España será este año un 1,7% más pobre y con cerca de 6 millones de parados
El jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, en un aparente desafío a Bruselas y a la canciller alemana, Angela Merkel, desveló finalmente este viernes, desde el mismo corazón de la Unión Europa, que el tamaño del sacrificio que puede hacer España en aras de la estabilidad será menor del que se le exige.
El Gobierno español asegura que llegará a fines de 2013 a la meta del déficit del 3% que marca el Pacto de Estabilidad europeo. Pero con menos brusquedad y más realismo, a juicio de algunos expertos.
Este año, según dijo Rajoy en Bruselas, el presupuesto será exprimido de modo que el déficit caiga al 5,8% del producto interior bruto (PIB, en lugar del 4,4% comprometido. Eso representa aliviar el recorte en unos 14.000 millones de euros.
El terreno para esa decisión, que Rajoy calificó de "soberana" llevaba un tiempo siendo abonado, mientras la Comisión Europea enfriaba las expectativas de una revisión rápida del objetivo de déficit español.
Sin ir más lejos, el martes, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, anunció que el déficit de 2011 llegó al 8,5% y fue superior en dos puntos y medio al compromiso asumido por el gobierno socialista anterior, por culpa, sobre todo, de algunas comunidades autónomas.
El jueves, el ministro de Economía, Luis de Guindos, reiteraba en Bruselas, donde se reunió con su homólogos comunitarios antes de la cumbre de gobernantes, el "absoluto" compromiso español con la consolidación fiscal, pero avisó de que las "circunstancias han cambiado", precisamente por el incremento del déficit público español.
Con la nueva meta del 5,8% fijada para 2012, en lugar de un amputación descomunal de 40.000 millones de euros, habrá un recorte aterrador de 29.000 millones. La mitad corresponde al ajuste anunciado en enero. La otra mitad está por venir.
Montoro declaró su confianza en que Bruselas y los inversores reconozcan los esfuerzos de consolidación fiscal que está haciendo España. De momento, los mercados están en calma.
En el mismo viernes de vértigo, el Gobierno desveló sus cifras para 2012, que calificó de "realistas".
España acabará un 1,7% más pobre, el presupuesto del Estado será casi un 5 menor, el retroceso de la inversión rozará el 7%, la contracción del consumo público llegará al 11,5% y la del privado al 1,4%, y el paro registrado trepará al 24,3%.
Se destruirán durante el año 630.000 empleos, lo que apunta a los temidos seis millones de parados para la futura encuesta de población activa, aunque el ministro de Economía. Luis de Guindos, dice que se resiste a aceptarlo.
Las cifra son crudas, pero el Gobierno afirma que no quiere crear falsas expectativas que defrauden a los ciudadanos. Para 2013, asegura, hay esperanza, y deja claro que mantiene su objetivo de reducir el déficit al 3%.
También el viernes se conoció que febrero trajo más de 112.000 parados, casi el doble que en el mismo mes de 2010, lo que situó el registro en 4,7 millones, mientras que la Seguridad Social perdía otros 50.000 afiliados.
Las cifras fueron aprovechadas por los portavoces del gobierno conservador para insistir en la necesidad de la impopular reforma laboral recientemente aprobada.
El anuncio del Gobierno dejó indiferente a la bolsa, que cerró la semana en tablas, mientras la prima de riesgo subía ligeramente hasta los 310 puntos básicos equiparándose con la italiana por vez primera desde agosto de 2010.
El Gobierno español asegura que llegará a fines de 2013 a la meta del déficit del 3% que marca el Pacto de Estabilidad europeo. Pero con menos brusquedad y más realismo, a juicio de algunos expertos.
Este año, según dijo Rajoy en Bruselas, el presupuesto será exprimido de modo que el déficit caiga al 5,8% del producto interior bruto (PIB, en lugar del 4,4% comprometido. Eso representa aliviar el recorte en unos 14.000 millones de euros.
El terreno para esa decisión, que Rajoy calificó de "soberana" llevaba un tiempo siendo abonado, mientras la Comisión Europea enfriaba las expectativas de una revisión rápida del objetivo de déficit español.
Sin ir más lejos, el martes, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, anunció que el déficit de 2011 llegó al 8,5% y fue superior en dos puntos y medio al compromiso asumido por el gobierno socialista anterior, por culpa, sobre todo, de algunas comunidades autónomas.
El jueves, el ministro de Economía, Luis de Guindos, reiteraba en Bruselas, donde se reunió con su homólogos comunitarios antes de la cumbre de gobernantes, el "absoluto" compromiso español con la consolidación fiscal, pero avisó de que las "circunstancias han cambiado", precisamente por el incremento del déficit público español.
Con la nueva meta del 5,8% fijada para 2012, en lugar de un amputación descomunal de 40.000 millones de euros, habrá un recorte aterrador de 29.000 millones. La mitad corresponde al ajuste anunciado en enero. La otra mitad está por venir.
Montoro declaró su confianza en que Bruselas y los inversores reconozcan los esfuerzos de consolidación fiscal que está haciendo España. De momento, los mercados están en calma.
En el mismo viernes de vértigo, el Gobierno desveló sus cifras para 2012, que calificó de "realistas".
España acabará un 1,7% más pobre, el presupuesto del Estado será casi un 5 menor, el retroceso de la inversión rozará el 7%, la contracción del consumo público llegará al 11,5% y la del privado al 1,4%, y el paro registrado trepará al 24,3%.
Se destruirán durante el año 630.000 empleos, lo que apunta a los temidos seis millones de parados para la futura encuesta de población activa, aunque el ministro de Economía. Luis de Guindos, dice que se resiste a aceptarlo.
Las cifra son crudas, pero el Gobierno afirma que no quiere crear falsas expectativas que defrauden a los ciudadanos. Para 2013, asegura, hay esperanza, y deja claro que mantiene su objetivo de reducir el déficit al 3%.
También el viernes se conoció que febrero trajo más de 112.000 parados, casi el doble que en el mismo mes de 2010, lo que situó el registro en 4,7 millones, mientras que la Seguridad Social perdía otros 50.000 afiliados.
Las cifras fueron aprovechadas por los portavoces del gobierno conservador para insistir en la necesidad de la impopular reforma laboral recientemente aprobada.
El anuncio del Gobierno dejó indiferente a la bolsa, que cerró la semana en tablas, mientras la prima de riesgo subía ligeramente hasta los 310 puntos básicos equiparándose con la italiana por vez primera desde agosto de 2010.



