La Condomina: cara y cruz del fútbol en Murcia
Resucitó el viejo y castizo barrio de Santa Eulalia gracias al fútbol. La vieja y entrañable Condomina, como una gran señora, vistió sus mejores galas. Arreglada, maquillada, vestida para la ocasión era la imagen de esa gran dama que siempre fue, y será, que lucía en todo su esplendor para recibir a los hijos ausentes que volvían a sus vetustas gradas muchos años después de salir de ella.
Desde horas antes del encuentro restaurantes, bares, cafeterías, confiterías y hasta los establecimientos chinos que pueblan aquellas callejas de la vieja Murcia se encontraban llenos de público, como siempre, camino del campo de fútbol en las Puertas de Orihuela. Un amplio despliegue de Policía Municipal y Nacional velaba porque
todo saliera según lo previsto y que el partido entre los universitarios de la católica y el centenario Real Murcia transcurriera por los cauces estrictamente deportivos. Y realmente fue así toda la tarde. Ni un mal gesto, ni una discusión, nada. Un comportamiento ejemplar de hermanos que animando a sus colores vivían con pasión el encuentro. Y en los accesos miles de personas con bufandas, banderas, gorros y accesorios de toda índole del moderno mercado de recuerdos se agolpaban en las inmediaciones del viejo estadio. Resucitaba la Condomina. Y con ella santa Eulalia, como siempre, lucía sus mejores galas. Vieja estampa de la Murcia que se fue para siempre.
Fueron momentos de reencuentros. De caras conocidas de toda la vida. De amigos que, tras muchos años, se volvían a encontrar haciendo cola en las largas filas que se formaron para acceder al interior del estadio. Todo eran recuerdos. Las conversaciones giraban en torno a las tardes de tristezas y glorias, que de todo hubo, que vivimos miles de aficionados en ese entrañable campo de fútbol. ¿Recuerdas cuando Figueroa sacaba las faltas? ¿Te acuerdas del escándalo que montó Andújar Oliver? ¿Y cuándo despejaba Campillo los balones del área? Y salían en la conversación los Canito, Ruiz Abellán, Higinio, Lalo, Quincoces, Husillos, Añil, Macanas, Mompean, Tito Pazos, Juan Antonio, Ponce, Arnaiz y tantos y tantos jugadores que todavía permanecen vivos en la memoria del aficionado especialmente de todos aquellos que pintan, pintamos, canas. Quizá también los más nostálgicos el domingo. Aquellos que acudimos de niños al estadio con nuestros abuelos y padres pero que hoy, ausentes ellos, lo hacemos con nuestros hijos e incluso muchos con sus nietos.
Surgían las comparaciones. La modernidad de las nuevas instalaciones pero también la frialdad de las mismas. Hasta el olor a césped se hacía patente en la vetusta casa que fuera del Real Murcia cosa que, en el flamante estadio, ni se huele ni se percibe ni tampoco se siente. Recuerdos, olores, sensaciones y viejas estampas que marcaron la vida de cientos de miles de aficionados que, el domingo, resucitaron como por arte de magia gracias a que hoy el UCAM C.F sigue jugando en esas instalaciones municipales que, si no hubiera sido por el equipo universitario, hubieran caído en el olvido y la ruina absoluta. La Condomina, me niego a calificarla como “vieja”, sigue viva gracias a los “azul marino y oro” Si no fuera por eso hoy no sería más que un infame montón de cemento olvidado en el centro mismo de la ciudad.
Y todo ello ha sido posible, hay que decirlo, gracias a José Luis Mendoza. Preciosa por cierto la foto al inicio del encuentro cuando el Presidente de la Católica entregó a Cáritas la recaudación obtenida en este encuentro de rivalidad fraternal. Todo el dinero que los murcianos dejaron en taquillas fue a las manos de Cáritas para paliar tantas necesidades que hoy, por desgracia, pasan miles de familias que acuden a esta institución buscando alimento y ropa para poder seguir adelante en el duro calvario que les ha tocado vivir. Y eso lo hizo el “patrón” de la UCAM. Todo lo recaudado para los necesitados. Cualquier día podemos esperar algo parecido del señor Samper. Apañados estamos.
Por cierto que en el trascurso del encuentro se escucharon en varias ocasiones gritos en contra del “dueño y amo” del centenario club murciano. Protestas para quien ha sumido las glorias del Real Murcia a puro barro arrastrado por el suelo. El todopoderoso caballero al que un mal día, esta ciudad, puso una alfombra roja a sus pies para que no se manchara los caros zapatos que traía de la calle Serrano y el, incluso, se ha limpiado el calzado no solo con la alfombra sino con las ilusiones y las esperanzas de una afición que sigue siendo fiel al club pimentonero. Pero Samper ni está ni se le espera como dijo, el marqués de Mondejar, aquel triste día del golpe de Estado cuando alguien preguntó por el general Armada en Zarzuela. “Samper, ni está ni se le espera”. Yo como murcianista, aficionado y socio del Real Murcia y como murciano enamorado de mi ciudad me gustaría, me encantaría, que en un futuro inmediato, si ello fuera posible, José Luis Mendoza se hiciera cargo del equipo. Sentí sana envidia de ver como tiene y como lleva el club universitario el Presidente de la entidad docente. Y encima, ante un partido de máxima rivalidad y con las gradas de la Condomina a reventar, toda la recaudación para Cáritas y entregada por medio de un cheque al comienzo del encuentro de fútbol. A la vista de los aficionados y de testigos el árbitro, auxiliares y los dos capitanes. Eso se llama amor, entrega y sacrificio por los demás. Eso, hoy, lo hace José Luis Mendoza y nadie más es capaz siquiera de platearlo o hacerlo. Y todavía, en esta ciudad, un sector le condena y le critica. Nunca lo entenderé.
Bonico es el señor Samper, y sus ruinas, como para entregar a Cáritas un solo euro. Aparte de echar a empleados del club, llevar atrasos en la nóminas, tener cola en los juzgados competentes y por deber, debe hasta de callarse. Ante todo esto, lógicamente, el patrón del centenario club ni aparece por Murcia. ¿A que va a venir?
En fin, desconocido lector, que el domingo santa Eulalia resucitó y la Condomina se vistió de fiesta y gala. Que vivimos una gran tarde de fútbol, lo de menos es el resultado, y que la ciudad de Murcia tiene que estar muy orgullosa de dos equipos que capitanean la tabla de segunda B con serias aspiraciones para el ascenso de categoría. Ojala lo consigan los dos aunque sea directamente uno y el otro en los “play off” pero Murcia y los murcianos se merecen pisar fuerte en la categoría de plata del fútbol español. Salir del pozo sin fondo del grupo actual y aspirar a la primera división pues tenemos afición para eso y para más.
La pena es que los dos presidentes no están a la misma altura y distan años luz el uno del otro. Mientras que el UCAM C.F tiene a un caballero al frente que es José Luis Mendoza el histórico y centenario Real Murcia está en manos de un pésimo dirigente que, por méritos propios, es el peor que ha tenido en sus más de cien años de vida e historia.






















