La envidia: el deporte nacional
Todos hemos oído decir en alguna ocasión de que “la envidia es el deporte nacional”. Pues sí, la envidia es desde mi punto de vista, uno de los peores sentimientos que una persona puede experimentar, pues aquel que posee ese sentimiento y sufre de ese defecto,es un verdadero/a desdichado, en su vida.
Pero ¿Qué pasa cuando la envidia ocurre en los entornos laborales? Surgen los indeseables celos profesionales y ¡madre mía cuando llegan!
Aquel/aquella que te coge celos profesionales se convierte en tu peor pesadilla, observa todo lo que haces, evalúa, controla, critica, desmerece y a la más mínima busca promueve tu desprestigio y tirar toda tu valía profesional de un plumazo; sin entrar a hablar de las repercusiones que tiene en cuanto a productividad laboral.
Los que hemos sufrido de esos celos profesionales, sabemos lo que se sufre por ese peso que llevas encima de ver cómo la otra persona pretende crecer y tapar sus miserias o incompetencias profesionales desprestigiando tu valor profesional y lo que es más grave aún, a veces hasta tu valor como persona.
No sé si ha sido mala suerte la que he tenido, pero desde los inicios de mi vida laboral he sufrido esos celos profesionales en más de una ocasión.
La primera la recibí de un hombre; fue una pesadilla muy dura de llevar, para mi corta edad y experiencia laboral. Posteriormente los celos profesionales han venido de mujeres y éstos son peor aún. Pero ¿Qué es lo que sucede en la mente de las mujeres para que nos tengamos tanta tirria?
Es de una total evidencia que detrás de los celos hay un sentimiento de envidia, que emana de la persona que la sufre y que surge de ver reflejadas en la otra, las cualidades, habilidades y competencias que ella no tiene.
Reflexionando esto mucho por las propias experiencias vividas y por las que veo otras personas están viviendo, pienso que surge de la dificultad que hemos tenido las mujeres para ser aceptadas y validadas en los entornos laborales, tras años y años de fuerte machismo y donde el alcanzar un puesto más o menos ¿bueno?, nos ha supuesto el tener que demostrar a veces el doble o el triple de esfuerzo de un hombre. Por ello, de pronto, el que una mujer venga, te muestre o haga ver las carencias o dificultades que tienes y que pueden hacerte perder la validez profesional frente a terceros, es lo que desencadena de pronto esa fijación por ti (por miedo, miedo a perder) y a, si hace falta hacerte la vida imposible para que te aburras y desaparezcas, dejándole el campo libre para que siga sumando puntos ante sus superiores, esos puntos que tanto esfuerzo y sacrificio le ha costado ganar.
Y bien, tras esta exposición, diréis, Encarna, no nos has descubierto nada que no sepamos.
Cierto, ¡lo admito!, pero ¿y si os contara cómo superarlo, cómo lo superé yo o cual es la solución mas idónea para las situaciones en las que no te quede más remedio aceptar?
Para mí la respuesta está en la compasión.
Sí, practica la compasión hacia él o ella, mírale con compasión, con los mismos ojos que miras a un pobre en la calle, con ojos de “sé lo pobre que eres como persona” y preséntate cada día a él o ella, con sentimientos de humildad.
Además, hazle sentir importante, hazle sentir, que no te fijas en esas acciones que en muchas ocasiones te hacen sentir mal por su exceso de control, evaluación e incluso crítica. Mírale a los ojos, no una simple mirada, llégale a la profundidad de sus ojos, penetra en el fondo de su ser y despertaras dentro de ti, sentimientos que nunca antes habrás experimentado y que te ayudaran a superar esa situación tan desagradable y dolorosa que se vive cuando una persona siente envidia o celos de ti.
¡Pruébalo! Te aseguro que fue la solución, todo cambió dentro de mí y también en ella, pues bajó “el hacha de guerra” y su sentimiento, de amenaza constante, se disipó en el tiempo.
¿Qué pasaría si así, lo hicieras?





















