Liderazgo por valores
¿Qué son los valores de una empresa? ¿Cómo se determinan? ¿Es simplemente el resultado de una acción de marketing? ¿Cumplen las empresas de verdad con esos valores? ¿Cómo se ejerce el liderazgo basado en valores?
Para entender el liderazgo por valores, hemos de cambiar primero el paradigma del liderazgo y acogernos a lo que yo llamo ‘El nuevo código del Liderazgo’. El nuevo código es un nuevo lenguaje con el que hemos de entender el liderazgo y un nuevo lenguaje que ha de asumir un líder para ejercerlo. Y ese código tiene un origen consistente en el modelo de pirámide jerárquica invertida.
Según el modelo de pirámide invertida, el líder ya no es quien dirige exigiendo que los demás hagan lo que él quiere o piense que sea correcto, sino que tiene la vocación de estar al servicio de los demás para ayudarles a conseguir sus propios objetivos que están alineados con la misión de la empresa.
De ahí derivan algunos grandes cambios que nos permiten entender de manera adecuada muchos conceptos, entre ellos el de Responsabilidad Social Empresarial (RSE). La RSE en este sentido se entiende como propiedad emergente de la Responsabilidad Individual del Líder en el entorno corporativo, es decir la Responsabilidad Individual Corporativa, y la Responsabilidad Colectiva Corporativa, es decir la Responsabilidad que tienen las personas cuando funcionan como unidades o conjuntos de personas que toman decisiones y actúan alienadas hacia un objetivo. Bajo este paradigma el Liderazgo cambia pasando de ser un Liderazgo basado en la Competición, en un liderazgo basado en la Cooperación y Colaboración.
Ya enfocados desde esta perspectiva, los valores de una empresa no son el resultado de una operación de marketing por la que se eligen palabras “de moda” que quede bien divulgar a la sociedad, sino el resultado emergente de un trabajo de responsabilidad y análisis personal por cada miembro influyente de la empresa, acerca de sus propios valores personales.
Contrariamente a lo que algunos sostienen, yo defiendo la corriente que entiende que los valores organizacionales no son quimeras utópicas hacia las que la empresa tiene que dirigirse y aspirar casi de manera inspiradora y motivadora, sino que los valores de la empresa son los valores de aquellas personas que trabajan en ella y que tienen cierta influencia en los procesos de decisiones que “desde dentro” tienen repercusión interna y externamente, entre todos sus colectivos de interés.
El mensaje es contundente: los valores no son algo ajeno que viene desde fuera y “adquirimos” o “compramos” para motivarnos e inspirarnos hacia ciertos comportamientos, sino que son lo que llevamos dentro, es decir el cuajado de nuestras experiencias vitales más intensas y más frecuentes, tanto positivas como negativas, y de las decisiones que tomamos en esos momentos. Ese cuaje nos mueve desde el núcleo más profundo y estable de la personalidad (el transpersonal) hacia acciones congruentes.
Estar ‘conectado’ con uno mismo es actuar congruentemente con los propios valores, mientras que adquirir valores desde fuera es una forma de vivir desconectado de uno mismo, pensando tener algunos valores que en ocasiones pueden incluso resultar incongruentes con los que llevamos dentro, y de los que no somos necesariamente conscientes.
Dirigir por valores significa estar uno conectado con uno mismo y tomar decisiones y actuar en base a ellos.
No hay que olvidar que la conducta es el único indicador y expresión por el que podemos inferir los valores de una persona, y que las decisiones que llevan a esa conducta son el proceso por el que los valores ejercen su influencia para esa persona. Las decisiones que asumen los órganos directivos, consejos de administración, y gerentes de empresas, conducen a las personas que trabajan en ellas a actuar y ser cómplices (consciente o inconsciente), para bien o para mal, de las consecuencias que se producen.
De este modo los valores de la empresa cambian en función de quienes la dirigen y trabajan en ella y, si un directivo no es ético en su conducta y decisiones, será porque sus valores no son éticos.
En este sentido, los valores de una empresa no son necesariamente positivos, sino que hay personas que a través de su forma de actuar y decidir, pueden mostrar evidencia de perseguir valores como el engaño o la trasparencia, la especulación o la contribución de valor, la arrogancia o la honestidad, la mezquindad o la confianza, etc.
Dirigir por valores significa que la empresa, como conjunto de personas que tienen unos valores y que se rigen en base a ellos, decidirá poner bajo esa lupa todas sus decisiones y comportamientos, estando dispuesta a alejar a aquellas personas que a través de sus decisiones y acciones no resultan congruentes con ellos.
Bajo este principio si bien es discutible el hecho de incluir en un colectivo a personas que demuestran no estar alineadas con esos principios o valores, entiendo legítimo excluirlas cuando demuestren ir en contra de ellos.
Puede resultar controvertido este aspecto, aunque no se trata más que de una legítima evolución del principio biológico de “manada” por el que se rige la necesidad de afiliación del ser humano.






















