Empresarios socialmente responsables
Yo creo que todo el mundo puede estar de acuerdo en que durante un largo periodo de nuestra historia reciente, e incluso en nuestros días, a la figura del empresario se le ha sometido, en términos generales y por ser suave, a bastante leña, y se ha querido dibujar un estereotipo de individuo que solo pensaba en la ganancia, sin sensibilidad social alguna, y probablemente un inculto. Una especie de rémora franquista y de sindicato vertical, alimentada por distintos focos. Y que en algunos casos no cabe duda de que podía ser verdad. Como podía ser verdad en mil y una profesiones o funciones. Pero hay una verdad incuestionable: el que crea riqueza y empleo no es el Estado, ni es el Estado el que sostiene el Estado de Bienestar (tal vez si el bienestar del Estado). Eso lo hacen los empresarios. Les guste a unos más y a otros menos, esto es así. Y es como debe ser.
Hace poco, en un acto organizado por la Cátedra Internacional de RSC de la UCAM, el Consejo Económico y Social, y una Mutua patronal, indicaba Víctor Meseguer –director de esa Cátedra– que “ la creación y el mantenimiento del empleo por parte de una empresa es de por si una contribución capital a la responsabilidad social empresarial. ”. Que, efectivamente, luego hay otra serie de compromisos y actitudes – aparte de los legalmente exigibles - que completan ese papel social de la empresa con sus empleados y su entorno, pero que el empresario, por el hecho de crear empleo y mantenerlo – que no es poco –, ya cumple y bien su parte del contrato social. Y tiene toda la razón.
Ayer jueves, en el desayuno organizado por Amefmur, Marian Cascales logró reunir a una potente representación del empresariado y ejecutivos de la Región, para escuchar a José María Albarracín, presidente de CROEM. Su intervención logró centrar –a mi juicio con brillantez, muy certero- los principales problemas y temas de la agenda económica de la Región, dejando para el final la petición de que se celebre el Día del Empresario, para reconocer su papel social, su responsabilidad y compromiso con la sociedad. Reivindicaba, el prestigio y la contribución al bienestar de los buenos empresarios.
Habrá malos y buenos empresarios, como hay buenos, malos y regulares, en todos los ámbitos y profesiones, pero no cabe duda de que se está abriendo paso una idea, un reconocimiento, a que empresarios socialmente responsables, nos están conduciendo a una economía socialmente responsable. Bien por propio convencimiento en la inmensa mayoría de los casos; bien porque la sociedad exige cada vez más que las empresas mantengan un compromiso social; porque los consumidores están castigando ya a empresas que realizan prácticas inapropiadas, por ejemplo, con mano de obra infantil. O bien porque los clientes premian que una empresa pequeña, mediana, grande, en la medida de sus posibilidades, en su cilindrada, desarrolle acciones de mecenazgo o una sencilla colaboración en causas o con colectivos sensibles.
Del mismo modo que años pasados las certificaciones ISO en distintos ámbitos primero eran una cosa rara, luego convenientes comercialmente, para pasar después a ser obligatorias legalmente del mismo modo, digo, llegará un momento, pronto, en que la certificación de empresa socialmente responsable no será un mero galardón, sino que será muy conveniente, y finalmente será legalmente exigible para contratar según que , por ej., con las administraciones públicas, o para ser proveedor de grandes empresas.
Y será una buena noticia, porque todos esos buenos empresarios de nuestra Región, los mismos para los que la patronal pide un Día (laborable, por supuesto), están ya preparados. Porque son empresarios = socialmente responsables. Si no, son otra cosa.





















