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Opinión | El arca
Martes, 29 de Septiembre de 2015
ALBERTO CASTILLO

Me duele España

Pasó el mes de agosto y las vacaciones. Llegó septiembre, que,¡ un año más,¡ nos trajo en el calendario las convocatorias feriales de Murcia, Lorca, Yecla, Mula, Abarán, sin olvidar la cada día más atractiva,¡ fiesta de Cartagineses y Romanos en la ciudad marinera de Cartagena. Pero todo, como la imparable rueda del tiempo, tiene comienzo y final. Lo que fueron días de fiesta y ocio ya terminaron y la normalidad vuelve a ser la tónica general  de este tiempo de otoño recién estrenado. Y con ella con la normalidad, mi vuelta a esta columna que tan amablemente me ofreció en su día MurciaEconomía. Vamos por la segunda temporada.

 

Podría hablarles hoy a mi vuelta del verano murciano y su estacionalidad, que la tiene, y que como no nos pongamos las pilas perderemos una importantísima fuente de ingresos;  del mal estado del Mar Menor, aunque se empeñen en decirnos lo contrario… Podría incluso hablar de los balances de ocupación que hemos tenido y [Img #38278]donde, por cierto, queda claro que tenemos que trabajar más y mejor para conseguir que la Región de Murcia sea destino preferente de un turismo que en los últimos años se marcha hacia otros sitios. También podría, incluso, hablar de la Feria de Murcia, este año batiendo records y con una tremenda aceptación de público en lo que considero un cambio radical y una ruptura con lo anterior. Solo el acto multitudinario del pregón en la Plaza de Belluga con los Parrandboleros fue un pequeño botón de muestra de la aceptación de los murcianos y el apoyo que ha tenido el ciclo ferial o la feliz idea de ‘ganar’ el río Segura como escenario de múltiples actividades.

 

Pero, por desgracia, otros temas llaman mi atención a estas horas cuando además hace muy poco tiempo que se cerraron los colegios electorales en Cataluña y, sin analizar resultados, sí han dejado patente la triste división de la sociedad catalana fiel reflejo de lo que está ocurriendo en el resto de España. He utilizado para titular esta columna la célebre frase del escritor Miguel de Unamuno que no dudaba en expresar públicamente su amor y entrega a este país y sobre todo el inmenso dolor que sentía al hacerlo.

 

Decía el escritor vasco: “Me duele España". "¡Soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo". Esto dicho hoy, en esta sociedad que nos ha tocado vivir, supondría a los ojos de muchos llevar la etiqueta de fachas, cosa desde luego impensable en don Miguel. Unamuno fue militante del PSOE y manifestaba ideas socialistas en su juventud. Sin embargo, con el paso del tiempo fue perdiendo la fe y abandonó su militancia política. Estaba asqueado del comportamiento de muchos políticos que decían practicar la doctrina de Pablo Iglesias. Pero sobre todo, lo que más dolía en el corazón de uno de entre las más grandes personalidades y de los pensadores del siglo XX, era la ruptura de España en mil pedazos por obra y gracia de chabacanos pensamientos, no lejos del aldeanismo, y que sumieron al país en el caos más absoluto.

 

Pues bien, parafraseando a don Miguel, yo también me atrevo a decir hoy que “me duele España”. Es esperpéntico todo lo que estamos viviendo. Es alarmante que cada cual quiera romper un país que ha costado tanto construir. Es vergonzoso que, ya que se ha acabado el terror de las pistolas de ETA, nos salgan otros que sin armas pero usando el pensamiento y la palabra quieran acabar con algo tan grande como es España. Y no me refiero únicamente a las elecciones catalanas y todo lo que ello ha supuesto de ruptura. No. Para mí ha habido una imagen mucho más grave y que, a lo que parece, ha tenido nula contestación de las fuerzas políticas de este país. Me refiero al triste y lamentable espectáculo que dio en el Congreso de los Diputados, el que lo es por Amaiur, Sabino Cuadra, que se permitió el lujo ante toda España de romper, en la tribuna de oradores, un ejemplar de la Constitución.

 

Eso sí que me ha dolido en lo más profundo. Habría que preguntarle al señor Cuadra Lasarte, abogado por cierto, si no es precisamente gracias a esa Constitución que él ha destrozado la que ha facilitado que personajes como el tengan un acta de diputado. Habría que decirle que leyera a su paisano Unamuno, aunque Cuadra es de Álava, y lo que escribió sobre la idea de España y los comportamientos caciquiles y aldeanos de los irracionales. Triste y lamentable espectáculo el que nos ofreció ese diputado que, sin embargo, aquel miércoles 16 de septiembre tuvo solo  “pequeñas condenas” por parte de los portavoces en la Cámara baja y no una reacción contundente como hubiera sido de esperar. Qué menos que un comunicado conjunto de los partidos mayoritarios, por lo menos, condenando estos lamentables sucesos y dando imagen de que las dos grandes fuerzas parlamentarias persiguen el mismo fin aunque sea por caminos diferentes. Pero en este país llamado España lo permitimos todo bajo el casi impune manto de la democracia. Claro que si romper la Constitución española en el Congreso es un acto democrático, yo soy Manolete.

 

Esa carta magna, con sus defectos y con su más que necesaria actualización, es la que dicta las reglas del juego. Un documento que logró sentar en la misma mesa a personas tan radicalmente opuestas como Manuel Fraga y Santiago Carrillo para discutir sobre sus contenidos. Y se entendieron. Claro que se entendieron. Luego, a la hora de redactar su articulado estuvieron por parte de la UCD Gabriel Cisneros, Miguel Herrero Rodríguez de Miñón y José Pedro Pérez Llorca. El PSOE tuvo como redactor a Gregorio Peces Barba. Jordi Solé Tura por parte del Partido Comunista. Por Alianza Popular, Manuel Fraga y Miguel Roca por la minoría catalana. Los ‘Siete Padres’ de la Constitución española. Y que, gracias a ella, se consiguió que se  guardaran ‘pistolas y sables’ en el cajón del olvido.

 

En cualquier otro país del mundo civilizado se iba a permitir que un diputado, un miembro de la Cámara rompiera y menospreciara un ejemplar de la Carta Magna y más en público en el ‘Templo de la Democracia’. Pero en esta España nuestra todo vale y más de un tiempo a esta parte. Todo es ‘democrático’. Todo.

 

Por eso, mi admirado don Miguel, muchos años después de que usted lo manifestara me siento exactamente igual que estaba usted cuando escribió aquellos pensamientos que le salieron del alma: A mí también me duele España.

 

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