Quién fuera panameño
Entre papeles de Panamá, reivindicaciones condales, offshores sorianas, manos limpias y budismo a ratos, nos envuelve un desconcierto desolador. No obstante, con los ojos empañados por la rabia, aún nos empeñamos en la sacrosanta voluntad de ver brillar la luz entre tantas incertidumbres... Y es de aplaudir el intento de esos valientes ingenuos, que somos la mayoría. A todos los niveles, nos acechan sombras y fantasmas de un pasado que se hace presente a cada instante. Que lo que nos sucede hoy, nos ha venido sucediendo habitualmente, no les quepa ni la menor duda. No aprendemos; nos subyugan los paraísos artificiales, sobre todo si se nos muestran fiscal y sexualmente generosos. Que sería de este orbe sin las omnipotentes Liechtensteins, Andorras, Jerseys y otras vírgenes islas, comúnmente consentidas y amadas.
En nuestro aquí y ahora, sacudidos por esos paradisíacos movimientos sísmicos, estamos entrando en la recta final de una investidura también digna de un extraño jardín del Edén; entre nosotros, el árbol de la ciencia del bien y del mal ofrece su tentadora manzana en los huertos de La Moncloa. La búsqueda del elegido monclovita que la muerda, se hace cada día que pasa más ardua, por no decir hiperbólica y surrealista. ¿Quién será el Adán y la Eva de nuestro exclusivo génesis? No se sabe bien; tampoco se conoce el nombre de la serpiente. O si se conoce, se calla.
La cuadratura de ese círculo virtuoso o vicioso, según cómo se mire, que conformarían Psoe, Ciudadanos y Podemos, se ha complicando en grado sumo. Y la otra opción, la de la gran coalición, se antoja tan quimérica o más que la anterior... Así que ni gobierno a la alemana, ni a la valenciana, ni a la murciana siquiera (como irónicamente sugería el diputado Teodoro García). De esta infausta suerte, pocas soluciones se pueden otear en el horizonte, ni siquiera le queda al españolito (te guarde Dios) el consuelo de refugiarse en su particular paraíso, con o sin offshore.
Que nos veamos abocados a unas nuevas elecciones no es lo peor; lo peor es que hasta bien entrado el otoño este país seguirá desgobernado. Mientras tanto, en las regiones, comunidades o nacionalidades que lo componen, continuaremos sufriendo una terrible indefinición que tiene y tendrá cuantiosos costes económicos. ¿De qué ha servido que los españoles mayoritariamente hayamos manifestado en las urnas que queremos que nuestros representantes sean dignos de serlo, y que hablen, negocien, pacten, acuerden? España no quiere mayorías absolutas, lo ha dejado bien claro. Y si se repitieran los comicios, lo dejaría todavía más. Es muy probable que el resultado del 26 J se parezca al del 20D hasta en las discrepancias, que a buen seguro suscitaría entre sus dignas señorías.
En nuestra Región, la ausencia de Gobierno también nos pasará factura. De hecho, ya la está pasando. La CROEM, hace unas fechas, advertía de que la incertidumbre se halla entre las causas de la fuga de empresas que se ha producido en la Región durante el último año. Según sus datos, en 2015, han abandonado nuestra Comunidad 172 empresas. La patronal insiste en que la interinidad del Gobierno pone en peligro unos 1.000 millones de inversión, el equivalente a la cuarta parte del presupuesto regional. Mil millones... Y su presidente, José María Albarracín, alerta de que hay una veintena de proyectos en suspenso, y que penden del hilo de la incertidumbre unos 2.000 empleos. Con el nivel de paro que soportamos, clamaría al cielo que se perdieran dos mil empleos por indefinición…
Como es obvio, esta inestabilidad política puede afectar gravemente a nuestra realidad macro y microeconómica, que de por sí se haya muy amenazada por una deuda de más 7600 millones y un déficit endémico. Aunque hemos dejado de ser los campeones del déficit, cosa que hace sólo 12 meses parecía impensable (al cierre del año pasado, ocupamos la 4ª posición de esa ominosa clasificación), la situación podría tornarse en insostenible. Pese a la reducción de 70 millones de euros en el déficit público, Murcia el año pasado no pudo cumplir los objetivos que le había marcado el ministerio de Hacienda. Cerramos 2015 con un déficit del 2,38% del PIB (660 millones de euros), que sería del 2,52% si se hubieran computado los gastos originados por los terremotos de Lorca.
En cualquier caso, hemos triplicado con creces el objetivo, que estaba en el 0,7%. Un 0,7 que también marcará el límite este año, gracias a que el ministro Montoro se ha apiadado de nuestras incumplidoras comunidades autónomas. A ultima hora (y sin previo aviso), ha duplicado el margen de maniobra, cuando en un principio se había establecido la meta del 0,3%, tan exigente como inalcanzable para la inmensa mayoría.
Evidentemente, desfasarnos 660 millones no es como para que repiquen las campanas de ningún campanario. Aunque soy muy consciente del esfuerzo que se ha hecho y de la infrafinanciación que sufrimos (unos 250 millones de euros menos que la media de las comunidades), también lo soy sobre el porvenir que le espera a una región como la nuestra con una deuda que se acerca peligrosamente a los 8 mil millones y un déficit del 2,38% del PIB. O empezamos a cuadrar las cuentas, o si no, nos las ajustarán. Y a mí no me salen las cuentas, ni con infrafinanciación.
Sin embargo, empiezan a surgir pronósticos favorables que indican que estamos en el camino de la recuperación económica. De este modo, el último informe del BBVA vaticina que la economía regional se consolidará a lo largo de los dos próximos años, con crecimientos del PIB del 2,7% en 2016 y del 2,8% en 2017. Pero este mismo informe incide en que la incertidumbre política puede reducir a la mitad el crecimiento previsto para 2017, y alerta de una “atípica acumulación de riesgos” que amenaza la tan ansiada recuperación . Es decir, que de lo dicho, la mitad de la mitad.
En definitiva, si a nuestros problemas intrínsecos de financiación, le sumamos ese caos llamado investidura, que conlleva inquietud en todos los sectores económicos e implica el aplazamiento de leyes, inversiones, reformas estructurales, obras públicas, programas de ayudas e incentivos, nos podemos hacer cargo de la factura que nos toca pagar. Porque nosotros sí que la pagaremos, no como otros privilegiados. Quién fuera panameño... O al menos andorrano.






















