La tortuga en el palo
Unos padres centauros veían juguetear a su hijo. ¿Deberíamos decirle que tan solo es un mito?, se preguntaban. Y yo me pregunto, ¿deberíamos decir a este hombre que solo es una tortuga encima de un poste?. Es que no escarmienta, el tío. Ha perdido la brújula, el sentido común, el de la medida, y la vergüenza, y yo creo que piensa que si no encuentra la primera, ni falta que le hace, para qué leches quiere las demás. Ahora viene y declara ad micrófonum totus tuus, que en 2013 España va a crecer muy por encima de la media europea… ¿Y va a ser de golpe, maestro lama? Es que, para eso, hasta los más asnicos del redil saben que deberíamos empezar a notarlo ya mismo, y aquí lo único que se aprecia son más cierres de empresas, más paro, más parálisis social, más pobreza, y un BCE que lo que nos anuncia a la orejica de los burriciegos es que nuestro país va a entrar de nuevo en recesión como no trinquemos a la banca por los ‘cohones’ y no espabilemos nosotros y nuestra multiadministración de los mismos… Pero si el prodigioso estadista dice que en un par de años vamos a ser el asombro de Europa...
¡Ah!, ya sé… Aún no he dicho a quién me refiero… Pues, como cae en versus, aquel al que me refiero es al ínclito Zapatero. El que en el glorioso año 2013 del alzamiento económiconacional verá los toros desde la barrera y cobrando. Pero yo creo que, aún sin haberlo nombrado, ya lo sabían ustedes por lo sobrado. Y es que no hace ya ninguna falta. Cuando abre la boca, por lo que dice se sabe el que lo dice. Hasta los más lerdos del lugar lo adivinan sin mayor esfuerzo que la elemental y simple escucha.
Y es que corre un corrido por esas redes de Dios hecho ciberespacio, con una descripción de nuestro iluminado líder, sencillamente mervelleuse por lo ajustado a la realidad. Y cuenta que un pobre español le dice a otro español pobre que nuestro presidente es como una tortuga sobre un palo. Primero, no entiendes cómo ha ido a parar allí. Segundo, no puedes creer que esté allí. Tercero, sabes que no pudo hacerlo ella sola. Cuarto, sabes que no debe estar allí. Quinto, eres plenamente consciente que no va a resolver absolutamente nada mientras esté allí, subida al poste. Sexto, sabes que lo único sensato es que alguien la baje de allí. Y séptimo, asumes que si no pasas tal mensaje a todo el mundo, lo más probable es que la tontucia de la tortuga se quede allí, quietecica, recreándose con gesto autosuficiente de estar más alta que el palo que la sostiene, y sin saber qué coño hace allí subida. Aunque piense bajarse por la escalera de las primarias y empezar a poner tierra por medio tras el desaguisado del zapateado dado.
Ahora, saquen ustedes sus propias conclusiones. Hasta el momento, la tortuga encaramada al poste, cuando con su perezoso movimiento quiso reconocer y percatarse de la gravedad de la crisis, lo primero que hizo fue tapar la mierda de los sistemas financieros con el dinero de todos los españoles. Luego tiró lo que quedaba por el inodoro del plan E, tras regalarle al pópulus una bombilla por familia (y ya hablaremos de la estafa de la bombillita). Después le sube el IVA a ese mismo pópulus. Al final, acomete una reforma laboral tardía, insuficiente, chapucera y casposa recortando la ya recortada pensión pobre de los pobres pensionistas.
Ahora, reduce la velocidad en carretera para ver disminuir la gasofa y crecer las multas. Pero no acomete la reforma funcionarial, ni la sindical, ni la autonomial, ni la del bancal -que eso son los bancos- y que son las que hay que abordar para corregir las auténticas y verdaderas sangrías del sistema…
Por no hablar del sistema sanitario:
- Caballero, tiene usted la enfermedad de Zapter.
- ¿Y eso es grave, doctor?
- Aún no lo sabemos, señor Zapter…
¡Ah!, ya sé… Aún no he dicho a quién me refiero… Pues, como cae en versus, aquel al que me refiero es al ínclito Zapatero. El que en el glorioso año 2013 del alzamiento económiconacional verá los toros desde la barrera y cobrando. Pero yo creo que, aún sin haberlo nombrado, ya lo sabían ustedes por lo sobrado. Y es que no hace ya ninguna falta. Cuando abre la boca, por lo que dice se sabe el que lo dice. Hasta los más lerdos del lugar lo adivinan sin mayor esfuerzo que la elemental y simple escucha.
Y es que corre un corrido por esas redes de Dios hecho ciberespacio, con una descripción de nuestro iluminado líder, sencillamente mervelleuse por lo ajustado a la realidad. Y cuenta que un pobre español le dice a otro español pobre que nuestro presidente es como una tortuga sobre un palo. Primero, no entiendes cómo ha ido a parar allí. Segundo, no puedes creer que esté allí. Tercero, sabes que no pudo hacerlo ella sola. Cuarto, sabes que no debe estar allí. Quinto, eres plenamente consciente que no va a resolver absolutamente nada mientras esté allí, subida al poste. Sexto, sabes que lo único sensato es que alguien la baje de allí. Y séptimo, asumes que si no pasas tal mensaje a todo el mundo, lo más probable es que la tontucia de la tortuga se quede allí, quietecica, recreándose con gesto autosuficiente de estar más alta que el palo que la sostiene, y sin saber qué coño hace allí subida. Aunque piense bajarse por la escalera de las primarias y empezar a poner tierra por medio tras el desaguisado del zapateado dado.
Ahora, saquen ustedes sus propias conclusiones. Hasta el momento, la tortuga encaramada al poste, cuando con su perezoso movimiento quiso reconocer y percatarse de la gravedad de la crisis, lo primero que hizo fue tapar la mierda de los sistemas financieros con el dinero de todos los españoles. Luego tiró lo que quedaba por el inodoro del plan E, tras regalarle al pópulus una bombilla por familia (y ya hablaremos de la estafa de la bombillita). Después le sube el IVA a ese mismo pópulus. Al final, acomete una reforma laboral tardía, insuficiente, chapucera y casposa recortando la ya recortada pensión pobre de los pobres pensionistas.
Ahora, reduce la velocidad en carretera para ver disminuir la gasofa y crecer las multas. Pero no acomete la reforma funcionarial, ni la sindical, ni la autonomial, ni la del bancal -que eso son los bancos- y que son las que hay que abordar para corregir las auténticas y verdaderas sangrías del sistema…
Por no hablar del sistema sanitario:
- Caballero, tiene usted la enfermedad de Zapter.
- ¿Y eso es grave, doctor?
- Aún no lo sabemos, señor Zapter…




















