Rajoy se cansa
El presidente del Gobierno en funciones (¿o desde que se volvieron a convocar elecciones ya no está en funciones y Rajoy ha pasado a una categoría aún más vagarosa y lejana, algo así como el hiperespacio de las presidencias del Gobierno?) ha dicho a los españoles que hay que ir a votar en iunio aunque pueda llegar a ser cansado. El otro día aseguró que no tenía ganas de ir a debates televisivos porque “eso no le apetece a nadie”. Yo creo que a este hombre ya no le apetece nada salvo dejar que la fruta caiga del árbol, y que cuando exclama que se siente con fuerzas se refiere a que se siente con fuerzas para no espantar ni a las moscas con un alzamiento de cejas. Es el camino de la sabiduría.
Mariano Rajoy ofrece signos continuos de que ha llegado a ese punto en que en casi todas las culturas históricas te consideraban un sabio porque ya no te movías. Ese punto de impasibilidad en que todos te pedían consejos trascendentes, si no era muy fatigoso para el venerable. Los aborígenes de Nueva Guinea, por ejemplo, pedían consejo al viejo de la tribu, pero sólo cuando éste llevaba muerto un par de semanas bajo una manta, ese momento en que parecía que el viejo de la tribu se fatigaba menos para comunicarse espiritualmente con los vivos.
Por su parte, cuando el presidente del Gobierno en hiperfunciones se dirige a los españoles con un elegante tono de “cansera” -que no significa cansancio, sino fatalismo- exortándoles a que en junio se levanten un domingo aunque sea a mediodía para ir al colegio electoral arrastrando unos pies enfundados en pantuflas (y también con una mentalidad de pantuflas, que es la que quiere Rajoy), en realidad está aludiendo a que el que está cansado de todo, hasta de encontrarse con fuerzas para seguir, es el propio Mariano. Si pudiera, no iría a votar él, si la situación española fuese algo menos seria. Pero resulta que es muy seria, aunque la gente se la siga tomando a broma. Lo que pasa es que nos ha sorprendido a todos habiendo cogido postura en el sofá. Para el presidente, con visibles muestras de incomodidad por la nueva campaña que se le viene, la vida entera ya cae siempre en esos dos días vacíos al año en que no se publica el Marca, ni ningún otro periódico de papel en España. A Rajoy le va a costar llegar a Junio aproximadamente lo que al anciano amojamado y casi fósil de 'La matanza de Texas' sostener la maza para darles en la cabeza a aquellas jóvenes turistas incautas. Ha accedido, sí, a la edad de la sabiduría. Este señor se me hace cada vez más admirable.
Siempre he desconfiado de la gente demasiado activa, de los que ven amanecer, el mal no descansa nunca. En cambio, en Andalucía, que filosóficamente se considera heredera de su paisano Séneca, consideran la pereza no como un vicio sino como una virtud, que sólo se adquiere con un muy exigente trabajo interior. Rajoy ha llegado al senequismo romano pasado por Cádiz, a pesar de ser del otro extremo de la península. Llegará un momento en que Rajoy hará tal economía de gestos que surgirá dentro de él una voz procedente de una dimensión imaginaria, como ese equívoco sonido del batir del mar que se escucha dentro de las caracolas.





















