La Universidad de Murcia está enferma, sí, pero tiene cura
En los últimos años, la Universidad de Murcia se ha visto afectada por una terrible enfermedad que merma su fuerza como institución tanto educativa como de potencia política y que tiene como consecuencia la fuga constante del talento joven. Los que, como yo, somos alumnos activos de esta institución, nos preguntamos cuándo se empezará a aplicar un tratamiento real y no un placebo con aspecto de golpecitos en la espalda y de hashtags en las redes sociales como #transparencia #talento o #solidaridad.
Las causas de esta enfermedad -de cuyo nombre no quiero acordarme- radican en la sistematización del premio y halago a los miembros de principios más volátiles y menores conocimientos del medio en que actúan. Como resultado, los cargos decisivos quedan en manos de personas no preparadas para el papel que ocupan que a menudo toman decisiones y estrategias mortales para la institución.
Un ejemplo muy ilustrativo de estos síntomas es lo que a día de hoy sucede en las asociaciones de nuestra querida Universidad de Murcia. Hace escasos años, desde puntos muy concretos del Rectorado se inició una ardua campaña para derribar las asociaciones universitarias conformadas por estudiantes jóvenes, seguramente con la creencia de que su potencial político y económico puede ser usado en contra de la enfermedad y situar a otras personas en los cargos decisivos. Algo de razón no les falta.
Por poner unos ejemplos sacados de la propia experiencia, si un estudiante decide canalizar su energía en asociaciones universitarias e invertir su tiempo en la mejora de la Universidad de Murcia, siempre que actúe desde la integridad se encontrará hoy con que sus peticiones oficiales no tendrán respuesta, con que se le negarán subvenciones a las que tiene derecho sin explicación, con que se le cancelarán actividades sociales sin motivo y se le amenazará para que no las repita, con el miedo de que le roben la documentación de su entidad que confiadamente dejó bajo llave en su despacho, con el acoso por parte de vicerrectores, con propuestas de “acuerdos extraoficiales”, con amenazas a alumnos y con intentos de extorsión para que falsifique las cuentas de que es responsable. Todo ello a un estudiante que, en el mejor de los casos, ya casi ha llegado al límite de los 29 años y que, en el peor, apenas acaba de cumplir 18.
Pero, tranquilos, no prendamos fuego a Convalecencia, ¡LA ENFERMEDAD TIENE CURA!
Entre todas las células de este organismo que es la Universidad de Murcia quedan aún muchas células sanas, con los principios, el respeto y la honestidad intactos, y capaces de regenerar el cuerpo completo si fuera necesario. Incluso en las zonas más afectadas del organismo, como son los cargos políticos, hay miembros trabajando muy duro por erradicar cada célula enferma y cargar de energía limpia este cuerpo. Solo les hacen falta valor y apoyo real para poner en marcha el tratamiento.
Sin duda, hablamos de un tratamiento muy agresivo… Pero la alternativa es que cada día más jóvenes proactivos sigan huyendo de la Universidad de Murcia a otras instituciones y, a menudo, comunidades autónomas, en busca de escenarios sobre los que desplegar su potencial. O hacemos una limpieza profunda, o nos quedamos sin talento.






















