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Opinión |
Lunes, 19 de Marzo de 2012

Jugar a la reflación

El buen dato de ventas minoristas del martes 13, el buen resultado de los stress test de los Bancos americanos realizado por la FED y publicado también el martes 13, y la relajación de la eurozona tras la aprobación del segundo rescate griego, han transformado una semana que podía haber sido tranquila en una auténtica explosión alcista. El Dow, el Nasdaq, el S&P y nuestro Ibex subieron un 2,5% en la semana, el Dax un 4%, el Eurostoxx un 3,6%, y el Nikkei el 2%.
 
El apetito por las acciones se ha vuelto a instalar así en las Bolsas, y es sorprendente comparar el ambiente vivido esta semana con el pesimismo apocalíptico que se vivía en agosto o septiembre de 2011. El Dax está ya por encima de los niveles en los que empezó su espectacular desplome de agosto, y el S&P ha vuelto a estar por encima de los 1.400 puntos, nivel que no alcanzaba desde junio de 2008. Se ha pasado de la tragedia a la felicidad en pocos meses, si bien algunos índices, como nuestro Ibex, se han quedado rezagados.
 
Sin duda el punto de inflexión de la semana se produjo el martes 13, cuando el ya citado buen dato de ventas minoristas de febrero (retail sales) en EEUU disparó al alza el cierre de las Bolsas europeas, al romper el S&P la barrera de los 1.370 puntos contra la que había chocado en varias ocasiones anteriores. Más tarde, al cierre de la sesión americana, el anuncio de subida de dividendo de JPMorgan y el anuncio de que 15 Bancos americanos habían pasado el stress test de la FED disparó a las Bolsas americanas en vertical, cerrando ese día el Dow por encima del 13.000, el Nasdaq Composite por encima de los 3.000 y el S&P cerca de 1.400.
 
Una clave de este giro hacia las acciones es la llamada reflación de activos. A lo largo de la semana varias voces, entre ellas la de Nassim Taleb, el autor del "cisne negro", han advertido del peligro que la inflación futura encierra para los bonos dado el riesgo de una posible subida de tipos. La lectura general ahora, muy diferente a la del pasado verano, es que las acciones son un activo refugio frente a las posibles o ya casi seguras diluciones monetarias que provocarán los sucesivos QE y LTRO.
 
Fue Warren Buffet, una vez mas, quien empezó con este discurso en su carta a los accionistas de Berkshire Hathaway hace tres semanas, en la que apostaba decididamente por la inversión en acciones. Ahora otras voces, como la ya citada de Nassim Taleb, piensan que es mejor estar en acciones de calidad que en bonos. Se habla cada vez más del fin del bull market de los bonos. Un bull market que ha durado dos décadas y que había llevado los tipos de interés de los bonos del Tesoro americano y alemán a diez años al 1,8% el pasado septiembre, coincidiendo con los temores sobre una deflación. Desde entonces los tipos de los bonos del Tesoro americano han subido al 2,3% y los alemanes al 2,05%. Siguen siendo tipos de interés muy bajos, negativos en términos reales si descontamos la inflación. Tal vez por eso el Tesoro británico estudia emitir bonos a cien años, según ha anunciado esta semana, para aprovechar los tipos de interés bajos.
 
Y es precisamente esa situación de bajos tipos de interés y de sobrevaloración relativa de los bonos respecto a las acciones, la que alimenta el renovado apetito por la renta variable, tan extraño si lo consideramos bajo el prisma del pesimismo del pasado verano.
 
La idea es jugar a la reflación, lo que se llama el "reflation trade" es decir, a comprar activos reales, ya sean inmuebles o acciones, que se beneficien de un deterioro del valor de los activos monetarios. Es algo que ya se vio en los últimos meses de 2009, y también en diversos momentos de 2010 y 2011.
 
La duda es si esta vez, a diferencia de las veces anteriores, la estrategia va a funcionar más allá de un breve periodo. Honestamente, nadie lo podemos saber. Si se crea un círculo virtuoso, la estrategia pude funcionar, sobre todo si se piensa que los Bancos Centrales van a hacer todo lo que haga falta para reanimar a la economía, incluso cayendo en la más absoluta heterodoxia.
 
La ruptura de niveles técnicos importantes esta semana, como el 1.370 del S&P, invita a pensar que esta vez va en serio, y que podemos estar asistiendo al inicio de un nuevo mercado alcista. Sin embargo los bajos volúmenes y el hecho de muchos inversores estuviesen o bien fuera del mercado, o bien incluso cortos, nos hace ser precavidos con esa ruptura técnica. Otro hecho que impone cierta cautela es que no ha sido generalizada la participación de mercado en las alzas. Algunas Bolsas como la española se han quedado muy atrás mientras otras como la alemana se han disparado. Si miramos el Eurostoxx vemos valores como Repsol que baja un 20% en lo que va de año y por contra valores como Daimler o BMW que suben un 40% en el periodo. Sectores como las utilities o las telecos no han participado en el rally.
 
Hay que esperar por tanto un poco más para ver si de verdad se consolida el nuevo movimiento alcista, para lo cual haría falta un giro en los resultados empresariales y una ratificación de que la economía americana de verdad está ya lanzada y no se trata de algo coyuntural.
 
Hay que recordar asimismo que en las digestiones de crisis profundas vemos largos mercados laterales, con movimientos frecuentes al alza o a la baja de más del 40%, a veces muy bruscos con giros rápidos de sentimiento. Esto es precisamente lo que hemos visto en el Dax el pasado verano, a la baja, y estos últimos meses, al alza. La ruptura técnica puede ser, por tanto, engañosa.
 
Esta semana no hay datos importantes, salvo los PMI de la eurozona y de China, y tampoco hay muchas referencias empresariales, salvo algunos resultados como los de Oracle o Inditex. Es muy difícil saber sin la euforia desatada la semana anterior va a seguir o no. Por un lado está el nuevo apetito por el riesgo y el elevado número de inversores que se han quedado fuera, lo que daría continuidad a las alzas. Por otro lado, sin embargo, parece difícil que quedando todavía un enorme desapalancamiento por delante la economía y las Bolsas puedan iniciar un proceso alcista serio, desde niveles que son ya superiores a los previos a la crisis de agosto para las Bolsas más importantes. Niveles por tanto en los que las cotizaciones no están en general baratas.
 
A corto plazo no cabe sino ver qué camino toman los inversores, si el de realizar beneficios o el de apostar por una gran reflación. El sentido común nos impone cautela, pero a corto plazo no se puede luchar contra el mercado.
 
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