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Opinión | Ética empresarial y personal
Viernes, 13 de Noviembre de 2015
José Pomares

De nada sirve la luz si no vas a iluminar el camino de los demás

Ya decía Santo Tomas: “Todos los pecados del ser humano proceden de un único origen, la soberbia.” Quien me conoce sabe que en todas las empresas a las que voy repito que da igual que sean grandes, medianas o pequeñas. El origen de los problemas siempre es el mismo; la envidia, la soberbia y la falta de humildad del grupo humano. Luego se revisten de tecnología,  procesos y procedimientos, pero no está ahí la raíz de la “enfermedad”  que hay que tratar.


El perfume de una vida plena es la HUMILDAD. Hay gente que encandila pero no mira a nadie porque solo quiere brillar ella. Otra gente tiene luz interior y la contagia con su actitud y atrae a los demás. El magnetismo de una persona se basa en su humildad. De nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.


Toda la oscuridad del mundo no puede apagar una vela.

 

A la oscuridad no se la combate con guerras, sino con la luz que podamos aportar desde nuestro interior.

 

Y por eso hay que mirar dentro de uno mismo. Cuando estoy en mi centro, tengo vivencias y elijo el poder del amor y sé compartir; cuando salgo a la periferia sólo sobrevivo y opto por el amor al poder, a querer controlar todo y competir.

 

En la medida en que trabajemos sobre nosotros, mejoraremos nuestros vínculos con los demás.

 

La humildad es  el valor clave y que se antepone a todos los demás.

 

Y la humildad lleva al AGRADECIMIENTO. Como agrado del ser, no como cortesía. O soy agradecido o no soy agradecido. O se es agradecido o se vive instalado en la queja. Dime cuanto agradeces y te diré cuanto aprendiste a vivir. Si vives agradeciendo, las personas se te acercarán. Si vives en la queja, se alejarán

 

Los regalos auténticos de la vida no vienen envueltos con lacitos. Por eso cuesta tanto reconocerlos. El agradecimiento es la memoria del corazón

 

De ahí la diferencia entre liderar y mandar. Los valores que buscamos en las personas para desarrollar un alto desempeño solo los podremos obtener si lo dejamos florecer del interior de cada persona. El amor y el entusiasmo con que las personas hacen su trabajo no se puede comprar.

 

Nunca me ha gustado eso de ‘Recursos humanos’, porque la única manera feliz de alcanzar objetivos, resultados y fines es comenzar por principios que valoren lo humano de los recursos. Y cada vez menos se tienen y trabajan principios y valores humanos. Sólo recursos.

 

Y aunque de todos es sabido que lo que hacemos afecta a los otros, lo que NO hacemos también afecta a los otros. No basta con arrepentirse del mal que se ha causado, sino también del bien que se ha dejado de hacer.

 

Y la humildad y el agradecimiento hacen que brote en nosotros la  GENEROSIDAD. Es distinto al respeto. El pegamento del grupo humano es la generosidad. La generosidad acerca, el respeto no (cada uno queda en su lugar). Evalué el funcionamiento del grupo humano en orden a la generosidad del mismo (ayudará a superar las crisis). Y prémielo.

 

La vida es una cuestión de argumentos. Argumentos para aguantar el esfuerzo de poder alcanzar cualquier meta.

 

Las dos incapacidades más habituales son la Incapacidad para mantener el esfuerzo y  Incapacidad para aplazar la recompensa.

 

Muy pocos logran llegar a sus objetivos, y los que lo consiguen quieren más, quedando atrapados en el sistema, para mantener lo que tienen y seguir ambicionando nuevos logros (vea el listado de personalidades de Forbes)
Esto es lo que pretende la sociedad de consumo. Confundir la felicidad (vivir con plenitud tu ideal y misión en la vida) con el placer.

 

El placer provoca adicción, la adicción querer más, lo que conlleva a la vida cuantitativa, a la acumulación, desembocando en la corrupción.

 

Todo el mundo sabe lo que No quiere, pocos saben lo que quieren.

 

Y con esos valores encarnados en nosotros, se transformarán  en virtudes alcanzando nuestra libertad.

 

Si la libertad no está en función de la unidad, caemos en el INDIVIDUALISMO (el veneno de la conciencia colectiva).

 

Si la libertad no está en función de la generosidad, caemos en el EGOISMO (el veneno de la conciencia personal).

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