No hay límites en publicidad… ¿o sí?
Constantemente nos cuestionamos donde están las “líneas rojas” que no se deberían rebasar a la hora de realizar una campaña publicitaria, ya que de lo que transmitamos y, sobre todo, de cómo lo digamos, va a depender el éxito o fracaso de la comunicación.
Muchas agencias de publicidad y comunicación utilizan temas polémicos para la creación de campañas impactantes con el fin de llegar al máximo público posible y estar en boca de todo el mundo. Sin embargo, este tipo de mensajes pueden indignar a los receptores del mensaje, que en muchos casos pueden sentirse atacados por nuestra campaña.
En la actualidad, uno de los temas de debate más frecuentes son las polémicas campañas que ha realizado Netflix para promocionar sus diferentes series y películas en España. A finales del año pasado, ya empezaron a generar ruido con la promoción que hicieron en Madrid de la segunda temporada de su serie Narcos.
Aunque han realizado otra serie de campañas un tanto controvertidas en nuestro país, la imagen que volvió a colocar a Netflix en el punto de mira de todas las críticas fue la que utilizaron para anunciar en San Sebastián la nueva película “Fe de etarras”.
Como agencia de publicidad, tenemos muy claro que no todo vale en el mundo de la publicidad. Cualquier mensaje publicitario ha de seguir una serie de valores éticos de obligado cumplimiento. Por supuesto, toda publicidad ha de ser veraz y verificable, es fundamental que sea respetuosa y, en ningún caso, discriminar a nadie ni a nada. Hay que ser honorable y evitar la competencia desleal.
Pero lo cierto es que resulta muy complicado lograr que una campaña se ajuste a los “principios éticos” personales de todo el mundo, ya que entran en juego las susceptibilidades de la gente a la hora de interpretar los mensajes. Lo que para uno es genial, puede ser percibido como algo inaceptable para la sociedad.
Debemos reflexionar si es buena idea escoger temas controvertidos y utilizar la polémica para anunciar un producto o servicio determinado, si no queremos caer en el error de que hablen mal de nuestra marca, salvo que tu estrategia sea la de seguir la frase “que hablen de mí, aunque sea mal, pero que se pronuncie bien mi nombre”.
Ana Lentijo, ejecutiva de Cuentas





















