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Coaching y 'tutía'

Diego Yepes | Coach Martes, 12 de Julio de 2016 Tiempo de lectura:

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La tutía (o atutía) era un antiguo hungüento utilizado para enfermedades de los ojos, aunque mezclado con otras medicinas se le atribuyese propiedades “curalotodo”: dolor de muelas, heridas, eccemas, coces de caballo, fístulas, etc. El problema es cuando se daba por terminada, pues el “no hay tutía” implicaba que el sufrimiento se tenía que soportar sin remedio alguno que lo aliviase, transformándose la expresión con el tiempo, como indica el Diccionario de la RAE, en “alguien que no debe tener esperanza de conseguir lo que desea o de evitar lo que teme.” ¡A conformarse tocan!

 

Parece que con el coaching sucede algo similar en lo que se refiere a su multiaplicabilidad, pues basta con observar el mercado de servicios y lo encontraremos, al igual que la famosa navaja suiza, como herramienta profesional multiusos: Coach financiero, de la voz, de la cocina, sexual, del Tarot y de todo lo imaginable, con tal de aprovechar el atractivo de esta ¿mágica? palabra que tanto nos cuesta leer en voz alta a los no anglófonos. Y esto pese a que el origen de su éxito, pues significa entrenamiento, se diera en el deporte gracias al capitán del equipo de tenis y profesor de Literatura de la Universidad de Harvard, Timothy Gallwey (“El juego interior del tenis”-1974), trasladándose rápidamente a los ámbitos empresariales, del desarrollo personal y la educación.

 

En cuanto al dicho popular “no hay tutía”, dada la expansión y acogida que viene experimentando el Coaching desde sus inicios en los años 70, no parece que se vaya a acabar, muy al contrario, cada día son más las escuelas privadas que ofrecen formación en Coaching en todo el mundo, cómo no también en España, y aunque tardías, son ya muchas las Universidades que se han subido al carro de la moda y la abundancia presentando sus post-grado y máster, con sus correspondientes créditos (30 ó 60 ECTS). Sin embargo todavía no existe una regulación formal desde las instituciones laborales que lo reconozcan en ninguno de los epígrafes del CNAE, y sólo la iniciativa de las Asociaciones  privadas y los Colegios Oficiales de Psicólogos han diseñado exigentes formularios de requisitos que, una vez aprobados, otorgan la Acreditación de idoneidad técnica y rigor al Coach,  avalando un determinado grado de calidad en su desempeño. Le toca ahora al usuario exigir dichas Acreditaciones al contratar un servicio de Coaching en cualquiera de sus ámbitos de aplicación, o arriesgarse a la más que probable decepción de un “charlatán engatusador” en cuya tarjeta puede leerse que es experto en Coaching y unos cuantos títulos más, sin más inversión de su parte que lo que le costó imprimirla.

 

Lo sorprendente es que el principal factor potenciador del Coaching no es tanto la demanda del mercado, que tiende a incrementarse, como las agresivas e insistentes campañas publicitarias de los innumerables proveedores de formación de Coaches, instituciones universitarias incluidas, quienes amparados en que no es necesaria titulación académica –excepto algunas universidades- ilusionan a los “futuros coaches” con la adquisición de determinadas competencias y el dominio de herramientas en unos cuantos meses –en nada comparable a la obtención de un Grado-, que les permitirá ganarse la vida con interesantes ingresos económicos gracias a los miles de usuarios que les están esperando para esclarecer sus dudas vitales o profesionales, y alcanzar la tan soñada felicidad mediante el Coaching. Con esta promesa cientos de profesionales de todos los oficios más o menos cualificados, y muchos titulados universitarios (médicos, abogados, arquitectos, economistas, aparejadores, ingenieros, etc.), han abandonado su habitual ejercicio para dedicarse al Coaching, unas veces por no acabar de encontrar su hueco en el mercado laboral, otras por trasnformación personal –todo hay que decirlo-, y se han entregado a ésta como tsi de una profesión refugio se tratase, en espera de recuperar anteriores posiciones o asentándose definitivamente.

 

Afortunadamente son las personas que han experimentado un proceso de Coaching con Coaches bien preparados, las primeras en defender la eficiencia de las técnicas y herramientas utilizadas, la exquisitez del respeto personal, la capacidad de despertar la conciencia sobre asuntos inesparados que le han aportado un rico conocimiento de ellas mismas y facilitado la toma de decisiones en otros momentos impensables. En definitiva, han recuperado recursos que la rutina diaria les había adormecido, resuelto situaciones molestas a las que no encontraban respuesta, y se han sentido acompañadas en su camino por un trecho que les ha resultado muy enriquecedor.


Al coach hay que pedirle que te facilite tu propio recorrido para alcanzar antes y en mejores condiciones lo que por ti mismo, sin duda alguna, lograrías, aunque con más tropìezos y desgaste. Nada más.
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