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Opinión |
Miércoles, 09 de Marzo de 2016

Vestiduras, investiduras e incertidumbre

Estamos en plena vorágine postelectoral, que nos inviste y desviste al unísono. Vivimos en un tiempo de indefinición, un tiempo de incertezas a todos los niveles: político, económico y social. Se habla de crisis de valores, de egoísmo y de corrupción como si fueran inherentes a este tiempo que nos toca vivir, como si indefectiblemente no tuviéramos más remedio que soportar y arrastrar esta plaga de nuestro todavía joven siglo XXI.

 

Parafraseando a Carlos Fuentes, la significación de este tiempo es restarle significación al tiempo. Esto sería hoy  pretender emular a Lord Byron, o a nuestro Machado. Cada intento de responder al tiempo con un libro, un cuadro, una partitura, o un artículo callado como éste, es hacerle el juego a una época que quizá no lo merezca. Máxime contemplando  el triste espectáculo que nos ofrece cada día… Si no queremos la corrupción de quienes han de exigirnos ser lo que no somos, o de quienes han de aislarnos y convertirnos en inofensivos, sólo nos queda refugiarnos en aquello que llamamos principios, y hacernos fuertes en ellos. Tendremos mientras dure esta calamitosa indefinición que atrincherarnos en nuestras más profundas creencias, o renunciar y callarnos o, lo que es peor -como diría el propio Fuentes-  cantar el panegírico de aquellos que pretenden su consagración.

 

Afirman, no obstante, que lo peor ha pasado ya; aseguran los que entienden que la recuperación macroeconómica es un hecho, mas la microeconomía nos demuestra a diario que el tren de los deseos discurre muy por delante de la realidad. La situación política no ayuda en nada; la economía no entiende de pactos, aunque sí de componendas. Un reciente artículo publicado por el Servicio de Estudios del BBVA ofrece una valoración de los efectos que genera la desconfianza en la economía; los autores  llegan a la conclusión de que “la factura de la incertidumbre podría ascender a 5.000 millones”, teniendo presente que cada punto de caída del PIB implica una pérdida de 10.000 millones de euros. “Con una demanda estancada, las inversiones cayendo y la prima de riesgo in crescendo, el crecimiento del PIB en el año 2016 podría reducirse en medio punto”.  

 

Si a este mal augurio, se le suma el hecho comprobado, de que a 31 de diciembre, los inversores retiraron más de 70 mil millones de la España de nuestra esperanza, se puede calibrar, en su precisa medida, el riesgo que nos acecha. Las turbulencias de los mercados y las muchas dudas que genera la actual coyuntura política española provocan el terror en el dinero, o al menos en los que lo tienen.

 

Y España -y especialmente nuestra Región- no se puede permitir el lujo de decrecer. Murcia se encuentra entre las comunidades autónomas con menor PIB per cápita en 2014 y  lejos de la media de la Unión Europea  según los datos publicados por la oficina estadística comunitaria, Eurostat. Es decir, que nuestra macroeconomía, ésa a la que tanto se recurre como árbol ocultador de bosques, tampoco está a salvo de la epidemia de desconfianza y desempleo que nos sigue persiguiendo. Así el virus del paro aún contagia a más de 4.150.000 españoles (130 mil murcianos), que sufren con mayor virulencia la inactividad de aquellos que les representan que la suya propia, forzada y forzosa.   

 

Sin embargo, en este país, nación de naciones, parece que preferimos  continuar mareando la perdiz… Una perdiz que nos puede costar, en el mejor de los casos, más de cinco mil millones de euros en nuestro necesitado PIB. Y ya adivinan quién va a ser el virtuoso Paganini de este solo de violín, que resuena  en medio de la estruendosa sinfonía global de los mercados. La situación que vivimos peligrosamente no es como para rasgarse las vestiduras todavía; pero sí para investirse ya de valor, y reaccionar de una vez. Y no como otros que deshojan empecinadamente la margarita electoral, mientras ocultan su cabeza bajo el ala de un ave fénix  que no ha de renacer. Para nuestro infortunio, hace mucho tiempo que se extinguieron los fénix de los ingenios.

 

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