Nadal, Federer y la fortaleza mental del liderazgo
La gente de a pie siempre habla de la fortaleza mental de Rafa Nadal. Estando en el país del tenista, quizá hayamos puesto excesiva atención en el que muchos consideramos el mejor deportista español de siempre y, quizá, no hayamos apreciado suficientemente el valor que tiene su gran rival Roger Federer.
Eso que muchos llaman ‘fortaleza mental’ y consideran como punto fuerte de Nadal, también se reveló para él, fuera y dentro de la cancha, como el mayor punto débil. Nadie duda de que en competición Rafael muestre esa competencia contra sus rivales en condiciones normales de vida. Sin embargo sus grandes bajadas de
rendimiento deportivo siempre se debieron a “crisis” emocionales: la separación de sus padres primero, y luego una serie de lesiones que parecen más debidas a momentos en los que el cuerpo “se rebela” al intento casi obsesivo de la mente de querer llevarle a un ritmo que compromete los necesarios ciclos de descanso. Incluso la presencia de su novia en las competiciones (por primera vez en este Open de Australia), la manera en la que conciliar su relación sentimental con la competición deportiva, ahora o en pasado, la simple posibilidad, más allá del tenis, de abrirse a tener una relación sentimental, no dudo de que pudo ser en algún momento causa de importantes preocupaciones que afectaran a él y a su entorno.
Si bien Rafa sabe manejar en partido emocionalmente hablando, su vida fuera de la cancha no es ajena a la competición, y lo que le vaya sucediendo le afecta. Necesita llevar una vida, fuera de la cancha, muy ordenada emocionalmente para que no le afecte en el rendimiento. Rafa sabe manejar su mente a más de 200 pulsaciones por minuto llevándola a aceptar la necesidad de hacer un esfuerzo más, pero es muy sensible emocionalmente a lo que sucede en su entorno cercano fuera de la cancha.
Sin embargo, hay jugadores que si bien no son capaces de mantener esa fuerza de voluntad durante los altos niveles de exigencia de la competición, son por el otro lado capaces de mantenerse ajenos a su entorno mientras juegan: un ejemplo es Federer.
Por tanto, lo que llamamos ‘fortaleza mental’ de Nadal no es una cualidad en absoluto válida en todos los ámbitos de su vida, sino que se confunde con la capacidad de manejar las funciones ejecutivas del cerebro en un determinado contexto y condiciones: la competición deportiva a más de 200 ppm. Y Rafa fue entrenado para ello por su tío Tony, quien, en el libro “Sirve Nadal, responde Sócrates” detalla como desde que Rafa era pequeño, le entrenaba en manejar los mecanismos de recompensa emocional desarrollando en él la capacidad de aplazar sus necesidades en el tiempo, tales como beber cuando tenía sed después de los entrenamientos: -Beberás cuando llegues a casa – Le decía.
Renunciando a la recompensa, Rafa podía seguir dedicándose al esfuerzo. Tal como escribe Daniel Goleman en su libro ‘Focus’, ser capaces de aplazar las necesidades de recompensa, es un rasgo clave de las personas que logran grandes resultados en la vida, puesto que aprenden a tener paciencia, y desarrollan la voluntad de sacrificio que les permite renunciar a un beneficio inmediato en pro de mantener constante el esfuerzo y la intensidad en la persecución de un fin de mayor calado e importancia, a mayor plazo. En realidad, cuando hablamos de ‘Fortaleza Mental’ de Rafa Nadal, estamos hablando de su capacidad de Voluntad, Sacrificio y Tesón para aplazar la necesidad de satisfacción.
Si la voluntad y el sacrificio son los rasgos que han hecho de Rafa un líder en su deporte, ¿Qué pasa con Roger Federer? Al contrario de Rafa, muchos opinan que Federer no tiene la misma ‘Fortaleza Mental’: todos recordarán como rompió a llorar en una (casi) crisis de nervios en la final del 2009 del mismo Open de Australia que perdió de la mano del mismo Nadal. Es resabido el trabajo que Federer ha tenido que hacer con psicólogos para aprender a canalizar sus emociones. Por el hecho publicarse que iba a un psicólogos, muchos apelaron ingenuamente a que era ‘débil mentalmente’.
Sin embargo lo que estaba haciendo Federer era un trabajo de entrenamiento que le llevó a pasar de un modelo de tenista más próximo a McEnroe, con escasa capacidad de tolerancia a la frustración a ser el mejor de todos los tiempos junto con Nadal. Tenía una alta tendencia a gritarse a sí mismo ’tonto’ cuando fallaba y clasificarse negativamente con auto-diálogos destructivos: así uno no llega a ser líder ni menos al número uno del mundo. En una entrevista que dejó al diario argentino La Nación, contó que logró ser capaz de entrar en un estado fluidez durante el juego, obteniendo justo lo contrario de Nadal: los problemas de fuera de la cancha dejan de existir para él, y el tenis se convierte en un oasis agradable en el que su objetivo se convierte en mantenerse el mayor tiempo posible en ese estado.
¿Acaso no es esta fortaleza mental? Su frustración por no lograr batir a Nadal se convirtió en una oportunidad de mejora, desarrollando una gran capacidad de concentración y foco. En el partido de ayer, esa capacidad se manifestó en el último set. Iba detrás en el marcador con un Break a en su contra (1-3), logró primero un contrabreak y luego otro Break que le llevó a un (5-3) y servir para el match. Mantuvo su atención centrada en el objetivo y hubo un detalle que llamó la atención y demostró como lo logró. Pidió al inicio del quinto set un MTO (medical time out), es decir un tiempo muerto para asistencia médica. Durante su ausencia, se podían observar los gestos (casi) obsesivos compulsivos de Nadal que en la espera trataba de ordenar milimétricamente sus pañuelos negros y camisetas, y mantener el cuerpo caliente. En el deporte de alta competición todo se estudia y se trata para no dejarlo al caso: estoy convencido de que Federer lo tenía previsto y planeado en su “mapa mental” de que en caso de llegar al quinto set, pediría el MTO. ¿Para qué? Por un lado, romper la rutina de Nadal, sacarle mental y físicamente del partido generando una pausa que abriera una fisura en su mente a la entrada de preocupaciones; por el otro ayudarse a sí mismo a mantenerse centrado en el foco. No sabemos qué ocurrió en la sala médica pero todo hace pensar que Federer trabaje con alguna técnica de Mindfulness o Atención Plena, respiración, relajación que le ayude a centrar la mente, sosegarse y gestionar sus emociones: y eso es tan fácil como parar en un momento de alta intensidad, alejarse de él, (pedir un MTO por ejemplo) crear silencio mientras un médico observa y masajea una parte del cuerpo, y centrar la atención en la respiración hasta rebajar las pulsaciones, oxigenar el cerebro, y ganar esclarecimiento para tomar decisiones sin dejarse llevar por los impulsos: la demostración fue que al volver a la cancha y durante el quinto set, calibrando la expresión del rostro, la mirada y la forma de andar de Federer se apreciaba una visible calma y tranquilidad, como si le diera igual ganar o perder: lo que los expertos llamamos “desapego del resultado”. Al contrario, la cara de Rafa mostraba las señales de tensión de quien quiere ese resultado y teme perderlo. Demostración de ello, las muecas de resignación cuando pedía el análisis de los puntos dudosos, por el ojo de halcón.
Desapegarse de los resultados es una cualidad que permite gestionar adecuadamente aquellas emociones que llevan una persona a traicionarse y fallar, tal como argumento en mi libro ‘Liderar la Incertidumbre’. Al contrario, apegarse a ellos genera una carga emocional que puede traducirse en errores y fallos. Así Federer consiguió ganar a Nadal, con quien parecía tener una sombra Kármica que le impedía lograrlo en las anteriores finales importantes.
Y es curioso que tras el partido el mismo Roger declarase que se sentía igual de feliz ganando o perdiendo contra Rafa. No es de extrañar viéndole aparecer en el campo tras ese MTO.
Si en Rafa Nadal vemos a su capacidad de aplazar la necesidad de recompensa durante más tiempo de lo normal, y lo llamamos ‘Fortaleza Mental’, en Federer encontramos como ‘Fortaleza Mental’ la capacidad de mantener su atención centrada en un foco durante más tiempo de lo habitual. Ambas cualidades son rasgos de los grandes líderes. Detalles y cualidades que hacen diferentes a dos grandes y que toda persona que aspire lograr importantes resultados podría cultivar.
Y si queremos, podemos hablar del tercero en la discordia, Novak Djokovich, quien en ese intento de cultivar los detalles mentales, acabó en manos de un gurú del desarrollo personal (que por cierto es español) y que lo único que tiene en común con él, es el hecho de haber sido en pasado un talento frustrado del tenis que no progresó más allá del número 150 del ATP. Una especie de guía espiritual, del que se desconoce si tiene formación o acreditación profesional para trabajar aspectos mentales de alto rendimiento, a quien el diario alemán Bild, atribuye una ascendencia sobre el tenista que le llevó a despedir a su entrenador, nada menos que Boris Becker. No sabemos si por la eventual falta de preparación técnica ese “guía” acabó por proyectar en el serbio sus frustraciones de profesional del tenis no venido a más, pero cierto es que desde entonces, el rendimiento del serbio ha decaído. Esto no es malo si como efecto del trabajo Novak se diera cuenta de que ya no quiere ser tenista, pero sería un gran fracaso en el supuesto de que quisiera mejorarse como tal: por ponerse en mano de un ‘coach’ cualquiera uno no logra automáticamente mejorar competencias de alto rendimiento. Menos aún si trata con esos que basan el trabajo en discursos aduladores y condescendientes, donde la aceptación total e incondicional del todo, convierte el desapego de los resultados en una apatía por los mismos. Por eso Djokovic no se ha convertido todavía en alguien a la altura de Nadal y Federer y por eso afirma Becker que dejó de entrenar en los niveles que requiere el alto rendimiento.
Como ya dijo un compañero, Lucio Fernández, director de RSC y RRHH de Redyser, en una conferencia que tuve privilegio de asistir hace años, a esos niveles de liderazgo lo que marca la diferencia entre Nadal y Federer (y añadiría Djokovic) son los detalles. Y añadiría yo, los detalles psicológicos.
Nadal y Federer (y Djokovic) no son más que una demostración de lo importantes que son los detalles psicológicos en el ejercicio del Liderazgo y el Alto Rendimiento y de lo importante que es ponerse en manos de un buen profesional.





















