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LA OPINIÓN DEL EXPERTO

Las renovables, la apuesta competitiva de Europa

José Pablo Delgado Marín Miércoles, 29 de Julio de 2015 Tiempo de lectura:

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Dijo Albert Einstein: “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”. No se equivocó del todo el genial científico bávaro, porque por fin nos hemos dado cuenta de que no hay una fuerza motriz más poderosa que la voluntad de apostar por las energías renovables.


Este mes, la Agencia Internacional de la Energía ha revelado un dato que explica el cambio en el modelo energético mundial: por primera vez en los últimos 40 años las emisiones de gas de efecto invernadero se desligaron del crecimiento económico. El pasado año, el planeta emitió 32.300 millones de gas CO2. Lo mismo que en 2013, mientras la economía mundial, que comienza a respirar tras la crisis, creció cerca del 3%. ¿Cómo es posible? Gracias a las políticas de eficiencia energética y a la inversión en renovables.


El año pasado se invirtieron a nivel mundial cerca de 230.600 millones de euros en renovables, y España no ha sido ajena a este movimiento inversor, aunque ahora parezca un espejismo por el periodo de ralentización que han sufrido tecnologías como la eólica o la solar. Pero fuera del país empresas como Acciona o Abengoa ganan contratos en mercados maduros como Estados Unidos, y también en los emergentes de Iberoamérica o, aún más llamativo, en los árabes que producen el todavía ‘oro negro’.


Ante este panorama, la Comisión Europea ha tomado las riendas de la carrera hacia la tecnología ‘verde’ a través de su programa, denominado Energy Union Package. Su misión principal es facilitar la salida de la crisis de los estados miembros, garantizando unos recursos energéticos seguros y competitivos. Para ello se ha conseguido un hito sin precedentes en el desarrollo de una política energética común: el consenso unánime de los 28 estados miembros.


Este hecho, que parece una obviedad, no lo es tanto cuando el objetivo final que plantea la Unión Europea es ser líderes mundiales en el desarrollo y uso de las energías renovables, con un horizonte a largo plazo de un mix energético 100% renovable. Teniendo en cuenta que aún hay estados en los que la energía nuclear juega un papel muy importante como Francia, Alemania y Reino Unido, esta nueva estrategia supone la desnuclearización total del sector energético europeo, y el triunfo de las energías renovables y de la eficiencia energética.


Tras el accidente de Fukushima, Alemania promulgó el parón de su programa de centrales nucleares. Recientemente ha sido Francia quien, mediante ley, ha aprobado un nuevo modelo energético terminando con su hegemonía nuclear en favor del desarrollo de las energías renovables. Lo del país galo no será de hoy para mañana; estas cosas llevan su tiempo y el plan propuesto es a largo plazo: 40% de reducción de emisiones en 2030 y un 75% más de reducción para 2050, además de una reducción de la demanda del 50% para 2050. Se trata de un hecho histórico en el modelo energético europeo, perfectamente alineado con el Energy Union Package.


La nueva estrategia se cimenta en cinco pilares principales. El primero de ellos trata sobre la seguridad del suministro, y tiene por objetivo una generación mucho más local de la energía que todos consumimos, reduciendo de esta manera nuestra dependencia energética de terceros.


En segundo lugar, tiene que ver con el mercado, es decir, la demanda. En este sentido, se debe producir un cambio profundo en el tratamiento que se le da a los consumidores, pasando a ser considerandos con el mismo nivel de importancia que el suministro. De esta forma, el propio sistema podrá recomendar una reducción en la demanda  de un usuario, en un momento puntual, actuando sobre ella en caso necesario.


La tercera dimensión se refiere a la reducción de la demanda mediante acciones de eficiencia energética. Aquí entra en juego la trasposición de las directivas europeas de eficiencia energética (2012/27/UE) y de eficiencia energética en los edificios (2010/30/UE). La rehabilitación energética de nuestros edificios jugará un papel determinante durante la próxima década.


La estrategia incluye, en su cuarta dimensión, aspectos relacionados con la innovación en materia de eficiencia energética y energías renovables. El desarrollo de nuevas soluciones más eficientes redundará en una mejora global del sistema energético europeo, que siempre ha estado a la vanguardia de las soluciones energéticas más avanzadas.


La quinta y última dimensión afecta directamente a las fuentes fósiles de energía primaria. Ésta tiene por objetivo la completa ‘descarbonización’ del sistema energético europeo, lo que implica una masiva incorporación de las energías renovables como únicas fuentes de energía primaria. Todo ello favorecerá la implantación de nuevos esquemas de producción basados en la economía circular.


Pero para conseguir todo lo anterior muchas cosas deberán cambiar en nuestros estados y regiones. Lo primero de todo será una armonización del apoyo a las renovables en toda la Unión Europea, lo cual será muy positivo para España, ya que el interés colectivo prevalecerá por encima de todo. La interconexión entre los estados miembros será una prioridad, lo cual también será beneficioso para España y su sistema casi de “isla energética”.

 

Además, la completa integración de las renovables en el sector eléctrico requiere cambios importantes en sus sistemas de gestión, avanzando de forma decidida hacia un sistema basado en redes inteligentes -smart grids, en inglés-. Y esto, no como algo futurible, sino que urge la implementación de este modelo en nuestras urbes. Por fin parece que la energía constituye un recurso estratégico para la Unión y los retos a los que nos enfrentaremos en los próximos años no dejan de ser apasionantes.


Es evidente que en cuestión de volúmenes China y Estados Unidos superan a Europa con creces. Pero la Unión sigue siendo el líder mundial en tecnología verde. Mientras que los euroescépticos tienden a ver su composición plurinacional como su principal debilidad, las “diferencias” suponen en este caso la mayor fortaleza de Europa: Dinamarca es líder en energía eólica, España en energía solar y Suecia en biomasa.


Esto posibilita el crecimiento del mercado y la competencia, en lugar de fomentar un centro de poder que intenta ser el primero en todo. Solo hay que trabajar políticamente para integrar este tipo de liderazgos. El mercado de las energías renovables necesita mucha tecnología y buenos sistemas de innovación; pero también la voluntad cultural, la conciencia de los consumidores, la gente y los políticos.

 

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