No es mucho pedir
Con frecuencia hablamos con grandilocuencia acerca de las necesarias medidas de adaptación al nuevo contexto económico –frase de ambigüedad calculada-, cuando lo queremos expresar es muy simple: Es urgente cambiar nuestra actitud para sobrevivir en un nuevo y caótico escenario mercantil y financiero, muy distinto al que hemos vivido hasta ahora.
Asistimos a una profunda restructuración de nuestra actividad económica y laboral que transforma -e incluso derriba- empresas de todo tipo y condición, sociedades que hasta hace bien poco se consideraban modelo a seguir por su gestión eficiente, con abundante cartera de trabajos, tecnológicamente al día, con bajo endeudamiento y elevados beneficios. Me refiero a empresas privadas, que estaban compuestas por equipos de excelentes profesionales y que han sufrido diversos reveses que han dado al traste sus hasta entonces envidiables cuadros macroeconómicos, de forma que, o han desaparecido, o tienen elevadísimo endeudamiento y bajísima rentabilidad, brillando la cartera por su ausencia.
Es el caso de muchas empresas, entre ellas las de nuestra Asociación de Empresas de Ingeniería, Consultoría y Servicios Tecnológicos de la Región de Murcia. Intentamos adaptarnos con esfuerzo al nuevo entorno hostil para subsistir, compitiendo con mayor eficacia a medida que se endurecen nuestras condiciones laborales, explorando desconocidos y lejanos supuestos océanos azules, reconduciendo nuestras funciones habituales hacia otras nuevas en las que siempre está presente la innovación y el afán de superación, sin olvidar que debemos luchar cada día por mantener nuestro puesto de trabajo.
Pero para esa aventura necesitamos la colaboración de las administraciones públicas, que deben adaptarse igualmente al nuevo entorno hostil, y cuyos dirigentes deben dar cuentas por su gestión -de obligada transparencia-, justificar sus ingresos -nóminas + complementos + emolumentos varios-, introducir eficacia en sus decisiones -evaluable por criterios objetivos-, implantar sistemas de gestión eficientes en todos los procedimientos y procesos, motivar a sus equipos –funcionarios y personal contratado- y asumir una parte del duro panorama al que tenemos que dar la vuelta entre todos.
No es mucho pedir, no. Es pedir agua -o café- para todos.
Asistimos a una profunda restructuración de nuestra actividad económica y laboral que transforma -e incluso derriba- empresas de todo tipo y condición, sociedades que hasta hace bien poco se consideraban modelo a seguir por su gestión eficiente, con abundante cartera de trabajos, tecnológicamente al día, con bajo endeudamiento y elevados beneficios. Me refiero a empresas privadas, que estaban compuestas por equipos de excelentes profesionales y que han sufrido diversos reveses que han dado al traste sus hasta entonces envidiables cuadros macroeconómicos, de forma que, o han desaparecido, o tienen elevadísimo endeudamiento y bajísima rentabilidad, brillando la cartera por su ausencia.
Es el caso de muchas empresas, entre ellas las de nuestra Asociación de Empresas de Ingeniería, Consultoría y Servicios Tecnológicos de la Región de Murcia. Intentamos adaptarnos con esfuerzo al nuevo entorno hostil para subsistir, compitiendo con mayor eficacia a medida que se endurecen nuestras condiciones laborales, explorando desconocidos y lejanos supuestos océanos azules, reconduciendo nuestras funciones habituales hacia otras nuevas en las que siempre está presente la innovación y el afán de superación, sin olvidar que debemos luchar cada día por mantener nuestro puesto de trabajo.
Pero para esa aventura necesitamos la colaboración de las administraciones públicas, que deben adaptarse igualmente al nuevo entorno hostil, y cuyos dirigentes deben dar cuentas por su gestión -de obligada transparencia-, justificar sus ingresos -nóminas + complementos + emolumentos varios-, introducir eficacia en sus decisiones -evaluable por criterios objetivos-, implantar sistemas de gestión eficientes en todos los procedimientos y procesos, motivar a sus equipos –funcionarios y personal contratado- y asumir una parte del duro panorama al que tenemos que dar la vuelta entre todos.
No es mucho pedir, no. Es pedir agua -o café- para todos.





















