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Opinión |
Viernes, 17 de Noviembre de 2017

Compromiso

Si quieres ser feliz no pidas más de lo preciso. No olvides que “el hambre que no tiene hartura no es hambre pura”. Sigue tu camino en paz dejando el agua que no sea para ti, aquella que puede compartirse o saciar al resto del mundo, que tiene tanto derecho como tú. Intenta el equilibrio, y no por contentar a todos, sino para ser quien eres.

 

Compartamos los anhelos, incluso los que resulten más anecdóticos. Nos debemos a las pequeñas conquistas.  No protagonicemos vueltas inútiles sobre rocas de las que nada manará. Tomemos energía de las experiencias bellas, de las miradas de complicidad. Hay mucho.

 

Me dirijo a ti. Cruza las montañas lo mejor que puedas, y no tengas miedo de caerte. Forma parte de la diversión que, en principio, puede que no veas. Se flexible. La virtud no se obtiene por un único itinerario.

 

Calla sin otorgar cuando las condiciones te aboquen a la prudencia, pero no hagas de ésta una limitación para tu dicha, para crecer, para multiplicar los dones leales con los que se incrementa el alma y la sociedad al completo.

 

No litigues por vivir en un conflicto permanente. No es sano. Tampoco te detengas con los que no son capaces de verte como un igual. Listos hay a miles, o eso afirman, pero no siempre son los que se eligen a sí mismos como tales.  

 

Debes prometerte, asimismo, que te dejarás portar hasta el futuro. No te ancles en el pasado. Vivir es otear el horizonte. Nos vale la experiencia, sí, pero tengamos en consideración que no hay dos líquidos iguales de los que beber. Ahondemos en las ópticas salubres.

 

En juego, la felicidad

Los terremotos ponen en cuestión lo que somos, y nos hacen atender las prioridades. Si vienen, hagamos el esfuerzo de optar por lo esencial. No obstante, apreciemos qué hacer sin que sucedan. Hay que estar preparados.

 

Un punto principal: si prometemos algo hemos de cumplirlo. Las elucubraciones nos endulzan y apasionan, mas hemos de pasar por los distintos grados para, al menos, procurar llegar a las metas. Sin ellas, sin esbozarlas, no somos nada.

 

Recordemos, en paralelo, que las concentraciones excesivas de poder y de dinero suponen distancias, dolor y desniveles que nunca se justifican ni explican cuando en juego está la jovialidad del Planeta.

 

Persigamos únicamente lo que nos aporte naturalidad. No dominemos los espacios, que éstos son para todos. Además, es bueno que lo sean. No nos atosiguemos con eventos que no ocurrirán, o, cuando se fragüen, que puedan ser infructuosos.  Mesuremos.

 

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