Escándalo 'púnico'
Uno. Este, como es sabido, es un país donde algunos fiscales jefe y fiscales anticorrupción mezclan en sus denuncias, con total naturalidad, los hechos con la novela. Sensacionalista novela folletinesca, además, para consumo de la masa telediaria. El próximo paso natural, que ya se ha dado en la implicación del presidente murciano Pedro Antonio Sánchez en el llamado 'caso' u 'operación Púnica', es que sea el cuerpo militar de la Guardia Civil, y no el juez, el que redacte literalmente los autos judiciales. Cuando se habló de que la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil era 'de élite' no pensé en una élite armada que sustituyese a los tribunales.
Dos. Al presidente Pedro Antonio Sánchez, la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil lo acusa -si he entendido bien- de poseer una cierta tendencia de ir a cometer un posible delito contra el dinero público, de haberle dado más tiempo para ello. En la película de ciencia ficción distópica de Spielberg 'Minority Report', la 'Unidad Pre-crimen' de la policía detenía a la gente en el presente por delitos que podrían cometer en el futuro. Y en la actualidad murciana se acusa a un político de algo que no hizo ni hará, sólo porque los guardias le ven una tendencia, una propensión, un no sé qué.
Tres. La Guardia Civil, en su informe/sentencia contra Sánchez, hace lo mismo que aquel último especial de televisión sobre el Golpe de Estado de 1981, que tanto revuelo causó hace unos meses en España. En ese falso documental sobre el Golpe de Estado se mezcló lo que pasó y lo que los festivos guionistas imaginaron que podría haber pasado. La ficción que “mejora” la realidad. Con lo cual lo expuesto no llega ni a ficción, ni a realidad. Ni a comedia de situación.
Cuatro. La Unidad Central Operativa dice textualmente que “Si la adjudicación [del contrato con los señores de 'Púnica'] finalmente no se produjo, fue por razón de las actuaciones judiciales y policiales en días posteriores”. Si no pasó lo que la Guardia Civil dice que Sánchez podía pensar en hacer, fue porque la Guardia Civil lo estropeó todo. Es decir, que los guardias no sólo se meten en la cabeza del presidente Sánchez para dictaminar lo que se proponía perpetrar, sino que señalan con una seguridad admirable las causas punibles de unas consecuencias que nunca ocurrieron. ¡Con lo caro que está señalar una causa de algo sin pruebas comprobables, como para que encima no sean causas de nada en absoluto!
Cinco. Por lo que ha trascendido hasta la tarde del miércoles 1 de junio, no consta el consentimiento expreso, ni público ni privado, ni “pinchado” al teléfono ni escrito, ni en papel timbrado ni en whattsap, del presidente Sánchez a lo que según un papelito sin valor legal proponían unos respetables 'vendehumos', típicos del 'madrileñeo' profesional. Tengo dicho que 'el Pequeño Nicolás' es a Madrid lo que los toreros de arte son a Sevilla. Más identificativos de Madrid que los bocatas de calamares de 'El diamante'. En Madrid la mayoría de la población se dedica al 'cucañismo', en palabras del catalán Plà nada más bajarse en Atocha hace tres cuartos de siglo, y nada ha cambiado hoy. Unos cucañistas, los de la 'Púnica' –entonces no se sabía que eran simples delincuentes- que dicen impresionantes neologismos en inglés y que se aprovechan de esa credulidad en las redes sociales que tiene todo el estamento político español.
Y seis. Todo lo demás es ese ya tradicional y entrañable ruido que proviene de las cloacas del Estado, siempre en período preelectoral.






















