El liderazgo y la gestión del talento en la empresa 4.0
Muy reconfortado de que existen empresas para quienes la calidad del liderazgo es importante (no porque lo digan, sino porque invierten en ello), el pasado lunes impartí una sesión para 80 mandos y directivos de una multinacional española.
La conferencia perfilaba como va a evolucionar el concepto de Liderazgo en la Empresa 4.0 y representaba el
primer paso de un proyecto de colaboración que me llevará a estar muy vinculado a la firma en los próximos meses.
De los años 50 del siglo pasado a los tiempos actuales, hemos presenciado una evolución del concepto y del ejercicio del liderazgo, iniciando con los modelos autocráticos de era post-bélica de la segunda guerra mundial, basados en la disciplina y la firmeza, a los tecnocrática-paternalista de era industrial de los años ’70, basados en el rigor del conocimiento técnico, pasando por un liderazgo más participativo y volcado en las relaciones humanas, en los años 80 y 90, y llegando a un liderazgo inspirador y resiliente en la época de la crisis mundial de la primera década del 2000. Todo no trae en esta segunda década de los años 2010-2020 a un liderazgo populista basado en el clientelismo y en el intercambio de favores, señal de que se tuvo que viciar en algún momento ese intento de los años 80 y 90 en fomentar las relaciones humanas. Y se vició porque la tendencia general de quienes ejercen roles de líderes llegó en algún momento a considerar que la única manera de mantenerse al poder, en un mundo en el que el cambio se está haciendo cada vez más rápido, y por ende las posiciones de poder más difícil de sostener en el tiempo, es dar a los demás algo que les mantenga contentos y anclados a su zona de confort, dejándoles así lejos de representar una amenaza.
Pero todo esto va a cambiar: los cambios disruptivos de la integración del Big Data a la gestión en la empresa híper-conectada 4.0, provocará un progresivo automatismo no solo de las funciones básicas y mecánicas de una empresa, sino de la toma de decisiones parametrizadas y basadas en algoritmos. El ser humano dejará de ser imprescindible en los procesos decisionales, pero no por ello será menos necesario para que una empresa funcione y se mantenga en la excelencia: se crearán nuevos puestos de trabajo y, a mayor automatización, mayor necesidad de cuidar las relaciones y los detalles humanos.
La aportación de valor de las personas a las empresas se centrará en aquello que las máquinas y los algoritmos no podrán prever ni gestionar, es decir el amplio espectro de emociones humanas y la gestión de la impredecibilidad del comportamiento de las personas en las organizaciones.
Ante un escenario en que las máquinas se dedicarán a la labor operativa, los directivos y mandos se valorarán por su capacidad de mantener un ambiente de trabajo favorable y productivo, donde las personas quieran y deseen trabajar.
Para el 2020 se estima que el conocimiento de la humanidad se duplicará cada 73 días, rompiendo todos los pronósticos de la ley de Moore, que en los años ’60 vaticinaba que el conocimiento se duplicaría en el futuro cada dos años.
El reto de las empresas y de los profesionales 4.0 será manejar por tanto una aceleración del cambio considerada disruptiva, en la que la obsolescencia del conocimiento implicará una actualización constante y un carácter más perecedero de las decisiones que se tomen (y de los líderes que respondan de ellas).
La contribución humana a las organizaciones de trabajo verterá en mayor medida en la capacidad de ilusionar, generar ‘engagement’, arriesgarse para manejar la incertidumbre del cambio, y recuperarse tras decisiones equivocadas: en definitiva manejar emociones.
Los líderes serán gestores de emociones, más que de partidas presupuestarias, bienes o recursos materiales, que las maquinas demostrarán manejar mejor.
Y, como no, la comunicación interpersonal será (ya lo está siendo y a lo mejor siempre lo fue) el canal por el que manejar esas emociones.
A las empresas que quieran mantenerse competitivas, no les bastará tener a buenos gestores, sino necesitarán a personas que sepan comunicar y manejar emociones adecuadamente, y dispuestas a asumir responsabilidades.
Y ante un escenario de este tipo, también el liderazgo será más perecedero: la alternancia de personas al frente de situaciones y proyectos será inevitable porque cambiando las circunstancias, cambiará el perfil de la persona que esté en mejores condiciones y disponga de los mejores recursos y fortalezas para hacerle frente.
Pasaremos del liderazgo populista al liderazgo colectivo, según el cual el mando de la situación dejará de estar centrado en un individuos o cabeza visible de un área, departamento o empresa, para centrarse más en colectivos y equipos multidisciplinares, capaces de ofrecer personas adecuadas ante situaciones nuevas. A mayor diversidad de colectivos, mayor riqueza de opciones para hacer frente a los retos que ´las circunstancias supongan.
El liderazgo colectivo de hecho ya se está imponiendo gracias al Big Data: son los números ofrecidos por las masas y los grandes colectivos, lo que determina el destino, la prioridad y la cantidad de capitales a invertir en proyectos: en la empresa ya no es rentable tomar decisiones en base a la visión o la experiencia de un profesional que fue brillante en pasado, sino en base al rastreo de datos e información que todos aportan con su comportamiento y movimiento, registrado por los dispositivos tecnológicos que usan.
El liderazgo dejará de entenderse por tanto como una habilidad a desarrollar de manera directa por parte de una persona, sino que se convertirá en una propiedad emergente, resultante del querer hacer bien las cosas mediante la mejora continua (es decir la excelencia) por la comunicación y canalización adecuada de emociones.
Los nuevos líderes serán colectivos que logren una actitud de excelencia y sepan comunicar adecuadamente para hacer frente a una progresión del cambio que las personas, individualmente, ya no podrán afrontar de manera eficaz.
Me alegra observar que hay empresas en las que ya es una realidad la fórmula del liderazgo como propiedad emergente y colectiva:
Liderazgo = Excelencia x Comunicación Eficaz.





















