No hemos arreglado nada... Pinchando festejos
Entrados los exámenes tenemos ya un año de experiencias sobre cuál ha sido el resultado de la regulación de las fiestas universitarias por parte de la UM y la conclusión es que no se ha arreglado absolutamente nada. Si bien en un artículo anterior comentaba la solución a un problema histórico, visto que no todo el mundo es consciente del problema en sí haremos un poco de trayectoria para aterrizar en los sorprendentes resultados.
La cronología es simple. Hace 10 años las empresas pagaban por publicitarse en las fiestas, con ese dinero y algún empujoncito era fácil hacer puénting con los bomberos, paellas gigantes, regar de cerveza todo el acto o traer algún famosito. Buena gestión y un precio inmejorable… gratis. A muchas empresas les gustaba su marca cerca de la universidad dando una imagen joven y captando público publicitar su local o producto con una inversión mínima y un impacto máximo.
Con muy buen criterio, a un iluminado dijo: - Cobremos un euro por entrar, es un precio irrisorio, pero con 20.000 personas tendremos mucho dinero para que las fiestas sean una pasada.
Y así fue, primero con un euro, luego con tres y luego con cinco se pasó de unas fiestas a monte (y hay que reconocer que algo inseguras) a tener cuartos de baño aceptables, seguridad, ambulancias… Los alumnos movían grandes cantidades de dinero y que la contabilidad de todo cuadrara era un acto de fe. La naturaleza se autorregulaba y detrás de cada mal gestor nacían héroes que lo compensaban. No obstante, había un gran problema que, si o si necesitaba solución, y es que todo el dinero que se movía se hacía a título personal con el peligro que ello conlleva para el alumno organizador y su grupo.
La situación actual es la descrita en el artículo anterior, ahora la universidad vela y garantiza porque ningún drama del pasado vuelva a repetirse a costa de compartir responsabilidad e ingresos del festejo. ¿Seguro que vamos por buen camino?
Decidí acercarme por las fiestas de una facultad X para hablar con criterio y compré mi entrada en el punto de venta oficial. Me da igual que nadie en la fila fuera universitario porque esa no es la batalla de hoy; y me da igual que se pueda pagar en mano porque como las entradas van numeradas todo tiene que cuadrar… Lo que de verdad no logro entender es como, a parte del precio de la entrada que es muy superior al simbólico euro… ¡Por otro eurito más te podías llevar unas gafas y tres cervezas!
Me las llevé, por supuesto, ya que es una acción necesaria e inteligente, pero está fuera del sistema. Ahora bien, viajemos al futuro y pongamos a 15.000 alumnos que vayan, tirando por lo bajo, a 6 fiestas al año. Vamos a tener unos 100.000 euros dando vueltas otra vez sin control. ¿Hemos arreglado algo?
Devolvamos las fiestas a los alumnos que la gestión de todo esto conlleva unos tiempos, unos conflictos y nos costes que deberían estar invertidos en cuestiones académicas y no lúdicas. ¿De qué ha servido becar los últimos 10 años a alumnos para ir a la UIMP a aprender lo que hay que hacer y que luego no aplicarlo? Me niego a pensar que esto se haga mal únicamente por sacar cuatro duros porque está saliendo más caro el collar que el perro. Una asociación por cada patrón y si a alguna se le va la pinza se le suspende la condición de universitaria. Teniendo la sartén por el mango más de uno sigue queriendo cogerla por donde más quema.





















