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Opinión |
Viernes, 29 de Septiembre de 2017

Miremos a los demás

Caminan por las aceras, conducen bicicletas y motos, llevan vehículos, algunos pesados, y seguramente tienen unas capacidades extraordinarias. El problema es que miran sin terminar de ver por prisas, por hastío, por dejadez, por negligencia, por mil motivos y por ninguno. La sociedad moderna de tanta comunicación produce incomunicación en los grandes asuntos cotidianos.


Hoy en día, circulamos usando al tiempo cualquier soporte, y andamos, de esta guisa, más pendientes de móviles, de “tablets”, de músicas y de experiencias narrativas en esta incesante sociedad de la información, con lo cual ignoramos a los compañeros de viaje, a los vecinos, a los que viven en nuestro entorno, en un planteamiento que tiene mucho de nihilismo, de dejar pasar.


La vida es eso que sucede mientras estamos en otra cosa, y, cuando nos damos, cuenta, se acabó el juego y el partido. Por eso conviene que tengamos presentes estas circunstancias relatadas, importantes o no, que todas lo serán en cierta medida, para entender y comprendernos al unísono.


Mirar las caras, asomarnos a los corazones, a las intenciones de los otros, a sus desvelos, a sus garantías o dudas, empezando por respetar para ser correspondidos en igualdad y fraternidad, son actitudes que nos reportan paz y justicia, anticipos de la alegría y de la felicidad a las que tenemos derecho.


Ceder el paso, ir a la velocidad adecuada, tener tiempo para ralentizar o parar y así percibir lo que acontece nos definen en esos aspectos humanos sin los cuales nada tiene sentido, ni siquiera los éxitos o la consecución de logros más o menos tangibles. En esta sociedad de superficialidades hemos de entregarnos, asimismo, a las profundidades que nos mantienen en el virtuoso equilibrio.


La desgana o el enfrentamiento, la acción negativa o la omisión de ciertos parámetros nos condicionan en términos que nos nublan la vista y nos hacen aceptar coyunturas que deberíamos apartar de nuestro lado. Todo lo relevante tiene que ver con lo humano. La convivencia entre hermanos desde la libertad, la paciencia y la tolerancia, con mejoras recíprocas, implica que seamos capaces de afrontar lo cotidiano desde una interpretación coherente y plena de contenidos afectuosos.


Singladura conveniente
Todo lo que sean prisas inertes, vacías, o conquistas a costa de los demás, esto es, de sus vidas, de su bienestar, es una pérdida existencial, de talento y de jovialidad. La gente emplea demasiado tiempo en ganar dinero, y demasiado dinero en reparar lo que se perdió con esta insana actitud que enunciamos. Al final es un círculo vicioso del que hemos de salir si queremos llevar a cabo una singladura conveniente.


Por ende, cuando caminemos, cuando circulemos, pensemos en los otros como en nosotros mismos, y algo mejorará. Obviamente, hay que referir composturas, pero, en paralelo, las hemos de efectuar, es decir, realizar, sin ser raudos, pero sin parar tampoco. Empecemos, desde el propósito de corrección, por mirar a los semblantes y, fundamentalmente, a los ojos. Nos ahorraremos incidentes y multiplicaremos la positividad. Solo el meditarlo contribuye a la transformación. Ahora debemos dar los pasos determinantes. ¡Adelante!

 

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