¿El secreto de Steve Jobs? Mindfulness
Cómo entrenar el liderazgo en empresas tecnológicas
Es resabido que Steve Jobs practicaba meditación. Concretamente meditación zaZen. Su Maestro era Kobun Chino, persona a la que fue ligado durante algo como 20 años, hasta su muerte, convirtiéndose en su mentor bajo el cargo de ‘Spiritual Advisor’ en Apple.
Pero más allá de lo que parece una extravagancia más del tan polémico como icónico Jobs, la meditación, así como lo relata Daniel Goleman, fue la piedra angular de la vida y del éxito del creador de Apple, convirtiéndose en
un modelo estratégico para muchas empresas de base tecnológica.
Difícilmente podríamos entender y explicar muchas decisiones e incluso la filosofía misma de Steve Jobs y de sus productos más exitosos, sin recurrir a la meditación y a esa habilidad que tanto el zaZen como la meditación Vipassana desarrollan: la atención plena o mindfulness.
Según relata Goleman, cuando Jobs volvió a Apple en 1997, se encontró con una empresa que fabricaba hasta 12 tipos diferentes de Macintosh, sumergida en el caos. Ante ello Jobs decidió simplificar, dedicándose solo a cuatro productos.
La máxima de Jobs era minimalista como el Zen: sus productos tenían que permitir al usuario hacer cualquier cosa con un máximo de tres clics. También se dice que el diseño blanco minimalista del Ipod se inspiró en la misma filosofía.
Pero el mayor beneficio que otorgó el desarrollo de la atención plena a Jobs, fue en la gestión de sus propios pensamientos y en la gran capacidad de mantener firme su enfoque en los procesos de toma de decisiones y dirigir posteriormente sus esfuerzos hacia objetivos claros, así como reconocer los pequeños indicios de equivocación para cambiar el rumbo y tomar decisiones atrevidas hacia cambios aparentemente incomprensibles como el concepto de ‘experiencia de compra’ de las tiendas de la manzana mordida: gracias a esa práctica, Steve Jobs se daba cuenta de lo que podría desviarle o distraerle de sus propósitos antes de que sucediera, reconduciendo su mente hacia el foco elegido y ahorrándose muchas pérdidas de tiempo y energía: según se dice, era capaz de sentarse a observar la actividad de su mente durante semanas. Usaba además la introspección para cambiar la forma en la que su mente funcionaba, algo conocido en psicología como meta-cognición. Gracias a ello Steve era capaz de “rechazar de manera implacable todo lo que le parecía superfluo, tanto en ámbito personal como profesional” escribe Goleman, característica que seguramente contribuyó a que Jobs pareciera tan borde como lo recuerdan unos, como entusiasta e inspirador para otros.
Escribe Goleman que esta capacidad de atención plena fue precisamente la que no supieron desarrollar en RIM, fabricantes de Blackberry, obcecándose en supuestas ventajas ‘históricas’ de sus dispositivos (teléfonos con teclados y sistemas de red cerrados), sin reconocer que el mercado se dirigía hacia otros conceptos.
Pero, más allá de Jobs y del ejemplo opuesto de RIM, la capacidad de atención plena se ha convertido para las empresas de base tecnológica en un valor estratégico diferencial debido a las propias idiosincrasias de ese sector, donde la brevedad de los ciclos de vida de los productos obliga a las empresas a asumir ritmos de cambio acelerados.
Dos son las estrategias que los consejos de dirección de las empresas suelen mostrar ante los mercados: explotación de un bien de reconocido valor (el caso de blackberry fue uno), o exploración basada en cambios rompedores y disruptivos (el lema ‘piensa diferente’ de Apple es un ejemplo de esta estrategia).
En los mercados tradicionales, las estrategias ganadoras suelen ser las de explotación. Pero en el sector tecnológico, las empresas ‘ambidiestras’, capaces de equilibrar exploración con explotación, son las ganadoras.
Jobs fue capaz de imprimir a Apple un adecuado equilibro entre explotación (firmeza basada en el mantenimiento del foco de atención) y exploración (fluidez y flexibilidad en las que se basa la disposición hacia los cambios para salir de la zona de confort).
Las funciones de exploración y la de explotación, tienen a nivel mental un regulador que se llama “función ejecutiva de la mente” que actúa de árbitro gestionando a la vez la concentración como la disposición fluida hacia un foco abierto, necesaria para la exploración. En particular, según un estudio del Centro de Investigación en Organización y Managment de Milán, Italia, la explotación está asociada a las actividades dopaminicas del cerebro ligadas a los circuitos de acción y recompensa, y a las áreas pre-frontales, mientras que la exploración está vinculada a las áreas que se ocupan del control de la atención y la función ejecutiva.
La meditación y el mindfulness precisamente contribuyen a desarrollar las funciones ejecutivas de la mente mediante el entrenamiento de los centros de atención.
Crear e innovar en los sectores tecnológicos requiere por un lado apostar por funciones de exploración así como, por el otro, un esfuerzo cognitivo que implica directamente a los centros de atención. Pero el mayor inhibidor de esos centros es la sobrecarga mental, cognitiva (por exceso en el manejo de información) y sensorial (por exceso de estimulación, proveniente por ejemplo de la frecuencia de mensajes recibidos por los distintos dispositivos de información). A estos factores de riesgos psicosociales se suman el estrés, la falta de sueño y los efectos de medicamentos orientados a reducir el estrés y facilitar el sueño.
Qué duda cabe que otro de los beneficios del mindfulness es la regulación del estrés, y una mejor conciliación del sueño, lo cual contribuye no solo a desarrollar las funciones ejecutivas del cerebro, sino a contrarrestar los efectos de los factores inhibidores que merman su funcionamiento.
Parece que el mindfulness, juega un papel muy importante para los roles de Liderazgo en las empresas tecnológicas, y supone una ventaja competitiva relevante para aquellas que adoptan y extienden su práctica entre los empleados.





















