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Opinión |
Viernes, 28 de Julio de 2017

Sendas en la comunicación

Las veredas y las conexiones están ahí. Gracias a ellas, a las que vemos, a las que construimos, a las que están pendientes, podemos avanzar poco a poco. Persigamos lo que portamos en el interior, y lo que está alrededor también. No desdeñemos nada. Busquemos la frontera entre la comunicación y su ausencia y demos con esos enclaves con los que nos anclaremos para cuanto sea preciso y menester. Sepamos seleccionar.

 

No seamos unos eternos aficionados y expongamos nuestros cuerpos un poco más señalando ese diseño que nos hace partícipes de la ilusión de los recién llegados a un proceso y de la experiencia por haber aprendido de aciertos y errores. Es bueno que ocurran ciertas cosas. Tenemos que pacificar nuestro interior con esas docencias que nos animan a no quedarnos en unos nidos que nos impiden evolucionar como nos gustaría.

 

Olvidemos las revoluciones que nos hacen suspirar por unos procedimientos que alientan a quienes viven en la prisa sin sopesar el valor de los cuentos e historias, de los mismos silencios, de los fracasos igualmente. No sólo valen los triunfos. En comunicación siempre se aprende más de aquello que hacemos mal que de aquello que realizamos bien, pues puede haber ocurrido el óptimo hacer por casualidad y que no veamos otra cosa que destellos en la actividad cotidiana.

 

Rastreemos por todas partes en pos de unos faros que nos sirvan de emplazamientos y de atalayas para tocar ese momento que será firme en la encrucijada de los acontecimientos que se suceden por doquier. No finjamos afectos, ni siquiera conocimientos que aparecerán cuando sea su momento. La credibilidad nos ha de venir de unos tropiezos continuados y de su asunción antes que de destacar los logros, si éstos se producen.

 

El esfuerzo será esencial para que salgamos hacia ese nuevo destino que tendrá muchas metas volantes con las que ir sumando puntos y aprendiendo de las posibilidades de cada tramo. Es el ciclo mismo de la vida, que se ha de entregar a las fantasías de unas preferentes posturas que nos hacen sanar casi a la fuerza. Miremos sin afán de victoria.

 

Cuando toca
Todo se presenta cuando es debido. Querer es la máxima para ser joviales, sin reclamar nada a cambio, dejando que las cosas fluyan con sus aspectos más lindos. Repongamos energía en la medida de lo posible, con humedades y recargos de finitud relativa. No juzguemos antes de lo conveniente, no sin tener las confirmaciones de ciertos rumores que pueden albergar intenciones torcidas.

 

Miremos el provecho común y no el particular. Todo lo grande posee impresiones de conjunto. Lo individual, salvo honrosas excepciones, no hace evolucionar al clan. Asumir roles mancomunados supone que todos tengamos conocimientos e informaciones de lo que acontece y de lo que se deriva de ello.

 

Seguro que las cosas van por el buen camino si nos afirmamos intelectual y espiritualmente por la senda de la amistad y de la ayuda. Lo que damos siempre revierte. En comunicación, más. Los candiles y los hitos que vayamos colocando servirán de referencia. De todos ellos podemos conseguir un aprendizaje que puede ser estructurado o fugaz en función de nuestras pretensiones. Al tiempo que nos movemos y viajamos, por favor, tengamos en cuenta la senda que utilizamos. Ésta condiciona mucho.

 

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