Liderazgo populista
Si su empresa o equipo tiene un objetivo, un reto o un problema a resolver y busca un líder que se haga cargo de ello y quiere que triunfe en el intento, incluya en el perfil de ese líder un rasgo esencial: que sea POPULISTA.
Le daré en este artículo muy buenas razones para ello.
El miércoles pasado, un repentino cambio de agenda me permitió asistir a la conferencia de impartió Roberto Scholtes (Director de Estrategia de UBS España) para Adimur (Asociación de directivos de Murcia) y Grupo Ilusionando. La que fue una de las mejores conferencias sobre economía a las que haya asistido en Murcia en los últimos años, lejos de intereses políticos partidistas acabó con un balance esclarecedor: UBS considera que los acontecimientos políticos de 2016 marcan un cambio de fase en el ciclo, pero no su fin. La retórica populista toma el control de la agenda económica en EE UU, Europa y algunos países emergentes, aumentando la incertidumbre y el riesgo de desequilibrios macroeconómicos o financieros. 2017 volverá a estar dominado por decisiones políticas de resultado incierto. El populismo impera. La victoria de Trump y el Brexit, son los indicadores más usados para demostrar que ser populista es la vía para asumir el poder, aunque pone en duda que los resultados que deriven de ello sean beneficiosos. Y a ello se añaden el No al referéndum constitucional de Italia el pasado domingo, defendido por los partidos más populistas, y las futuras presidenciales de Francia.
Reflexioné sobre ello y me pregunté: ¿Es el populismo una cuestión meramente política y económica? Al final del acto tuve el privilegio de conversar en petit comité con Roberto y le pregunté:
¿La cuestión del populismo crees que es algo circunstancial marcado por la pérdida de poder adquisitivo de las personas y los desequilibrios sociales, y que se irá en cuanto ese gap se resuelva, o es quizá consecuencia de un problema más a fondo consistente en la educación de las personas? ¿No será que en lugar de tratar de eliminar al populismo, tengamos que asumir como convivir con ello?
Tengo muchos motivos para apostar por lo segundo.
1. El viernes anterior estuve reflexionando con un sacerdote católico acerca de los perfiles de liderazgo de los últimos tres papas: Juan Pablo II (San Juan Pablo), Benedicto XVI (un papa bueno, pero no tan bien querido), y Francisco. La conclusión de la reflexión: Francisco el más populista. Con una retórica ambigua y una idea poco clara de hacia dónde quiere llevar a la iglesia. Ergo, el populismo no es solamente cuestión de economía, sino que afecta también al lado espiritual de las personas: el vacío existencial de muchas personas se puede convertir en un objetivo estratégico para recuperar consensos a través de una retórica populista.
2. Formo parte de una organización profesional que en estos meses está buscando su consolidación y la constitución social configurada en un organigrama que todavía hay que constituir y donde hay que asignar cargos. Qué duda cabe que he ido asumiendo un papel cada vez más crítico al respecto de los criterios a seguir, incomodando a más de una persona por el rigor y el tono muy asertivo y directo. La última intervención en un grupo de watsapp en la que colgué el artículo de un profesional que sigue la línea de rigor que defiendo, obtuvo como respuesta un artículo sobre el endiosamiento de los profesionales de mi sector. Parece que ser crítico y riguroso hoy en día expone al rechazo y al juicio negativo y te otorga el papel del “endiosado”. Es más conveniente y cómodo un discurso de amplios consensos, aunque se pierda el rigor. Ahora entiendo porque Benedicto XVI fue un buen papa pero poco querido. Conclusión: la verdad es solo un punto de vista.
3. Justo conversando con Lola Gracia (Territorio G en Onda Cero y Blogger para La Verdad), aprendo un término nuevo sobre el que escribió en Vivir en El Filo: La POSVERDAD, refiriéndose a circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal. Vivimos en la era de la posverdad como arma de manipulación. Por cierto Lola presentará libro el 17 de Diciembre en El Casino de Murcia y recomiendo acudir al acto.
4. Mi compañera de profesión María José Botía aparece en la televisión La7 Región de Murcia, ofreciendo una amplia y esclarecedora entrevista sobre cómo ayudar a los niños a gestionar las emociones en la navidad, entre peticiones que se convierten en exigencias, caprichos que se confunden con necesidades, ilusiones que se toman a derecho, ansiedades y frustraciones. Comparto ese video en Redes Sociales alabando que la televisión llame a una psicóloga a hablar de emociones, recordando que los psicólogos son los profesionales formalmente competentes para trabajar las emociones en lugar de otras profesiones o pseudo-profesiones últimamente en auge. Mi comentario no gusta y entiendo que genere cierto malestar entre quienes opinan diferente. Se genera un debate cuya conclusión es la siguiente: nunca poner límites o decir no ha sido tan mal visto y despreciado. La asertividad no está de moda y ser populista es mejor. Justo lo contrario de lo defendido por María José Botía quien afirma en ese video la importancia de ayudar a los niños a vivir y comprender las emociones negativas en lugar de evitar que las experimenten.
5. Finalmente recibo el lunes noticia de que una importante organización a quien ayudé en pasado a lograr un hito histórico, ha decidido este año contratar a otro profesional para lograr otro objetivo, descartando la posibilidad de contar con mis servicios. Tomaron la decisión acertada y les deseo lo mejor. Soy consciente del motivo. Para lograr ese hito en pasado tuve que asumir un rol excesivamente determinado y asertivo, lejos de la condescendencia que pedían algunos miembros. Conclusión: ¿de qué sirve lograr un resultado, si para hacerlo uno se olvida de ser amable y acaba por no ser querido?
Si quiere usted triunfar, elija un discurso populista: capte primero el cariño y la simpatía. Luego tome las decisiones que considere oportunas, pero no olvide lo primero. Es posible que viajemos ya en una era en la que primero hay que ser populista, y luego lo demás: populista de izquierda o de derecha, pero populista, populista conservador o progresista, populista autoritario, populista participativo, populista consultivo o populista liberal, pero populista.
Y si no quiere usted ser populista, sea riguroso y asertivo, siendo consciente de a lo que se expone pero, al menos, no olvide ser amable.





















