Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Opinión | Mente sana, empresa sana
Jueves, 27 de Agosto de 2015
Roberto Crobu

Inteligencia emocional y auto-liderazgo en la película ‘Del Revés’ de Pixar

[Img #37588]

 

La recién estrenada película de Disney-Pixar ‘Del Revés’, no solo representa un compendio de los hallazgos de las psicologías cognitiva, humanista y positiva en los últimos 20 años, sino un verdadero manual pedagógico para padres, educadores y líderes de empresas, y una guía de fácil comprensión y aplicación para adolescentes.  
Sin desvelar mucho, la película cuenta la historia de una niña de Minnesota de once años que tiene una vida ideal hasta que se traslada por necesidades de trabajo de su pare a San Francisco (California). A partir de ahí el panel de control de su mente, en el que coexisten varios personajes en un pequeño comité de dirección (como si de una empresa se tratase), entra en cortocircuito. Los personajes en cuestión son las emociones: Ira, Tristeza, Alegría, Miedo y Asco.


La referencia a las emociones es muy importante ya que la etimología del término explica su función (del latín emovere, es decir ‘poner en acción’). Las emociones son el antesala de nuestro comportamiento y gobiernan la acción basándose en un sistema de creencias (pensamientos que se alimentan de recuerdos y experiencias pasadas catalogadas y clasificadas como positivas o negativas) y que viajan por los distintos lugares de la mente por un tren que las une, las asocia, y las reparte hasta hacerlas pasar por el centro de control (el YO).
A su vez, los recuerdos y las creencias cristalizadas constituyen conglomeraciones en forma de islas que representan los valores de referencia que componen la identidad de la protagonista. Por lo artística y pedagógica que resulta, la ideación de Pixar representa una magnifica metáfora  de cómo funciona la mente humana desde un enfoque cognitivista.     


Más allá del grave error de catalogar la película para todos los públicos (mi hijo de cuatro años no entendió mucho más allá de algunas escenas aisladas), y de los virtuosismos de animación y estética, el mensaje de la película es contundente y rompe con los clichés de  muchos supuestos gurús de la inteligencia emocional que en los últimos años han hecho del ‘falso pensamiento positivo’, el ‘ilusionarse a la fuerza’, y el ‘reilusionarse’ cuando lo primero no sea suficiente, el centro de un discurso fraudulento y falaz para la gran mayoría de sus seguidores: por mucho que uno se programe y re-programe mentalmente en un intento militarizado de ser positivo y en ese propósito censure parte de sí mismo, la parte de sombra, la que está mal, no escuchándola, ninguneándola, y tratando de aniquilarla a golpes de ‘positividad’, puede que circunstancialmente supere pequeños momentos de malestar, pero en la gran mayoría de las veces solo aplaza su caída que acabará siendo a la postre más dura de afrontar.     


El mensaje va ‘Del Revés’: la tristeza es necesaria ya que permite el pararse y reflexionar sobre lo que sucede, escucharse, (por eso la tristeza es ‘perezosa’ y lenta, para dar lugar a la  parada de consciencia), aprender para de-construir creencias que se volvieron disfuncionales (lo de las creencias limitantes es otro fraude del que hablaremos en otra ocasión) y volverlas a reconstruir de acuerdo con la aceptación (que no significa resignación) de una realidad cuyas componentes no necesariamente cambiarán. De hecho, en la película la niña no volverá a su casa en Minnesota y su felicidad no pasará por obtener de manera narcisista lo que desea, sino por aceptar que su realidad cambió y que no encontrará la felicidad en la búsqueda de un pasado que ya no está, sino construyendo un presente que también ‘regala’ (presente = regalo) nuevas oportunidades de crecimiento.
La aplicación de todo esto al mundo de la empresa es clara. El líder desde luego ha de ser una persona positiva (la Alegría es la líder del panel de control mental de la protagonista y es quien experimenta la verdadera transformación y aprendizaje). Pero a la vez su gestión puede peligrar si no escucha y da el debido protagonismo a la Tristeza y las demás componentes emocionales, y si se convierte en un ‘energúmeno del pensamiento positivo’.


En un Yin y Yang, más propio de las disciplinas meditativas orientales, del Mindfulness, y de la Atención Plena, la película discurre en un poner constantemente a la Alegría en condiciones de  trabajar en equipo con la Tristeza en lugar de relegarla y boicotearla. La luz de la Alegría es tan necesaria como la sombra de la Tristeza: es más, la sombra de la Tristeza existe porque existe la luz de la Alegría. Sin luz no hay sombra y sin sombra no puede haber luz.  Tratar de anular la Tristeza nos abogará irremediablemente a eliminar también a la Alegría también (por esta razón no es casual que ambas salgan ‘despedidas’ del centro de control de la niña y emprendan un camino hacia la reconciliación.  Ambas están ‘condenadas’ a entenderse y ayudarse mutuamente porque proceden de la misma esencia que son las experiencias de la persona: una no puede existir sin la otra.


Solo cuando en la película la Alegría se da cuenta de que la Tristeza puede resolver problemas tan eficazmente como ella, es más, que puede resolver problemas que la Alegría no logra resolver, entonces comprende la necesidad de trabajar en equipo.


Pero el trabajo en equipo por sí mismo no basta y por mucho que se quiera colaborar, hay que afrontar los problemas de la vida y resolverlos en lugar de huir de ellos u ocultarlos. Ahí viene el segundo gran mensaje de la película: cuando todo parece imposible, cuando estamos perdidos en lo más bajo y oscuro de nosotros mismos  y sentimos no tener los recursos suficientes para salir de una situación, hay un ingrediente fundamental al que abogarse y del cual tanto Disney como Pixar han transformado en la ‘panacea’ de todos los males: la gran amiga la ‘Imaginación’ (que dista mucho del tan prostituido y fraudulento concepto de ‘Ilusión’).


La imaginación es el ‘deus ex maquina’  de la película, el coach/ mentor que muestra el camino a la Alegría y le acompaña a en su aprendizaje: le da las herramientas y la fórmula (un mantra) sabiendo desaparecer cuando ya no es tan necesario tirar de ella y se torna imprescindible pasar a la acción para que la Alegría logre su propósito y sepa reconciliarse con la Tristeza y las demás emociones.


Con todo esto, parece que el espectador se vaya a casa con la sensación de que si fuera cierto, su mente podría tornarse ingobernable ya que la controlan pequeños ‘monstruitos’ llamados emociones y que no tenga el control de lo que le sucede.  Pero ahí está otra clave de aprendizaje del mensaje de Disney-Pixar que esta vez se ampara en las enseñanzas del Mindfulness y la Atención Plena: las emociones no se controlan, sino que se regulan tomando conciencia de que es lo que las origina, que pensamientos y creencias están detrás, y que valores las referencian.  La cuestión no está en que tangamos que vivir siempre bajo el prisma de una u otra emoción, sino que desde la atención plena, podemos comprender como ‘resuena’ una experiencia desde los distintos puntos de vista de las varias emociones implicadas, para que toda la orquesta pueda acompasarse en una sinfonía de equilibrio y ecuanimidad.  El cambio y desarrollo personal en aras del bienestar emocional no proviene del control de las emociones sino del cambio de creencias y valores que subyacen: por esta razón la protagonista volverá a encontrar el bienestar cambiando ciertos matices de la isla de la Familia, un valor que tal y como estaba configurado al inicio de la película entró en crisis ante la nueva realidad de San Francisco y el conflicto debido a su inicial rechazo, y readaptándose tras la aceptación de esa misma realidad.   


Como bien decía un buen maestro mío de meditación, nuestra mente está compuesta de un ‘pueblo de pitufos’ y en cada situación uno de ellos puede tomar el protagonismo: pero todos ellos  viven esa situación y la experimentan. Nosotros no somos uno u otro pitufo, no tenemos porque identificarnos con uno solo, sino que somos todo el pueblo en su integridad. El pueblo (nuestro YO) funcionará adecuadamente si cada uno hace lo que es preciso ante esa situación sin tratar de tomar el protagonismo. La clave de nuestro buen gobierno (auto-liderazgo) depende de que el pueblo viva en armonía cada situación pese a su fragmentación.


Nuestro Yo vive fragmentado en una multitud de posiciones ante una experiencia dada, y la clave del liderazgo de personas y empresas está en lograr primero el auto-liderazgo, es decir un buen gobierno de las distintas partes que componen nuestra identidad.            

 

Publicidad

X
Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.