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Opinión | Mente sana, empresa sana
Viernes, 15 de Septiembre de 2017
Roberto Crobu

Knowmads: Los líderes de la cuarta revolución industrial

Knowmad (Wikipedia) es un neologismo que combina las palabras know (conocer, saber) y nomad (nómada) y que da cuenta del perfil del sujeto capaz de ser un nómada del conocimiento, pero incluye también en su terminación la palabra mad, que significa locura, concepto muy al caso, ya que alude a que muchas veces el currículo formativo y experiencial de un Knowmad parece no atender a lógica alguna. El término fue creado por John Moravec para referirse a los trabajadores nómadas del conocimiento y la innovación. Se caracteriza por ser innovador, imaginativo, creativo, capaz de trabajar en colaboración con casi cualquier persona, en cualquier momento y lugar. A un knowmad se le aprecia en el mercado no tanto por sus conocimientos (variados y dispares entre sí), sino por su capacidad de sacar partido a esos conocimientos mediante procesos inferenciales y heurísticos, para crear ideas innovadoras que aporten valor a una empresa, un colectivo o una comunidad. El Knowmad se cotiza por el resultado que aporta su talento a una sociedad en continuo cambio, siendo a la vez promotor e impulsor de esos cambios.  

 

Y los cambios son lo que lleva preocupados a muchos investigadores que estudian escenarios futuros del mercado laboral. Uno de ellos es Carl Benedikt Frey de la Universidad de Oxford, según el cual los avances tecnológicos y su progresiva implementación en la Industria 4.0, llevarán a la destrucción de un 47% de profesiones y puestos de trabajo. También Jeremy Rifkin (El Fin del Trabajo, Paidós 1997), hace veinte años, vaticinaba un futuro en el que dedicaremos cada vez menos tiempo al trabajo.

 

Las teorías y proyecciones tremendistas sobre el empleo siempre están de moda. Pero la realidad es que los avances tecnológicos, lejos de desplazar al empleo, siempre fueron portadores de grandes oportunidades, pese a implicar cambios incómodos, y en algunos casos radicales: pensemos a la máquina de coser de la primera revolución industrial o en los cajeros automáticos de los bancos, a finales del siglo pasado. En ambos casos se pensaba que iban a causar desempleo. Y en ambos casos las proyecciones tremendistas fueron desmentidas por los hechos.

 

Gracias a la máquina de coser, se pudo fabricar prendas en mayor cantidad y se abarató su precio de venta, haciendo que la compra fuera accesible a más personas: no se suprimieron puestos de trabajo, sino que la industria pudo emplear a una cadena de personas cada vez más especializadas,  con talento y formación variada. Esas personas entraron a desempeñar labores profesionales dentro de los procesos industriales que se generaron a partir de la producción en cadena y en masa. El empleo creció.

 

Según algunos ‘expertos’, los empleados de banca iban a desaparecer con el proliferar de cajeros automáticos en los años ‘90: sin embargo, gracias a los cajeros, el número de sucursales incrementó, así como el de los empleados bancarios. Entre el año 2000 y el 2010, el número de empleados bancarios, lejos de reducirse, incrementó pese a la crisis de 2008: la automatización de ciertas transacciones permitió liberar al personal de tareas rutinarias, facilitando crear otro tipo de servicios y transformando al personal administrativo en asesores comerciales que generaban beneficios directos y ofrecían servicios de valor añadido.

 

Según esta lógica, todo hace pensar que plataformas como Huber o AirBNB, lejos de generar desempleo, impulsarán cambios trascendentales en los servicios de transporte particular de personas y alojamiento. Ahora bien, los profesionales actualmente implicados en este tipo de actividades profesionales se sitúan en posiciones privilegiadas para liderar los cambios disruptivos que todo ello implica. Si al contrario de aprovechar esa oportunidad, la actitud se convierte en rechazo, entonces la crisis se cebará con muchos profesionales: pero no será por causa de la tecnología, sino por no haber querido aprovechar las oportunidades que la misma tecnología brinda. En definitiva, se perderá el trabajo no tanto por causa de la tecnología, sino por no abrazar el cambio y resistirse una actitud cómoda y conformista.   

 

Luchar contra el cambio y los avances tecnológicos es el primer paso para el fracaso posterior. La naturaleza nos lo demuestra a lo largo de la historia. La evolución de las especies se basa en una adaptación a los cambios por muy drásticos que se presenten.

 

El cambio no es una opción. Si no fluyes con él, y tratas de ir contracorriente, lo vas a tener difícil. Quien no se adapta y aprovecha los cambios, se extingue. Y en el mercado laboral esto sucederá con mayor frecuencia y velocidad para aquellos que no se conviertan en Knowmads.

 

Ser eficientes y productivos ya depende hoy en día de la manera en la que manejamos el cambio y la incertidumbre. La asunción del riesgo y la toma de decisiones derivada, pueden generar estados emocionales y creencias que se convierten en miedos y resistencias al cambio. Sin embargo, afrontar ese riesgo y aventurarnos hacia lo desconocido, parece más bien un paso necesario para lograr la excelencia en lo que hacemos.  

 

En la Industria 4.0, la actitud de resistencia al cambio puede limitar nuestro repertorio de comportamientos y las posibilidades de prosperar humana y profesionalmente. El talento será el activo principal  de las empresas para hacer frente a estos cambios, tal como ya demostraba Juan Carlos Cubeiro en el libro “Del Capitalismo al Talentismo (Alienta, 2012)”.   

 

Los estudiantes de hoy se están preparando a través de metodologías de ayer, para trabajos que todavía han de crearse. Es cierto que a día de hoy, nos resulta más difícil que nunca identificar qué aspectos tenemos que desarrollar para ser competitivos un mañana.

 

Los knowmads no son más que una de las expresiones demográficas indicadoras de cuál está siendo la estrategia de supervivencia más adaptativa de ser humano en este entorno VUCA, sino que nos adelanta hacia dónde se dirige el mercado laboral en la cuarta revolución industrial: la creación de valor basado en el talento, a partir de aspectos creativos que las máquinas (todavía) no van a poder hacer mejor que los seres humanos. 

 

@robcrobu

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