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Opinión |
Martes, 19 de Enero de 2016

¿Cuánto nos costará el egoísmo de Rajoy y Sánchez?

La sombra de la corrupción y la pésima política económica impiden a Rajoy continuar, mientras que Sánchez quiere salvar su futuro político a costa de acabar con el PSOE

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez están anteponiendo sus intereses egoístas por encima del interés general. Ambos pretenden salvar su futuro político y profesional a costa del bienestar de todos. Rajoy ha sido incapaz de mejorar la salud de la economía, porque tenemos casi el mismo paro que dejó Zapatero y menos gente en edad de trabajar, y Sánchez ha dado la espalda a la socialdemocracia europea mientras que ha abrazado a los amigos de Podemos, como Tsipras y el Frente Popular luso.


Rajoy, por un lado, es incapaz de liderar esta nueva etapa política por los escándalos de corrupción que han salpicado tanto a su partido como a él mismo. Recordemos que según los papeles de Bárcenas, el presidente del [Img #40550]Gobierno supuestamente habría cobrado dinero negro y el ex tesorero del PP insiste en esto. Pero es que cuando salió a la luz el escándalo de corrupción de Bárcenas, Mariano se negó a dar la cara, nos puso el plasma, y eso sí: “Sé fuerte, Luis”.


En el mismo momento en que trascendió eso a través de los medios de comunicación, Rajoy tendría que haber dimitido por decoro, como hubiese ocurrido en cualquier otra democracia. Él no se va ni con agua caliente.


En cuanto a las cifras macroeconómicas, Rajoy ha suspendido. Haciendo caso a la EPA, el PP nos ha dejado casi el mismo desempleo que nos legó Zapatero. En el tercer trimestre de 2015 el paro alcanzaba al 21,18% de la población activa, mientras que en ese mismo período de 2011 se situaba  en el 21,28%. Diez décimas menos, todo un logro si olvidamos que hay 583.000 personas menos en la población activa-gente en edad de currar y dispuesta a hacerlo-.


Miles de jóvenes se han exiliado por la falta de oportunidades. Y algunos parados de larga duración han tirado la toalla por la desesperación y al dejar de buscar trabajo activamente ya no figuran como  desempleados, aunque no tengan curro.


De este modo, la lista de paro en términos absolutos adelgaza no por la reducción del desempleo, sino por la caída de la población activa. En el tercer trimestre de 2011 teníamos casi cinco millones de parados y en el mismo período del 2015 contamos con 4.850.800 desempleados. Muchos han salido de la lista por irse al extranjero a currar o tirar la toalla, no por haber encontrado trabajo.


Con respecto a la deuda pública, el Gobierno del PP la ha disparado del 69% del PIB que encontró hasta el 100%, como indica la Comisión Europea. España ha seguido endeudándose por el rescate de la Unión Europea, que dio 100.000 millones de euros a nuestro país para salvar el sistema bancario. Y hay que decir que se ha mantenido la faraónica administración pública con diputaciones y burocracia política que no sirven para nada. Bueno sí, para darles sillas a los políticos y que sigan ahí.


Por todo esto Rajoy debería irse, pero Sánchez también. El líder del PSOE ha llevado a su partido a la ruina electoral al abandonar el alma socialdemócrata y moderada del partido socialista. El centroizquierda español que construyó Felipe González, Sánchez se lo ha cargado en dos días al unirse con Podemos. La formación morada ha devorado al PSOE.


No obstante, Pedro Sánchez está dispuesto a pactar con Podemos, con independentistas e incluso con Ciudadanos, al que llamaba ‘nueva derecha’. Quiere pactar con cualquiera que pueda darle la presidencia. Es su única oportunidad para llegar al Gobierno y salvar su futuro político.


Su modelo es la coalición de izquierdas lusa, pero la suma de las izquierdas no da mayoría absoluta en España. Y además, quiere emular a gobiernos que suben impuestos y aumentan el gasto público para endeudar más el futuro de los ciudadanos. El PSOE debería mirar a Renzi en Italia o el legado de Tony Blair. En Italia el centroizquierda está liberalizando la economía y la socialdemocracia de Tony Blair fue capaz de bajar impuestos a familias y empresas, y aumentar a la misma vez la inversión pública en educación y sanidad.

 

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