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Opinión | El mirador
Miércoles, 25 de Mayo de 2011
Miguel Galindo

Humanitaritis

No cabe la menor duda que nuestra ministra de defensa, Carmele Chacón -me niego a decir Carme, o Carma, o lo que sea, y no por nada, pero es que me jode poner un dialecto por encima de un idioma- padece de humanitaritis. Es que se le nota más que las rayas a una cebra, vamos… No pierde ripio en encasquetar el calificativo de humanitario a todo lo que se le ponga por delante del gatillo, aunque también intente decir que los fusiles españoles llevan un gato pequeño bajo el cañón, en su deseo de disfrazar de humanitario lo que solo es bélico. En el caso de Ejpaña, tebeo de hazañas bélicas, pero belicismo al fin y al cabo, aunque sea al cabo primero.

    Lo de que nuestras fuerzas armadas solo están para ayudas humanitarias es archirepetido hasta el punto que ya se nos conoce por los sancristobalitos. Nos falta una aureola por casco y el Nóbel de la Paz por divisa. Lo que pasa es que ya no se lo cree nadie. Solo los que viven de esto. Las defensas humanitarias no solicitadas pero sí que impuestas por interesadas resoluciones se parecen demasiado a intervencionismos más que a humanitarismos, sobre todo cuando los derechos humanos siguen siendo violados y pisoteados sistemáticamente bajo esas mismas intervenciones humanitarias, y no se mueve un dedo para corregirlos ni proteger a sus víctimas directas.

    La explicación que doña galones dió en la Comisión de Control del Congreso de que lo nuestro es una “intervención armada defensiva” no deja de ser mas que una penosa grouchada. Uno se defiende y defiende lo suyo en su sitio, no va a invadir la casa de nadie para defenderse allí de sus propios inquilinos. No se puede calificar de defensiva una fuerza de ocupación, señora Chacón.

    Lo último que le he oído a esta mujer respecto a una supuesta asistencia a una patera de refugiados por parte de una fragata nuestra que pasaba por allí, es lo de… "que estaban en peligro humanitario". Repetido además por dos veces (Telediario 10/05 mediodía). La leche. Peligro humanitario… Yo, desde luego, necesito traducción, no sé ustedes. Esto es ya humanitaritis febril. Yo entiendo que el peligro jamás puede ser humanitario, de ninguna de las maneras, puesto que el peligro es peligroso pá tó quisqui y es de tó menos humanitario. Ahora bien, el hecho de prestar ayuda a quién te la pide sí que es un hecho humanitario. No es lo mismo, Carmele, no lo es… Una cosa es, repito, que nos tropecemos en nuestro camino alguien que solicita que le echemos una mano, y otra que nos metamos en corral ajeno sin permiso del dueño, y “óigan, que aquí venimos a salvarlos de ustedes mismos aunque no lo quieran…”.

    Y es que, en realidad, lo que le pasa a Carmele es que tiene un complejo de culpa que no se lo salta un galgo afgano, dicho sea de paso y sin ánimo de molestar. En psiquiatría está másquestudiao, y creo que lo llaman recurso de autoafirmación o algo parecido. Osea, necesita convencer y convencerse, sin parar de repetir y repetirse lo contrario a lo que su subsconsciente cree. Ni más ni menos. A ver si después de postularnos la banderica humanitarística miles de veces en toda acción militar a su mando, terminamos por asumir el espejismo de ver al Mahatma
Gandhi en vez de al Coronel Gutiérrez. Y a nuestros soldados cargando los Cetmes, o lo que se lleve ahora a la guerra, con merengues y almendras garrapiñadas. Y que en vez de que el cabo-guardia grite “alto, quién va?”, largue una jaculatoria y un “amiguito que Dios te  bendiga”… Lo que yo le diga… Carmele
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