La batalla por el talento
¿Queremos un país con una economía competitiva o queremos que nuestros jóvenes tengan un trabajo? La pregunta es poderosa: sienta un ‘aut aut’ que marca el camino hacia una incompatibilidad entre esas dos opciones.
La batalla mundial por el talento está en marcha. Los países compiten por hacerse con mano de obra y mentes brillantes que contribuyan a afrontar con éxito los desafíos presentes y futuros de nuestra sociedad: sostenibilidad, medio ambiente, felicidad, acceso a la alimentación y al agua, explotación de recursos energéticos y naturales, curas de enfermedades nuevas y viejas, servicios a la ciudadanía, tecnología de la información aplicada a grandes masas, son algunos de ellos.
Y 25.000 jóvenes murcianos que ni estudian ni trabajan, según fuentes del Servicio Regional de Empleo, se han posicionado en esa batalla: consideran que no es su batalla. La Fremm, así como otros institutos y organizaciones que gestionan la formación con certificados de profesionalidad en esta Región, no logran llenar los cupos mínimos de alumnos para poner en marcha sus programas formativos.
Muchos se preguntan en qué estamos fallando por no lograr interesar a esos jóvenes con esa oferta: sería mejor preguntarse en que estamos acertando al lograr una generación de perfectos desmotivados. Otros simplemente echan la culpa a esos jóvenes por su escaso compromiso y responsabilidad, olvidado que son producto de un sistema educativo y de unos padres y familias que en grandes números son capaces de generar más fracasados que profesionales excelentes.
Y el problema para la competitividad y el liderazgo de nuestra economía es que con este “capital humano” nuestras industrias no van a ser punteras, nuestra economía no va a poder competir en las ligas de los grandes, salvo que se plantee incorporar talento desde fuera.
En la España del 2020 no cabe lugar para esa generación de españoles que ni estudiaron ni trabajaron para hacerse con un oficio claro. No cabe lugar para aquellas empresas que no incorporen talento de otros países.
El 'American First' de Trump traducido al español y aplicado a las políticas proteccionistas de empleo para los jóvenes de este país, puede convertirnos en una nación débil y con escaso nivel de crecimiento: porque si bien a muchos les escandaliza el fenómeno de la “fuga de talentos” al extranjero, debería iniciar a preocuparles más el gasto y el drama social que supone para el sistema español, la permanencia de los mediocres aferrados a su confortable miseria.





















