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Opinión | Ética empresarial y personal
Viernes, 09 de Diciembre de 2016
José Pomares

Educando de otra forma

¿Se acuerda como eran los teléfonos, los coches, los electrodomésticos, las carreteras… hace 50 años? ¿Y cómo son ahora? Buena noticia.


¿Se acuerda cómo se daba clase en la escuela hace 50 años? ¿Y cómo se da ahora? Prácticamente igual. Muy poca evolución.


Creo honestamente que si a un buen cirujano se le recompensa económicamente de forma satisfactoria por velar por  nuestro cuerpo, a un buen maestro se le debería hacer lo mismo por educar la conciencia y el corazón de nuestros hijos.


El colectivo estudiantil es el 20% de la población pero el 100% de nuestro futuro.


La educación no es meter información, es extraer las potencialidades de los alumnos. Pero el sistema hace de ellos robots obsesionados por llegar al 5. Si nuestros pequeños sacaran un 0 en matemáticas y un 10 en literatura y tuviéramos disponibilidad económica seguro que contrataríamos a un profesor particular con el fin de que hiciera lo posible para ayudarle a aprobar la asignatura de matemáticas.


Craso error. Lo que nuestro hijo se merecería sería un profesor particular de literatura para ayudarle a sacar su máxima potencialidad en aquello que es bueno. Nadie puede ser un 10 en todo. Si Mozart hubiera abandonado la música para centrarse en la asignatura suspensa, hubiéramos perdido al genio de la música.


Pero no nos enseñan así. En las empresas se contrata en base a las capacidades técnicas de las personas pero luego se les suele despedir por no saber poner en práctica las habilidades emocionales.


En muy pocas escuelas se enseña en valores de optimismo, determinación, actitud positiva, compromiso, trabajo en equipo, oratoria o motivación… con el fin de que tengamos CONSISTENCIA PERSONAL.


La consistencia personal comienza con la CONVICCION.
 
Tener claro lo que quiero y lo que hago ¿estoy donde quiero estar? ¿Y sé quién soy yo? ¿Y cuál es mi sueño? Quién soy, para qué estoy y a dónde voy. Nuestra definición, nuestra visión de vida y nuestra aspiración. Y ello hace que nuestras DECISIONES sean coherentes.
 
Esa convicción dará lugar a que tengamos CONFIANZA EN UNO MISMO.
 
Yo no puedo ayudar a que nadie confíe  en mí si yo no confío en mí mismo previamente. Eso hará que tenga DETERMINACION en todo aquello que realice (avanzar y superar las adversidades).
 
Para de esa forma tener COMPROMISO, que siempre es a uno mismo. La lealtad es al otro.
 
Y así conseguir  que mi DEDICACION a lo que haga sea plena y no plana.
 
Lo contrario es la INCONSISTENCIA PERSONAL.
 
Esta empieza con la INDIFERENCIA que hace que olvidemos  lo esencial para centrarnos  en lo accidental. Siempre atendiendo a lo urgente en vez de a lo nuclear que nos hace crecer, a lo importante.
 
Y no conozco a ningún indiferente  que permanentemente no tenga una enorme dosis de INSATISFACCION ya que nunca alcanza lo que necesita, y la culpa es siempre de otro, lo que a su vez genera la INSEGURIDAD, ese miedo a perder lo que tienen, no se anima a hacer cambios, sólo lo fácil …
 
Y a nivel grupal me gustaría hacer una distinción entre el RESPETO y la GENEROSIDAD.
 
Es cierto que el respeto es un valor que todos debemos elevar en nuestras vidas. Pero conozco muchas familias que se respetan tanto que cada uno come en su cuarto, sin molestarse, con respeto, pero sin convivencias ni intimidades. Igual que en las empresas. Cada uno atendiendo a su trabajo, no al bien común, generando los famosos Reinos de Taifas.
 
Me quedo con la generosidad, que no es sinónimo de cortesía.
 
Lo uno es sobre las cosas materiales, la generosidad avanza directa al corazón. La cortesía es un acto, la generosidad una actitud.
 
Da todo lo que tengas sin esperar nada. Decía Madre Teresa que “no hace falta desempeñar grandes hazañas, siempre, siempre podemos hacer cosas pequeñas con un gran amor”.
 
 Pero quizá en una sociedad de consumo no interesa propagar estos mensajes. Su único interés es consumirnos…

 

@josepomaresbarr

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