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Opinión |
Jueves, 22 de Septiembre de 2016

A vueltas con las tercera elecciones

Hace unos días escuchaba a un alto dirigente del Partido Socialista (Guillermo Fernández Vara), analizar la situación actual de impasse político, administrativo e institucional en el que se encuentra nuestro país, y hacer un análisis, a mi juicio bastante certero, de las repercusiones que nos podría acarrear si esto continúa igual y nos lleva a un callejón sin salida, o lo que es lo mismo a unas terceras elecciones.

 

En la entrevista, este personaje hacía mención a la diferencia que existe entre militantes de un partido y votantes del mismo; y recordaba la importante pérdida de votantes que había sufrido su formación política, haciendo una autocrítica que le llevaba a exponer una serie de planteamientos pragmáticos, en contraposición con el [Img #45151]posicionamiento oficial que estamos escuchando a diario. No olvidemos que el PSOE partido (que tiene casi 200.000 afiliados), en las últimas elecciones tuvo 5.400.000 votos, con una disminución de más de 100.000 en relación a las anteriores. Pero es que en las elecciones de 2011 fueron casi 7.000.000 de ciudadanos los que respaldaron esta opción. Con estos datos sobre la mesa, el PSOE se lo tiene que hacer mirar, y por eso no me extraña que algunos responsables del partido ya hayan cuestionado las peticiones de consulta a la militancia, que por parte de algunos dirigentes se han hecho, para la toma de algunas decisiones que podrían ser incómodas, y están poniendo su énfasis en los “votantes”, los cuales (la mayoría) no tienen carnet y su inestabilidad y volatilidad electoral a la vista está que es mucho más preocupante.

 

Esa misma reflexión le hacía plantearse, a este mismo dirigente, una serie de cuestiones que chocan con la postura inamovible y tozuda que están teniendo los órganos directivos del partido y el enroque al que se ha llegado, donde ya no vale el “no” por el “no” y donde lo que los ciudadanos estamos esperando es que, ante una negativa tan rotunda se nos ofrezca una alternativa viable; y esa alternativa es la que, hasta ahora, ni está… ni se le espera.

 

El comité federal del PSOE le ha marcado a su ejecutiva una serie de líneas rojas y condicionamientos, del que sobresale uno en particular: “no pactar con aquellos grupos o formaciones que defiendan el referéndum de Cataluña, o que se cuestionen la unidad territorial”. Pues bien, si analizamos las posibilidades de pactos que el PSOE tiene a la vista, nos encontramos que, descartados cualquier tipo de acuerdo o pacto con los grupos independentistas (cuestión esta que yo no descartaría del todo y que Pedro Sánchez sigue acariciando aunque para ello se tenga que saltar todas las líneas del arco iris), solo nos queda Podemos y Ciudadanos, y aquí nos encontramos con un serio problema: Podemos está condicionado y obligado a mantener su respaldo al referéndum de autodeterminación, no solo de Cataluña, sino de Galicia, País Vasco o de cualquier otro territorio que lo plantee. Y eso no es otra cosa que el producto propio de la idiosincrasia en la composición de la citada formación política, que está conformada en base a una serie de grupos, mareas, confluencias, o como se les quiera denominar, a las que se debe su razón de ser y donde anidan, legítimamente, este tipo de sensibilidades, las cuales no pueden desdeñarse por parte de ese conjunto de siglas al que llamamos Podemos.

 

Si a esto le añadimos la negativa de Ciudadanos a entrar a formar parte de un proyecto donde se encuentre cualquier tipo de formación que cuestione la unidad territorial de España, pues el resultado de cualquier negociación, encuentro o toma de contacto está servido de antemano, y se podrían ahorrar el tiempo que nos están haciendo perder con este mareo de perdices, que más bien parecen gamusinos y es que a estos nadie los ha visto, y en el caso de las negociaciones, nadie las ve.

 

Llegado este caso lo más fácil para cualquier irresponsable es lo que, por desgracia, estamos ya cansados de escuchar, es decir, que vamos abocados a unas terceras elecciones. Y yo digo, ¿pero es que no se han dado cuenta todavía nuestros representantes (que está claro que cuando recogen su acta, ya dejan de serlo y se convierten automáticamente en comisionados políticos de sus respectivos partidos) que lo que las urnas han arrojado, es decir lo que hemos dicho la totalidad de los votantes es que: 1) No queremos que ningún partido tenga mayoría absoluta; y 2) Pacten ustedes y consigan una gobernabilidad por consenso. Y esto lo hemos manifestado en dos elecciones consecutivas en menos de siete meses.

 

Pues bien, ante una situación donde el PP no ha encontrado viabilidad a su proyecto de gobernabilidad, tras su pacto con Ciudadanos (aunque se ha quedado a tan solo 6 votos de conseguirlo), y donde el PSOE ( según se desprende del análisis que se ha hecho en este artículo) no va a encontrar esa mayoría que le permitiría conformar ese gobierno progresista al que aspira, ¿Qué nos queda?: Lo que ya se ha escuchado hasta la saciedad y que lo resume una frase muy manida “¿Qué es lo que no ha entendido cuando decimos NO?”.

 

Esta frase aplicada como contestación a las dos posibilidades que quedan; es decir “a que se consiga una mayoría cualificada “constitucionalista”, o “que gobierne la lista más votada” que además ha obtenido un plus de 32 votos procedente del acuerdo con Ciudadanos, nos lleva evidentemente al bloqueo en el que estamos ahora. Y yo digo, ¿pero es que no se han dado cuenta que en ambos casos el partido que gobierne, realmente no va a gobernar, porque no tiene la mayoría, y los otros son los que les van a imponer sus objetivos y sus políticas, mediante un consenso de las mayorías? (como está ocurriendo en nuestra Región, por ejemplo). Pues eso es lo que hemos votado los españoles, señorías. Los españoles NO QUEREMOS unas nuevas elecciones. ¿Les ha quedado claro? ¿o es que no se han enterado todavía?

 

Lo que si tengo claro es que, para el caso de que esta irresponsabilidad nos avoque a nuevas elecciones, me apunto a lo que ya ha manifestado Felipe González, al que –por desgracia- cada vez le hacen menos caso: los actuales líderes de los dos grandes partidos deberían dimitir e irse a sus casas, por incapacidad manifiesta. Uno por que no ha logrado convencer a la mayoría del parlamento y se ha mostrado como manifiestamente incapaz de obtener un mínimo acuerdo en torno a su liderazgo. El otro por su imposibilidad de lograr un gobierno alternativo, al tiempo que impedía la posibilidad de permitir un gobierno en minoría y su permanente actitud de bloqueo a cualquier solución. De los otros dos no voy a decir nada ya que a Pablo Iglesias le pasa como a sus primos hermanos de IU, y es que están condenados a no gobernar, mientras mantengan determinados postulados, y, como ya han reconocido ellos mismos, dejen de comportarse como “maquis” y opten por ser un “ejército regular”. Y de Albert Rivera, que quieren que les diga, mire, es el que mejor me cae y el que está recibiendo tortas desde la izquierda y la derecha. Al pobre le achacan que ha pactado con las dos fuerzas predominantes.- ¡Toma, pues claro!. Es el único que no ha antepuesto su interés personal y partidista al interés general y del país, aún a costa de la pérdida de votos a la que le han castigado (a mi parecer injustamente) en la última “edición” de estas elecciones generales que más bien van pareciendo una serie cuyo capítulo final aún no se ha escrito.

 

Como le escuché hace unos días a un empresario y representante de una importante multinacional: “Si esto estuviera ocurriendo en una empresa privada, el equipo directivo habría dimitido ya hace mucho tiempo”.
Por nadie pase… lo que estamos pasando.

 

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