Bernal: un ‘pata negra’ que nunca se fue del todo
Estaba cantado, pero con Valcárcel nunca se sabe. Juan Bernal vuelve al Gobierno del que salió en 2003 para dedicarse a su actividad privada. Luego presidió el Consejo Social de la Universidad de Murcia y una vicepresidencia en la CAM, una época que, estoy seguro, no le hubiese gustado vivir a tenor de todo lo ocurrido luego en la Caja. Y regresó para las elecciones de mayo con algún encargo escrito en la particular 'libreta azul' de todo presidente.
Es el regreso de un ‘pata negra’ (recuerdo que de esta forma les bautizamos Ángel Montiel y yo, entonces compañeros de mesa). Estos ‘pata negra’ fueron aquellos que acompañaron a Valcárcel en el año 95 junto a los Megías, Sánchez-Almohalla, Gil Melgarejo y alguno más como Joaquín Bascuñana, hoy delegado del Gobierno. Sin olvidar tampoco a Gómez Fayrén y otros que ocuparon entonces segundos escalones en el Gobierno. Los hay que lo han abandonado con una desagradecida patada en el trasero –y no precisamente dada por el jefe supremo- y alguno hay también que la vocación política la dejaron para otros porque ellos sólo amaban la gestión.
Eran personal sin peso orgánico en el partido. Pero tampoco les hizo falta porque ya lo tenía, y suficientemente, el ‘jefe’.
Bernal es un tipo –si se me permite que le llame así con todo el afecto del mundo- simpático, afable y cabal, que se ha ganado la confianza de aquellos que trabajaron con él; de los llamados agentes sociales, de la prensa; de los responsables del Ministerio en Madrid que lo ‘sufrían’ hasta casi la madrugada en eternas reuniones del Consejo de Política Fiscal y Financiera; e, incluso, de sus adversarios políticos.
Llegó al partido casi por casualidad. Lo hizo como asesor externo para ocuparse de su administración. El PP era entonces un cliente más. Allí valoraron su capacidad y su seriedad en el trabajo y Valcárcel supo ficharlo para su equipo económico.
A partir del miércoles, cuando tome posesión de la Consejería, quienes le echarán de menos serán sus clientes en su empresa particular, que dirige a partir de ahora su hija.
En cuanto a si 'SanJuanBernal' será o no ‘delfín’ de Valcárcel si éste definitivamente da el salto a Bruselas, sólo el tiempo lo dirá. Entre tanto, mucha suerte al nuevo consejero, que la va a necesitar. Mientras, él ya advierte: "Yo no hago milagros".
Es el regreso de un ‘pata negra’ (recuerdo que de esta forma les bautizamos Ángel Montiel y yo, entonces compañeros de mesa). Estos ‘pata negra’ fueron aquellos que acompañaron a Valcárcel en el año 95 junto a los Megías, Sánchez-Almohalla, Gil Melgarejo y alguno más como Joaquín Bascuñana, hoy delegado del Gobierno. Sin olvidar tampoco a Gómez Fayrén y otros que ocuparon entonces segundos escalones en el Gobierno. Los hay que lo han abandonado con una desagradecida patada en el trasero –y no precisamente dada por el jefe supremo- y alguno hay también que la vocación política la dejaron para otros porque ellos sólo amaban la gestión.
Eran personal sin peso orgánico en el partido. Pero tampoco les hizo falta porque ya lo tenía, y suficientemente, el ‘jefe’.
Bernal es un tipo –si se me permite que le llame así con todo el afecto del mundo- simpático, afable y cabal, que se ha ganado la confianza de aquellos que trabajaron con él; de los llamados agentes sociales, de la prensa; de los responsables del Ministerio en Madrid que lo ‘sufrían’ hasta casi la madrugada en eternas reuniones del Consejo de Política Fiscal y Financiera; e, incluso, de sus adversarios políticos.
Llegó al partido casi por casualidad. Lo hizo como asesor externo para ocuparse de su administración. El PP era entonces un cliente más. Allí valoraron su capacidad y su seriedad en el trabajo y Valcárcel supo ficharlo para su equipo económico.
A partir del miércoles, cuando tome posesión de la Consejería, quienes le echarán de menos serán sus clientes en su empresa particular, que dirige a partir de ahora su hija.
En cuanto a si 'SanJuanBernal' será o no ‘delfín’ de Valcárcel si éste definitivamente da el salto a Bruselas, sólo el tiempo lo dirá. Entre tanto, mucha suerte al nuevo consejero, que la va a necesitar. Mientras, él ya advierte: "Yo no hago milagros".





















