Lo que los emprendedores esperan de un inversor
El smart money está de moda y los emprendedores están pendientes de cuanta información al respecto puedan conseguir. Los expertos concluyen unánimemente que, si algo espera un emprendedor de un inversor es que no solo se limite a la aportación de capital, sino que sirva de ayuda a la compañía, gracias tanto a sus contactos como a su visión de los negocios.
Las firmas emergentes están de suerte pues año tras año, las vías de financiación van haciéndose cada vez más diversas, adaptándose a ellas. Los bancos ya no son su única alternativa y hoy pueden acudir tanto a la figura del business angel, a los fondos de capital riesgo, llamados venture capital así como a otras formas de financiación colectiva, las conocidas como crowdfunding o su modalidad crowdlending, o lo que es lo mismo, varios particulares o empresas que invierten en el mismo proyecto.
En este orden de cosas, el hecho de que existan tantas y tan variadas opciones, implica la necesidad de hacer un análisis profundo de sus características antes de tomar una determinación al respecto. La veteranía en la actividad o en el sector de la firma que seguro tiene el inversor, es un factor clave.
Las startups buscan compañía
Un valor muy considerado por parte de las startups es la capacidad de acompañamiento, más todavía si se trata de aquellas empresas cuyo desarrollo se halla en sus fases iniciales. Teniendo en cuenta que es muy probable que le queden aún por celebrar distintas rondas de financiación, el apoyo incondicional que le supondrá el inversor es inestimable.
En no pocas ocasiones, tal y como ocurre en el mundo anglosajón, esta tendencia a la que se ha denominado smart money, o dinero inteligente, trae consigo la asunción de parte del negocio por el inversor. Por este motivo, es primordial que los valores de ambos estén en la misma sintonía.
La búsqueda de inversores externos resulta fundamental
La etapa de la entidad es clave para el futuro éxito empresarial. Los emprendedores son conscientes de la dificultad que entraña encontrar personas que estén dispuestas a secundar un proyecto que, es posible que inicialmente, solo ellos vean claro.
Para sortear tal inconveniente, lo lógico es acudir en primer lugar a FFF’s: fools, friends and family, que es un término muy divertido que hace referencia a tontos, amigos y familia. O sea, aquellos que estarán dispuestos a apostar por nosotros cuando otros ni se lo planteen.
Momento que ese período esté superado es hora de ponerse a buscar la anhelada inversión exterior. Es el turno de las aceleradoras o incubadoras, así como de la redes de business angels.
Un error en el que no debe caerse es el de tratar que la financiación llegue de la mano de un fondo de venture capital, pues las muchas y duras condiciones que suelen poner lo desaconsejan, dado que están pensados para proyectos asentados y de envergadura.
Por el contrario, una buena idea pasa por recurrir a portales que pongan en contacto a empresas de reciente creación con inversores, a aceleradoras cuyos mentores son los que aportan el dinero o a plataformas de financiación participativa que intervienen en negocios en los que ven posibilidades de futuro.






















