Querer, aportar y sacar tu mejor versión
Cuando imparto seminarios a los jóvenes (hoy uno empieza la juventud a los 15 años y la acaba a los 49 aproximadamente con lo cual nunca dejaré de tener clientela) me apasiona ver con la carita con que se miran aquellos enamorados que me escuchan con sus manos entrelazadas lanzándose miradas furtivas de aprobación con la ternura que impregna el inicio del amor.
Y les pregunto si son novios y con calidez me responden afirmativamente. Ante lo cual les digo “si tú le quieres y él te quiere… ¿todo está resuelto para un futuro unidos, verdad? “Claro que sí”, responden al unísono.
Pero sé que les falta entender que con querer no basta.
Te pueden querer bien, mal, con locura, con posesión… Igual que en la empresa.
Cuando se ficha a un trabajador la empresa le quiere y él quiere entrar en la empresa, pero luego también pueden querer que trabajes 12 horas al día, que abandones tu tiempo de ocio para dedicarlo sólo al negocio, o por parte del trabajador querer que te paguen más sin merecerlo, vacaciones cada mes, subidas de rango inmerecidas…
Al querer, en lo profesional y en lo familiar, debe seguirle el aportar. Por mucho que me quieras si no me aportas y yo te aporto, nos vamos a cansar. A lo que en un principio era todo sentimiento pasaremos al acostumbramiento para morir en el resentimiento.
Y no acaba ahí la plenitud de una relación. Pues si al querer y al aportar no le sucede que la otra institución o persona sea capaz de sacar de mi y yo dar mí mejor versión tampoco habrá fructificado la relación.
Querer, aportar y sacar mi mejor versión. Las claves para llegar a una intimidad entre las partes. La intimidad no es sino pasar de una dualidad a una íntima unidad aplicando la transparencia en la mente, la ternura en el corazón y tiempo en nuestra actividad.
¿Y eso cómo se logra? Me preguntan.
Con entusiasmo, fe y pasión. Las tres patas para que una mesa nunca caiga ni cojeé.
Y no parar de aprender mientras que respire. De todo y de todos. Si uno se pone en disposición de aprender, el mundo se abre a un infinito abanico de posibilidades.
Aprender no es saber más, es observar mejor. Aprender no termina nunca. Sólo tú puedes convertir el error en una gran oportunidad para aprender del mismo. La clave está en tu actitud.
Cuando aprender creces, y cuando creces evolucionas. Siempre, lo más importante es no parar de hacerse preguntas nuevas y diferentes.
Y les explico algunas cosas que he aprendido simplemente de analizar el comportamiento humano. Cosas que son de sentido común pero no de práctica común.
En dos años aprendemos a hablar. En toda una vida no aprendemos a escuchar. Y aprendí que nuestro peor problema de comunicación es que no escuchamos para entender, escuchamos para contestar.
Ganar es maravilloso. Pero antes hay que entrenar. Y eso no gusta tanto. Y aprendí que estamos obsesionados por potenciar el coeficiente intelectual pero olvidándonos del coeficiente emocional. Y la inmensa mayoría de las decisiones de nuestra vida se toman en base a nuestras emociones, no de nuestra inteligencia.
Si crees que el dinero hace todo, harás cualquier cosa por dinero. Y aprendí que si con todo lo que tienes no eres feliz, con lo que te falta tampoco lo serás.
La vejez comienza cuando el recuerdo es más fuerte que la esperanza. Y aprendí que la juventud no es una cuestión de la piel, sino del alma, que joven es aquella persona que está convencida que lo mejor está por llegar. Viejo la que piensa que lo mejor ya paso. No importa la edad.
Antes de preguntarte con quien vas, pregúntate adónde vas. Y aprendí que si lo que estás haciendo hoy no te acerca adonde quieres estar mañana, estás perdiendo el tiempo.
La riqueza de un compuesto depende de la pureza de sus componentes (apliquen esto a las relaciones humanas). Y aprendí que de todas las cosas que perdemos, la que más cuesta recuperar es la confianza.
No luches por ser el primero, sé el primero en luchar. Y aprendí que la experiencia no es lo que le pasa a una persona. Es lo que una persona hace con lo que le pasa.
No me digas lo que has conseguido, dime cómo lo has conseguido. Y aprendí que si el tener lo antepones al ser, no tendrás una vida plena.
Cuando llevas a cabo tu propósito con pasión, con amor, con total convicción, y desde tu más sincera esencia…se lo transmites a los demás. Y aprendí que enseñamos lo que sabemos, pero contagiamos lo que vivimos.
Lo importante no es si pierdes o si ganas, lo importante es que no pierdas las ganas. Y aprendí que sólo tú puedes tener un proyecto para tu vida. Nadie te puede programar a alcanzar tus sueños. Que nadie haga de su vida tu vida.





















