Contra la gente
El ayuntamiento de Murcia ha quitado los candados que las parejas jóvenes cerraban en el Puente Viejo, al parecer siguiendo una absurda moda amorosa que tuvo su origen en un libro italiano con un título como de canción de Miguel Gallardo, 'Tengo ganas de ti', donde los enamorados tiran luego las llaves al río. Varias ciudades de todo el mundo habían retirado ya de sus puentes toneladas de esos mismos signos de posesividad enfermiza entre tortolitos. La bobería es contagiosa y las autoridades han debido actuar por el bien de todos.
La proliferación incontrolada y global de candados sentimentales suponían una amenaza contra la arquitectura, pero sobre todo contra la jerarquía. Quiénes son las parejitas principiantes para obligarnos a soportar al resto las equivocaciones pasajeras de su amor, ocupando permanentemente el espacio público. Las autoridades, que
tienen el monopolio del uso de una fuerza proporcional y legítima, han ido quitando todos los cerrojos, en todos los puentes del mundo. Los cerrojos son también acoso dentro de la pareja. Si encierra el amor, él no te quiere, ella no te quiere. Fuera.
No está mal iniciar a los incautos en las verdades crudas de la vida. No quería decíroslo, mis queridos niños, pero vuestro amor eterno del candadito se iba a acabar de todas formas en cuanto alguno de los dos le guste más otro de facebook. Imagino el dramón familiar colectivo, con todos esos papás indignados clamando contra los políticos que acaban con las ilusiones y las bodas en ciernes y yendo a votar en masa a Podemos. Pablo Iglesias seguro que puso un candado en algún puente tras el beso en el Congreso a Domènech.
Sin embargo, el mundo amanece mejor con todos los puentes del mundo limpios de la sensiblería del público. Es una gran noticia que los políticos se pongan serios aunque sea por un día, gobernando contra la gente, como sería el deber de aquellos dignatarios que miran lejos. A la gente hay que corregirla cuando se sube a la chepa, porque la escalada de caprichos, si se la consiente todo, puede llevarla muy lejos.
Dicen que los políticos deben ir siempre “un paso por delante de los electores”, pero yo me conformo con que vayan siempre un paso por detrás, por ejemplo rompiendo sus candados del amor cuando las parejitas acaban de tirar sus llaves al río. Y así, in fraganti, hacerles ver lo ridículo de su actitud.
Ya que los padres no castigan ya en casa ni dicen una palabra más alta que otra a los malcriados, porque los primeros malcriados son los propios padres, el Ayuntamiento es el encargado vicario de dirigir a la ciudadanía por el buen camino. Y dejar claro que el amor no puede hacer lo que le da la gana en una ciudad escudándose en que las faltas (y delitos) amorosos son todos perdonables. ¿Por qué las cosas que se hacen por sentimientos son más leves? Hitler odiaba la carne por sentimientos hacia los animales, y ya se sabe que este hombre hizo alguna trastada que otra.
Las parejitas incívicas pero con ojos de cordero degollado ponen su candadito, en gigantescos racimos, y tiran las llaves desde cada puente del mundo creyendo que así su amor estará a buen recaudo. Al menos hasta que las autoridades, dignificando su labor, con su puño enguantado, lleguen con las rebajas sentimentales y acaben con toda la tontería. Así se hace.





















