "los representantes", porque de la denuncia de esto han hecho el eje de toda su política desde hace años. ¿No querían democracia de verdad, o eso decían? Que no empiecen a guardarse el reloj ni a echarse colonia ni a mirar para otro lado oliendo a excremento, porque en cambiar el sistema de representación política el Pueblo tiene todo que decir.





















