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Opinión |
Miércoles, 14 de Octubre de 2015

Pintando fachadas

Sin ánimo de hacer publicidad, muchos conocerán el caso de imagen corporativa de Pepsi y Coca-Cola. Si bien Coca-Cola no ha cambiado de logo desde 1885, Pepsi lo ha hecho diez veces desde 1898. Sobre las ventajas e inconvenientes de esta curiosa comparativa podemos encontrar libros y libros sobre marketing a parte de legiones de defensores y detractores de ambas estrategias.

 

Enlazando con temas de rabiosa actualidad, el otro día me crucé con un caso interesante. Un compañero de una Junior Empresa se planteaba si había registrado su logotipo. Este chico, respondió ¿Para qué? Tras una breve explicación, se pudo ver la ausencia de necesidad de registrar un logotipo que seguramente, en menos de un año fuera otro.

 

Es una práctica habitual cuando hay fuertes cambios en la dirección de una entidad o institución que el equipo promotor del cambio quiera dejar su marca, y aunque uno puede trabajar día y noche sin descanso mejorando cientos de aspectos que al no ser visibles de cara al exterior no sean valorados. Una cuenta de resultados tiene poco impacto en la sociedad, una Pepsi de color verde puede crear un ejército.

 

Esta necesidad del nuevo de dejar su marca crea una analogía interesante con la mal llamada nueva política. Muchos estamos cansados de escuchar frases del tipo “Yo no voté esta Constitución” ya que conozco poca gente viva desde 1787 en Estados Unidos. A quien no les guste el Tío Sam pueden buscar ejemplos más cercanos pero todos hemos visto cientos de películas a gente acogerse a la Quinta Enmienda con orgullo y no con vergüenza de que se haya tenido que actualizar una carta magna.

 

Esto nos plantea dos cuestiones. ¿Esos ecos que se escuchan de procesos reconstituyentes van orientados a que todos tengamos un Estado mejor o nos encontramos ante un grupo de gente que quieren reinventar la rueda para figurar como padres de un hijo que no es suyo? Desde luego, la crisis ha fomentando endemoniar a gente que pudiendo ser un síntoma del problema desde luego no son la causa. Si bien a nivel micro en una entidad pequeñita podemos ver gente que cambia un logo para intentar ser recordado por su autoría, a nivel macro puede pasar lo mismo con una Constitución.

 

Es por ello que cuando se escuchan otras músicas, como que la Constitución más que modificarla hay que cumplirla, y que existen mecanismos de sobra para hacerlo cumpliendo la legislación vigente, la música empieza a ser mucho más inteligente. No obstante, si alguien se pregunta cómo siendo minoría esta gente logra sobrevivir recomiendo encarecidamente el visionado de esta lección magistral.


A muchos nos abrió los ojos en su tiempo.

 

 

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