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Opinión |
Martes, 24 de Mayo de 2011

La democracia real

Las elecciones locales y autonómicas han convulsionado este país de nuestro querer; después del 22-M, nada volverá a ser lo mismo; una era se agota, un tiempo nuevo se avecina; y un político, que se aferra a sus zapatos, debería pensar en marcharse cuanto antes, ¿para qué prolongar su agonía? El triunfo arrollador del PP deja en evidencia a un partido socialista alicaído y sin perspectivas; los propios socialistas lo saben, y con estoicismo lo admiten. Vapuleados en las municipales (diez puntos de diferencia les separan de la azul marea popular), zarandeados en las autonómicas, lo único que éticamente les corresponde ahora es el adelanto de las elecciones generales, por mucho que se obstinen en lo contrario.

    En nuestra Región, la debacle ha sido total, con un 23% de los votos (casi nueve puntos menos que hace cuatro años) y 11 diputados, el PSRM ha obtenido los peores resultados de su historia. Pero, siguiendo el ejemplo 'monclovita',
García Retegui tampoco dimitirá; le echa la culpa al malestar por la crisis, y se queda tan ufana. “Voy a ser la responsable portavoz del grupo parlamentario socialista, salvo que el partido me diga lo contrario, y no me lo va a pedir. Pensaremos en los ciudadanos, y no en términos de partido” dijo cariacontecida en su comparecencia tras el cataclismo electoral. Rara forma de pensar en los ciudadanos, la de empeñarse en seguir rumbo a la nada.

    Sin embargo, para los de la 'democracia real', somos todos los que vamos rumbo al limbo, porque estamos perpetuando un “sistema político muerto”; según ellos las elecciones no dejan de ser un ritual inútil, donde se nos trata como una mercancía en manos de políticos; sus sueños no caben en las urnas. Pues bien ya está todo el pescado vendido en el mercado electoral; es de esperar que al menos respeten el valor de nuestros votos.

    De esta sufrida campaña de eternos perdedores y triunfadores perdidos, sólo nos queda el vago recuerdo de cómo las ciudades y los pueblos de la España entera, de la profunda y también de la superficial, se llenaban de evocadores ruegos pintados en carteles de llamativos colores: VOTA... Rugía el VOTA por todas partes... Y ubicuos y exultantes, victoriosos, excitantes y lujuriosos se extasiaban a su lado nombres y rostros diversos... Y de repente, casi sin quererlo, impelidos por fuerzas ocultas, depositamos nuestro voto frente al espejo de nuestra responsabilidad. Votamos y escribimos, con nuestra participación, un papel secundario en la obra que representamos en el escenario de la Historia, que otros protagonizan por nosotros.

    Mas no todos lo hicieron; hay quienes no quieren someterse al embrujo de un VOTA tan presuntuoso como ingenuo, que nada les dice; y en la fiesta de la democracia, como en la más preciada fiesta nacional -ay
George Brassens-  se quedan  en la cama igual... y hasta en el sofá... O dormitan en la Glorieta o en la Puerta del Sol. Y desde allí festivamente proclaman a los cuatro vientos su indignación... El infierno son los otros, musitaba el filósofo que no quería ser filósofo, el místico que no creía en el misticismo... Prohibido prohibir. Que por mayo era por mayo...

    El domingo 22 cerca de un 34% de los españoles (un 32,2% en nuestra Región) ejercieron su derecho a hacer lo que realmente les daba la gana; y prefirieron dormir o retozar antes que acudir a su colegio electoral. O se dedicaron a cantar con entusiasmo himnos pacifistas, a pleno sol, en la plaza de la democracia real; ni al reclamo del VOTA, ni a sus mil caras hicieron caso. Aun así muchos votamos a ciegas a unas siglas y a unos  nombres cualesquiera, encerrados en herméticas listas ‘partitocráticas’.

    No me malinterpreten, no es pesimismo; a lo sumo, desencanto. Y les aseguro que sigo votando, como el primer día, con igual convicción. Y como el primer día, sigo buscando listas abiertas donde no hay más que prietas y cerradas filas. Y como el primer día, me sigo preguntando qué méritos adornan a tantos nombres ignotos que se amontonan en las papeletas blancas o sepias, en indescifrables rompecabezas. Pese a todo, entre la democracia real, la orgánica o la popular, me sigo quedando con esta democracia a secas. Y por muchos años.
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