La ‘normalización’ de China y la ‘QE2’ de la zona euro
Al empezar septiembre, algunas de las cosas que han sucedido en el ya inolvidable agosto que han vivido los mercados financieros, empiezan a verse bajo una nueva luz. La gran caída de las Bolsas, la persistente debilidad de las materias primas con el petróleo a la cabeza, la recaída del dólar hasta 1,17 con el euro, y otros movimientos sorprendentes de los mercados en agosto, conectan desde ángulos que, en medio de la confusión creada por los bruscos y repentinos movimientos del pasado mes, no se veían con claridad.
Si hubiese que elegir una sola cosa de las muchas que han movido a las Bolsas las últimas semanas, sin duda nos quedaríamos con la devaluación del yuan, asociada inevitablemente a las evidencia cada vez mayor de que la economía china está experimentando una notable desaceleración en su crecimiento. La devaluación toca de lleno a los dos aspectos en los que China es relevante para el resto del mundo. Por un lado su contribución al crecimiento global, y por otro lado su papel de financiador de las restantes economías, invirtiendo sus hasta hace poco ingentes reservas en bonos y en empresas de otros países. La agencia que gestiona las reservas chinas (SAFE) ha sido un "placer" central de los mercados de bonos en los últimos años y los inversores chinos han protagonizado compras de empresas y operaciones bursátiles sonadas en el exterior.
La devaluación del yuan es un paso más del giro que está experimentando el modelo chino, que desea pasar de ser una economía exportadora y sustentada en una burbuja de inversiones, a promover más el consumo doméstico como motor de crecimiento. Conectando con ese giro la idea es utilizar las reservas más para el propio mercado chino que para terceros mercados, lo que se traduce en que China dejará de ser un financiador de otras economías o de otros Tesoros en la escala en la que lo venía siendo en los últimos años. El dinero de fuera vendrá hacia dentro, ya sea para comprar Bolsa, como se ha visto en el rescate gubernamental del Shanghai Composite, ya sea para prestar a las maltrechas corporaciones municipales chinas, ya sea, en general, para financiar a las familias en su consumo y a las empresas en sus inversiones.
Si lo anterior es correcto, la sacudida china de agosto no hay que verla como un susto veraniego, amplificado por el bajo volumen y por las vacaciones de los operadores principales, sino más bien como el primer paso de un proceso largo, un proceso cuyo objetivo último es la "normalización" de la economía china. La evolución del ajuste chino, tanto en lo económico como en lo financiero, va a ser prolongada, y estamos viendo los primeros pasos, que tal vez sean los más "traumáticos".
En nuestra opinión una primera consecuencia de ese proceso es que los Bancos Centrales, lejos de retirar sus estímulos monetarios, van a tener que redoblar sus esfuerzos. Lo hemos empezado a ver el pasado jueves con el BCE, cuyo presidente Mario Draghi insinuó ya una nueva ronda de compras de bonos, lo que podríamos llamar una QE2 de la zona euro. Siguiendo el guión esperado, Draghi se mostró pesimista con el crecimiento y la inflación en la zona euro, pero lanzó claros mensajes de que el BCE tiene aun munición para ampliar el actual programa de compra de bonos de 1,1 trillones de euros y que, si es necesario, la utilizará.
La gran pregunta ahora es que hará la Fed en su reunión del próximo 16. En nuestra opinión no moverá los tipos. El informe de empleo del pasado viernes, aunque fue bueno (algo peor de lo esperado pero bueno) y situó la tasa de paro en el 5,1%, lo cual casi obligaría a la Fed, en otro contexto, a subir tipos, no creemos que vaya a ser motivo suficiente para que la Fed se arriesgue a echar más leña al fuego de unas Bolsas llenas de volatilidad, en las que los programas automáticos de inversión y los algoritmos se alían para generar movimientos erráticos, en unos mercados en los que la liquidez ha ido a menos al no poder ya los Bancos hacer de contrapartida con su "cuenta propia" dadas las nuevas normativas.
Al problema de "máquinas versus personas" se une ahora el problema de la escasa liquidez en unos mercados en los que los Bancos ya no hacen "prop trading". Y eso incrementa la volatilidad de forma exponencial, de forma que lo que hemos visto en agosto son solo avisos.
Nuestra idea es que la estabilidad de los mercados financieros y su mantenimiento en un nivel relativamente alto son piezas necesarias en el modelo creado por los Bancos Centrales para salir de la crisis, por lo que podríamos decir, jugando con la permanente afirmación de Yellen de que la Fed va a mirar como salen los datos para tomar su decisión, que realmente la Fed es hoy más "Bolsa-dependiente" que "data-dependiente".
Por eso creemos que los Bancos Centrales están obligados a mantener e incrementar sus estímulos monetarios y que la Fed no moverá los tipos en septiembre. Los Bolsas están débiles, las materias primas también, la economía global (no solo China), crece menos de lo que se pensaba a principios de este año, y no hay síntomas de repunte de la inflación. Países como Rusia, Canadá y Brasil están ya en recesión, Noruega empieza a sufrir bastante con la caída del petróleo, y Australia, que es la economía más afectada por China, ha crecido solo al 0,2% en el segundo trimestre, la mitad de lo esperado.
En este contexto, los Bancos Centrales tienen munición, quieren utilizarla y, a nuestro juicio la van a utilizar. La otra duda sería la de cómo van a reaccionar los mercados financieros, pero hoy por hoy los mercados desean seguir creyendo en los Bancos Centrales y comprar su mercancía. Por eso pensamos que ni al BCE le temblará el pulso a la hora de lanzar una QE2 en la zona euro, ni a la Fed a la hora de lanzar una QE4 en la economía norteamericana, si fuese preciso. A corto plazo no vemos en la zona euro o en EEUU un modelo como el japonés de QQE que ha llevado al Banco de Japón a comprar directamente Bolsa contra su balance, pero pensamos que si las cosas se ponen muy feas la Fed y el BCE comprarán también Bolsa.
Siendo esto así, lo preocupante sería que los inversores dejen de creer en los Bancos Centrales, y no quisieran tomar el dinero gratis que les ofrecen los banqueros centrales. Ese es el día que nos debería preocupar. En principio parece que sigue habiendo fe en los Bancos Centrales, como se vio el jueves pasado en la entusiasta reacción de las Bolsas ante las declaraciones de Draghi diciendo que el BCE puede ampliar las compras de bonos. Pero el entusiasmo duró poco y el viernes vimos de nuevo caídas.
¿Empezamos a ver el final del "love story" entre los mercados financieros y los Bancos Centrales? Tal vez, pero sería en todo caso el principio y aún queda mucho, en nuestra opinión, para que se produzca el divorcio.
Tras un mes de agosto en el que todas las Bolsas mundiales sin excepción han caído (el S&P un 6,2%, el Nikkei el 8,2% y el Eurostoxx un 9,2%, y tras una primera semana de septiembre en la que de nuevo las Bolsas han caído (S&P -3,4% Nikkei -7% Eurostoxx -3,2%) lo que esperaríamos sería un rebote de las Bolsas anclado en las expectativas de que la Fed no suba tipos y mantenga su promesa de estímulos al mercado.
A nivel técnico, lo más delicado es el nivel del S&P, ya que si rompe a la baja el nivel 1.900 es fácil que veamos otra caída de un cinco por ciento o algo más. En este sentido, la sesión del pasado viernes no fue muy alentadora ya que en algunos momentos de la sesión volvió la sensación de caída libre, aunque al cierre hubo cierta mejora. Hemos visto al S&P y al Dow entrar en zona de corrección técnica (caída del 10% desde máximos) y a las Bolsas europeas acercarse al 20% de caída desde máximos, nivel que marca para muchos analistas técnicos la entrada en mercado "bajista".
Tras un largo fin de semana las Bolsas chinas vuelven a abrir con la incógnita de si realmente el Gobierno chino va a ser capaz de sostenerlas y las Bolsas americanas estarán cerradas el lunes. En una semana con pocas referencias económicas o empresariales (la confianza del consumidor de Michigan, algunos datos de inflación y poco más) los mercados van a seguir pendientes de China y de los Bancos Centrales, y lo más importante es ver si el S&P rebota y se aleja de la zona de peligro o no.
Tras los importantes recortes de agosto y de los primeros días de septiembre lo recomendable es comprar, pero seguimos pensando que es bueno hacerlo con cobertura de opciones "put" aunque ello suponga un coste siempre incómodo para el inversor, ya que si el S&P y los restantes índices americanos pierden sus niveles técnicos relevantes, septiembre podría seguir los pasos de agosto.






















